26 de octubre de 2026
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Lorent Saleh: Machado devuelve el protagonismo ciudadano

Lorent Saleh: Machado devuelve el protagonismo ciudadano

La historia de Lorent Saleh (San Cristóbal, 1988) es uno de los episodios más duros del periodo chavista. Fundador de la ONG Operación Libertad, pasó más de cuatro años en prisiones del régimen, primero en La Tumba y luego en El Helicoide. En 2017 recibió el Premio Sájarov. Desde su exilio sigue vinculado a la defensa de los derechos humanos y, desde esa posición, valora el regreso de María Corina Machado y sus posibles efectos sobre el futuro del país.

¿Qué significa para Venezuela que Machado haya vuelto?
Su regreso tiene un valor político y simbólico claro: trae de nuevo a la escena una voz opositora relevante y visibiliza la posibilidad de que dirigentes exiliados retornen. Eso puede contribuir a que la conversación sobre el futuro de Venezuela vuelva a poner a la ciudadanía en el centro, en lugar de limitarse a negociaciones cerradas. Sin embargo, la presencia de un líder no equivale por sí sola a una reforma institucional: lo fundamental es que todos los venezolanos puedan participar y vivir en el país sin miedo ni persecuciones.

Como venezolano exiliado, ¿cree que este gesto devuelve la esperanza a la diáspora?
El gesto tiene un fuerte componente simbólico para quienes estamos fuera: representa la posibilidad de volver. Pero la esperanza real dependerá de que se normalice la libertad de circulación y el derecho a regresar para cualquier ciudadano, no solo para figuras públicas. El exilio ha dejado una huella profunda y lo que hace falta es seguridad y garantías para que millones puedan volver sin temor.

¿Cree que va a cambiar la situación de estancamiento en la que se encuentra el proceso de transición?
La llegada de María Corina puede mover el escenario político, porque su presencia en el territorio moviliza de forma distinta a la comunicación a distancia. Aun así, para que haya un avance real no basta con actos o discursos: es imprescindible restaurar la independencia judicial, desmontar los mecanismos represivos, liberar a los presos políticos y recuperar las libertades necesarias para organizar elecciones libres y verificables. Su incorporación añade una voz que hasta ahora ha estado ausente en algunas negociaciones y representa a un sector importante de la sociedad.

Todavía no se conocen todos los detalles del regreso, pero ¿cree que ha sido vital el papel de EEUU?
Hay que distinguir entre la influencia que Estados Unidos ha tenido en la dinámica política venezolana en los últimos tiempos y la atribución directa de una operación concreta a Washington. Es indudable que EE. UU. ha sido un actor relevante en la región, pero no hay información pública y verificada suficiente para afirmar que organizó o facilitó de manera directa este retorno. Además, la política estadounidense persigue intereses estratégicos y energéticos que no siempre coinciden punto por punto con las prioridades democráticas de los venezolanos.

¿Qué otros países de la región cree que han podido colaborar?
Países como Colombia y Panamá aparecen de manera natural en cualquier análisis por su proximidad y papel regional, pero identificar interlocutores potenciales no equivale a probar su participación. Lo importante es que la región comprenda que facilitar el regreso de exiliados no debe ser una excepción negociada: la libertad de movimiento, el derecho a regresar y las garantías para la actividad política deberían aplicarse a todos los venezolanos.

¿Y cómo se lo tomará el chavismo de los Rodríguez?
El retorno obliga al poder chavista a definir hasta dónde está dispuesto a permitir una apertura política real. Más que especular sobre reacciones personales, lo que importa es observar decisiones concretas: las garantías que se concedan para la actividad política de María Corina, el trato a sus seguidores, la situación de los presos políticos y la disposición del Gobierno a establecer un calendario electoral creíble.

Usted que viajó a Venezuela después de la salida de Maduro, ¿cómo se encontró el país?
Volví a Venezuela para participar en labores humanitarias tras los terremotos y viví una experiencia intensa. Encontré un país en contradicción: la salida de Maduro había cambiado el panorama político, pero las consecuencias de años de deterioro institucional y precariedad seguían muy presentes, además del daño reciente causado por el sismo. No era una situación resuelta, pero tampoco una ausencia total de futuro; había desafíos importantes por delante.

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