¿Prohibir o no prohibir? La pregunta llega demasiado tarde
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El avance de Alternativa para Alemania (AfD) ha reavivado en Alemania un debate que trasciende los resultados electorales: ¿qué puede y debe hacer una democracia para contener a la extrema derecha? El cordón sanitario ha impedido hasta ahora la participación de AfD en gobiernos, pero no ha frenado su crecimiento electoral. Tampoco bastan el endurecimiento de las políticas del centro ni reabrir de inmediato la discusión sobre su prohibición. El presidente federal, Frank-Walter Steinmeier, ha subrayado los límites de esas medidas: los cercos políticos son una señal, no una garantía, y pidió responsabilidad tanto a la centroderecha —para mantener la frontera con la extrema derecha— como a la centroizquierda —para no etiquetar como «extrema» cualquier posición incómoda, sobre todo en inmigración y seguridad. El reto es cómo contener a AfD sin cederle los temas que le dan apoyo.
Durante una visita al este de Alemania, Friedrich Merz fue recibido con insultos y reproches de votantes descontentos con la CDU, lo que ejemplifica la distancia creciente entre parte del electorado y la dirección del partido.
Ese clima política es el telón de fondo de las elecciones en Sajonia-Anhalt. Las encuestas sitúan a AfD cerca del 41%, casi 20 puntos por delante de la CDU, que aparece con el 23%. Die Linke ronda el 12% y el SPD el 9%. Los Verdes, en torno al 6%, se juegan seguir presentes en el Parlamento regional, mientras que la nueva agrupación BSW y el FDP quedarían fuera según las proyecciones.
Sajonia-Anhalt, con 2,1 millones de habitantes, podría provocar un impacto nacional y un revés para la CDU, que gobierna la región desde 2002. Si AfD confirma las previsiones, el partido de extrema derecha consolidaría un ascenso que en algunos lugares duplica sus resultados de 2021.
El canciller ha sido una presencia contenida en la campaña, y en algunos actos ha evitado el contacto masivo con el público. Su mensaje principal ha sido económico: alertar sobre la pérdida de inversiones y puestos de trabajo si AfD accede al poder en el Land.
En paralelo, candidatos federales y locales han tratado de marcar perfiles propios. AfD, en contraste, ha mostrado unidad: sus líderes locales y nacionales han encabezado juntos la campaña.
Con sondeos favorables, la pregunta ya no es quién ganará, sino si AfD puede transformar una victoria en control efectivo del gobierno regional. Dado que ningún partido proclama colaborar con AfD, el único modo para que gobierne sería lograr mayoría absoluta de escaños.
La barrera electoral del 5% es decisiva: los votos de partidos que no la superen se desperdician, y cuantos más sean, menos porcentajes necesita AfD para alcanzar la mayoría absoluta. Aunque compiten quince formaciones, solo AfD, CDU, Die Linke y SPD parecen claramente por encima del umbral; Verdes, BSW y FDP están en la franja crítica.
BSW es la excepción: defiende que no se excluya a AfD
BSW, creada por Sahra Wagenknecht, rompe con el cordón sanitario: su fundadora critica el aislamiento de AfD y plantea que no debe descartarse la cooperación con ella en temas concretos. La candidata regional de BSW argumenta que no se puede excluir automáticamente a una formación que representa a una gran parte del electorado.
Los Verdes también se han visto atrapados por la campaña: la polémica sobre el pasado de una persona cercana a su candidata ha resucitado discusiones que afectan directamente a sus opciones de superar el 5% y, por tanto, al reparto final de escaños. Ese tipo de controversias menores pueden tener consecuencias mayores sobre si AfD alcanza o no la mayoría.
Si AfD logra mayoría, su candidato Ulrich Siegmund sería previsiblemente el primer ministro-presidente del partido en Alemania, con capacidad para gobernar sin socios durante cinco años. Si no la consigue, la salida exige alianzas complejas y frágiles para mantener a AfD fuera del poder.
Para frenar a la ultraderecha aparece una alianza poco estable
La CDU mantiene incompatibilidades con AfD y con Die Linke, pero las matemáticas electorales pueden dejarla sin una alternativa estable que no dependa de apoyos inesperados. Una coalición CDU-SPD no suma por sí sola, y la incorporación de los Verdes tampoco garantiza la mayoría. Si BSW queda fuera, se reduce todavía más el margen de maniobra.
Se baraja un escenario complejo: un Gobierno en minoría de la CDU tolerado por Die Linke. Aunque la CDU rechaza una coalición formal con la izquierda, algunos responsables no descartan aceptar sus votos para investir un gobierno. La dirección de Die Linke dice que hará lo necesario para impedir que AfD gobierne, pero su apoyo tendría condiciones. Un Ejecutivo minoritario, además, tendría que negociar cada presupuesto y ley, con el riesgo constante de bloqueo.
El precedente reciente es Turingia, donde tras la victoria de AfD en 2024 acabó gobernando un democristiano gracias a un arreglo de respaldos sin mayorías claras. Esa experiencia sirve ahora como referencia, aunque Sajonia-Anhalt podría plantear dificultades aún mayores. Dentro de la CDU hay debate sobre la estrategia: algunos opinan que si AfD gana, su líder debe intentar formar gobierno; otros, como Schulze y Merz, prefieren que la CDU intente gobernar aunque quede muy por detrás del vencedor.
Las posiciones entre CDU y AfD se han invertido en cinco años
La evolución en Sajonia-Anhalt no es súbita: en 2021 la CDU obtuvo el 37,1% y AfD el 20,8%. En cinco años esas posiciones se han intercambiado, en parte por factores estructurales del Land —envejecimiento, despoblación y desconfianza institucional— que históricamente favorecen a la extrema derecha. AfD no ha surgido de la nada: partidos de extrema derecha ya habían logrado representación regional décadas atrás.
Alemania ha probado diversas respuestas: el cordón sanitario, la vigilancia de algunas estructuras del partido por los servicios de protección de la Constitución —la organización de Sajonia-Anhalt figura desde 2023 como extremista de derecha acreditada— y el endurecimiento de políticas migratorias por parte de partidos centrales. Ninguna de esas medidas ha logrado frenar completamente su crecimiento.
Steinmeier ha recordado los límites del recurso a la prohibición: esta existe como último recurso en una democracia que puede vigilar a los extremistas y perseguir sus delitos, pero no sustituye la decisión de los votantes. «Los cortafuegos son una señal, pero no una garantía», dijo, y señaló que lo crucial es cuán persuasivo y firme sea el discurso del centro.
Además, pidió prudencia a la centroizquierda para no despreciar o criminalizar de forma genérica posiciones que resulten incómodas, porque eso puede acabar cediendo a la extrema derecha la agenda en asuntos sensibles como inmigración y seguridad. En la recta final de la campaña reapareció el debate sobre prohibir AfD, pero Steinmeier ya había advertido de que esa no es la cuestión central: el Estado puede vigilar y, en última instancia, pedir la prohibición a los tribunales, pero no puede sustituir el veredicto de los electores.
Hoy, en Sajonia-Anhalt, alrededor de cuatro de cada diez electores podrían votar a AfD según las encuestas. Como dijo Steinmeier: los cortafuegos son una señal. No una garantía.

