19 de agosto de 2026
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Guerrillas atacan al nuevo presidente De la Espriella

Guerrillas atacan al nuevo presidente De la Espriella

Un cilindro cargado con explosivos, marcado con las siglas FARC, permanecía en medio de la carretera, acompañado de carteles junto a la vía. Uno de ellos decía: “61 años de digna lucha. Bloque comandante Jorge Suárez Briceño. FARC-EP”.

“Y sigue ahí, una semana después, testimonio palpable de la realidad que vivimos en estos territorios”, explica a EL MUNDO un agricultor de la zona, que relata el cansancio por la presencia y la presión de los grupos armados.

El incidente ocurrió el miércoles 12, dos días después del terremoto que afectó a 448 municipios de Colombia. Ese día, unidades de la Novena Brigada del Ejército acudieron al llamado de vecinos de Argelia, en el departamento del Huila, para retirar el artefacto.

No se detectó que el artefacto fuera un señuelo: se trató de una emboscada atribuida a las FARC del alias Calarcá. En el ataque fallecieron dos soldados y otros diez resultaron heridos.

Cuatro días después, en Ábrego (Norte de Santander), el ELN atacó con drones, provocando la muerte de un militar y heridas a cinco más. Mientras se atendía a los heridos en el hospital local, los aparatos no tripulados sobrevolaron el centro, en un gesto de intimidación hacia el personal sanitario.

En uno de los videos difundidos por testigos se escucha a una enfermera rezar: “Tú eres grande, Señor. Padre amado, Señor, Padre nuestro. Señor, tú eres grande. Señor, padre amado, mete tu mano. Aléjalo, Señor, aleja toda esa maldad”.

La intervención de aeronaves militares disuadió el sobrevuelo de los drones. Unas 48 horas después y a pocos kilómetros de Ábrego, en la carretera entre Cúcuta y Ocaña, la misma agrupación armada secuestró a tres agentes de la DIJIN (Dirección de Investigación Criminal e Interpol).

Esta sucesión de ataques ilustra que los grupos armados continúan perpetrando asesinatos, secuestros y extorsiones, en medio de una crisis multidimensional en Colombia.

Los hechos también colocan en el foco de la violencia al nuevo presidente, Abelardo de la Espriella, quien hizo del combate a la criminalidad con mano dura una de sus principales propuestas y descartó la continuidad de la política de “Paz Total” impulsada por su antecesor.

Las organizaciones armadas se enfrentan, además, a unas fuerzas militares debilitadas por años de recortes y limitaciones en inteligencia y equipos, con un déficit presupuestario significativo.

Para recuperar capacidad operativa, el gobierno de De la Espriella incorporó a Colombia al Escudo de las Américas, iniciativa que busca coordinar esfuerzos contra el narcoterrorismo y en la que ya participa Ecuador, aliado relevante por la frontera común. Asimismo autorizó una cooperación más directa con Estados Unidos, según declaraciones recientes del jefe del Pentágono, Pete Hegseth.

Hegseth afirmó que “Bogotá ya ha solicitado que el Departamento de Guerra se una a Colombia en su lucha contra el narcoterrorismo, autorizando operaciones militares conjuntas para destruir a los terroristas y las redes del terror”. Paralelamente, la Casa Blanca anunció una ayuda de mil millones de dólares para seguridad, coincidiendo con la toma de posesión de De la Espriella.

El analista militar y coronel retirado Luis Alberto Villamarín considera poco probable la presencia de marines estadounidenses en operaciones abiertas en Colombia, por restricciones constitucionales y porque la oposición exigiría transparencia absoluta. Señala que las fuerzas colombianas cuentan con capacitación y experiencia, pero carecen de equipos técnicos e inteligencia que suele proveer EE. UU.

Villamarín aconseja que Colombia y Ecuador realicen operaciones conjuntas, tanto en la frontera como en el mar, contra los cárteles y las redes del narcoterrorismo, en especial contra grupos que operan en zonas limítrofes.

En el extremo nororiental del país, la confrontación con el ELN exige medidas similares, dado que ese grupo actúa con libertad en amplias zonas de la frontera con Venezuela y mantiene vínculos con el chavismo, según observadores.

Villamarín añade que no se puede contar con el apoyo de Caracas debido a la continuidad en el poder de las mismas estructuras que considera problemáticas. Por ello, apuesta por incrementar la acción militar colombiana y operaciones especiales de inteligencia más allá de la frontera.

Según el analista, Estados Unidos ya dispone de personal de la CIA y otras agencias en Venezuela y es posible que se produzcan incursiones encubiertas con participación de agencias estadounidenses, aunque, en su opinión, estas acciones tendrían carácter secreto.

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