León XIV llegó este domingo a Argentina en una visita cuyo objetivo es, en parte, saldar dos ausencias: la de Francisco, que en sus doce años de pontificado no llegó a visitar su país, y la de la Iglesia, que llevaba 39 años sin enviar un Papa a una de las naciones con mayor número de fieles. También está prevista una reunión con el presidente argentino.
“Vengo con alegría a cumplir el viaje que Francisco no pudo”, dijo León XIV a los 83 periodistas que viajan con él. La gira, que incluyó Uruguay como primera escala, terminará en Perú, país con el que el pontífice mantiene fuertes vínculos personales y donde también tiene nacionalidad, además de la estadounidense de origen.
Que Jorge Bergoglio no hubiera regresado a Argentina entre 2013 y 2025 —mientras ejercía como Papa según la tradición católica— es una anomalía que llamó la atención. Bergoglio retrasó varias veces el viaje por la sensibilidad y el desgaste que le generaban las circunstancias políticas del país, hasta que murió en abril de 2025, privando a los argentinos de verlo y escucharlo en persona.
El último pontífice que visitó Argentina fue Juan Pablo II, en 1987, cuando el país afrontaba la consolidación de la democracia recuperada en 1983. En esta ocasión, la visita se produce en un contexto político muy diferente: el Gobierno actual, liderado por Javier Milei, representa un experimento político con un perfil ultraliberal.
La atención pública en Argentina se centrará en si León XIV abordará la compleja situación económica y social del país. La agenda incluye la Basílica de Luján, a 70 kilómetros de Buenos Aires, y la provincia de Córdoba, a 800 kilómetros de la capital. Fuentes de la Casa Rosada señalaron a EL MUNDO que, aunque la visita es “eminentemente pastoral” y no pretende interferir en la política local, es plausible que el Papa hable sobre la pobreza, un asunto central del Evangelio, sin que ello deba interpretarse necesariamente como un mensaje dirigido al presidente.
La relación entre Milei y Francisco ha sido tensa: durante la campaña, Milei llegó a calificar a Bergoglio con términos muy duros y empleó insultos de fuerte tono, aunque después, ya en el poder, se presentó en el Vaticano para pedirle perdón a su compatriota.
Según contó el propio Milei, la respuesta del Papa fue: “No te calientes, todos hacemos boludeces de chicos”.
El Gobierno argentino subrayó que la visita fue posible gracias a “una invitación oficial del jefe de Estado”.
“Si no, no vendría. Y nosotros no contestamos nunca públicamente a los mensajes críticos de ciertos representantes de la Iglesia argentina. Lo cierto es que el Papa decidió venir con este presidente, cuando podría haber esperado hasta 2028 [tras las elecciones presidenciales de 2027]”, añadieron fuentes oficiales.
La oposición, por su parte, seguirá con atención cada palabra del Papa, figura conocida por su defensa de los más desfavorecidos y por sus enfrentamientos con líderes como Donald Trump; su discurso difícilmente encaja con la visión social de Milei. A diferencia de Uruguay, país laico donde la recepción fue más austera, se espera una masiva concurrencia durante los cuatro días que el pontífice permanecerá en Argentina.

