20 de agosto de 2026
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Haidian, fábrica de élites chinas

Haidian, fábrica de élites chinas

A primera hora, los jubilados practican taichí bajo los sauces junto a un gran lago con un puente arqueado adornado por 544 leones de piedra. Ese paseo conduce al Palacio de Verano, la antigua residencia de recreo de los emperadores de la dinastía Qing y uno de los monumentos más conocidos de Pekín. Muy cerca, los pasillos de la Universidad de Pekín y de Tsinghua se llenan de estudiantes.

En el mismo barrio, miles de ingenieros con sudaderas y portátiles acuden a las sedes de gigantes tecnológicos como ByteDance y Lenovo. También, tras altos muros y controles de acceso estrictos, se encuentra el campus donde se forman quienes dirigirán la segunda potencia mundial: la Escuela Central del Partido Comunista.

Pocos lugares en China concentran tanto poder potencial en tan pocos kilómetros cuadrados. Haidian, al noreste de Pekín, reúne el centro principal de formación política, las universidades que nutren a la tecnocracia china, numerosos institutos de investigación estatales y uno de los mayores ecosistemas de innovación tecnológica del país. Es un espacio donde se cruzan ideología, ciencia e inteligencia artificial y donde se moldea la élite que gobernará el país en las próximas décadas.

Desde finales de los años 80, el Partido Comunista ha convertido Haidian en una gran cadena de producción de talento. Primero selecciona a los mejores estudiantes mediante el exigente gaokao, el examen nacional de acceso universitario. Muchos ingresan en la Universidad de Pekín y en Tsinghua, que actúan como viveros de ingenieros, economistas, científicos y futuros altos cargos. Los más prometedores acaban en la Escuela Central del Partido.

Fundada en 1933 durante los años de la base revolucionaria, la institución nació como centro marxista y se instaló en la capital tras la proclamación de la República Popular en 1949. Hoy es la punta de una red de más de 2.700 centros repartidos por todo el país.

No es una academia dedicada únicamente a repetir consignas marxistas. La ideología mantiene un papel central, pero el programa incluye también economía, finanzas públicas, relaciones internacionales, innovación tecnológica, inteligencia artificial y gestión de crisis. El objetivo es formar administradores capaces de gobernar un país de más de 1.400 millones de habitantes.

Analistas señalan que la doctrina enseñada en la Escuela Central responde a una preocupación concreta del liderazgo: garantizar que el Partido Comunista siga gobernando sin fracturas internas o externas. Bajo el Gobierno actual, el campus se ha convertido en el principal vehículo para difundir la ideología de Xi Jinping, en particular el llamado “Pensamiento de Xi Jinping sobre la construcción del Partido”, que se presenta como una hoja de ruta para reforzar la disciplina interna y proteger al régimen frente a la corrupción.

«La capacidad de gobernar es la principal competitividad del Partido», ha dicho en varias ocasiones Zhu Lijia, profesor de la escuela, resumiento una visión compartida por la élite política: el Partido debe formar dirigentes capaces de administrar una superpotencia y, al mismo tiempo, asegurar su propia supervivencia.

En la misma línea, Jiang Shigong, intelectual influyente cercano a Xi y profesor de la Universidad de Pekín, afirma que la prioridad actual es construir un Estado fuerte bajo un liderazgo unificado del Partido. Según él, la estabilidad política es condición necesaria para mantener el desarrollo económico y la proyección internacional de China.

La importancia política de la institución quedó de nuevo patente antes del verano con el nombramiento de Cai Qi como presidente de la Escuela. Cai, quinto en la jerarquía del Partido, miembro del Comité Permanente del Politburó y considerado el jefe de gabinete de Xi Jinping, pasa ahora a supervisar también la formación de las futuras generaciones de dirigentes.

La decisión refuerza aún más su posición como uno de los colaboradores más cercanos del presidente y concentra en una sola figura funciones organizativas, administrativas e ideológicas poco habituales. No es un detalle menor: tanto el ex presidente Hu Jintao como el propio Xi ocuparon este cargo antes de llegar a la máxima responsabilidad.

Pero Haidian no forma solo políticos. A pocos minutos se halla Zhongguancun, el barrio donde surgieron varios gigantes tecnológicos. Allí, los laboratorios universitarios colaboran con empresas privadas, fondos estatales y organismos gubernamentales en ámbitos que van desde los semiconductores hasta la computación cuántica. Para Pekín, la innovación y la seguridad nacional están estrechamente vinculadas.

La cercanía física refleja la visión estratégica del liderazgo: los ingenieros que diseñan algoritmos de IA, los investigadores de nuevas tecnologías, los docentes que forman a la élite científica y los cuadros políticos encargados de gobernar comparten cafeterías, estaciones de metro y avenidas arboladas. Todos integran un mismo ecosistema pensado para alimentar el proyecto nacional impulsado por Xi Jinping.

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