16 de septiembre de 2026
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Rusia y Ucrania empujan el conflicto hacia la Edad de Piedra

Unos residentes pasan junto a un centro de la empresa Nova Poshta, atacado con misiles balísticos rusos en Kiev.

Tatiana dejó de hablar al escuchar las primeras ráfagas de ametralladora después de que sonara una nueva alerta aérea. Uno de los drones rusos a reacción conocidos como “Geranios” se acercaba al distrito capitalino de Holoiivskyi.

La mujer buscó refugio rápidamente mientras dos cohetes de defensa intentaban derribar el dron, sin éxito: la velocidad del aparato superó a los interceptores. Uno de los misiles explotó en el aire y segundos después se oyó una detonación a distancia, al impactar el drone en otro barrio.

No eran las 10 de la mañana y la vigilante de 60 años ya había vivido dos alarmas: a las 8:00 otro UAV del mismo modelo se estrelló contra la gasolinera de enfrente, provocando un incendio en el techo de la estación.

Una hora después los bomberos habían controlado el fuego. “La explosión se oyó desde el metro. Ayer tuvimos un entrenamiento: al sonar la alarma debemos abandonar el puesto y refugiarnos en el metro”, explicó Oleksandr Nochshevsky, empleado de un centro médico contiguo.

La charla se interrumpió de nuevo cuando los altavoces volvieron a anunciar otra alerta. Compañeras que acababan de regresar a la oficina salieron corriendo, visiblemente asustadas.

En redes sociales proliferaron avisos: “¡Abandonen las gasolineras y los centros comerciales! ¡Los drones están entrando en la ciudad!” y señales sobre las localizaciones donde se detectaban los aparatos rusos.

“Es puro terror”, dijo Nochshevsky antes de dirigirse al subterráneo.

Así despertó Kiev en una nueva jornada de la ofensiva aérea que Moscú mantiene contra la capital, caracterizada por ataques continuos con sus drones a reacción de última generación, los llamados “Geran” o Geranios.

La expansión de ataques con “Geranios”

La ola de UAV de esa jornada dejó al menos un muerto y casi una docena de heridos. Los bombardeos siguieron al día siguiente, sin dar respiro a la capital.

La táctica de Moscú ha variado respecto al verano: ya no emplea únicamente asaltos masivos espaciados, sino incursiones casi diarias con menos aparatos, mayor uso de misiles balísticos y un incremento notable de drones a reacción cuya velocidad supera la capacidad de la defensa aérea local.

La escalada se intensificó desde junio: si entonces emplearon alrededor de 350 “Geranios”, en julio la cifra ascendió a 1.500 y en agosto alcanzó los 2.800, según el portavoz de la Fuerza Aérea, Yuri Ihnat.

Unos residentes pasan junto a un centro de la empresa Nova Poshta, atacado con misiles balísticos rusos en Kiev.

Residentes junto a un centro de distribución de Nova Poshta, afectado por ataques con misiles en Kiev. Kostyantyn Chernichkin

Imágenes satelitales muestran que el eje del operativo aéreo ruso contra Kiev se concentra en la aldea de Tsymbulova, en la región de Oryol, donde se ha construido una gran base para el lanzamiento masivo de estos drones.

Medios ucranianos advirtieron en diciembre de que esas instalaciones podrían albergar hasta 500 UAV y alertan ahora sobre la expansión logística reciente.

El ataque a la gasolinera de Holoiivskyi se añadió a incidentes similares en otros distritos. Desde principios de mes Moscú ha incluido a Kiev en una campaña sistemática contra estaciones de servicio que ya afectó a ciudades como Járkov, Jersón y Zaporiyia.

Yaroslav Starovoitenko, presidente de la Asociación de Petróleo y Gas de Ucrania, calcula que hasta la fecha los UAV rusos han atacado unas 300 gasolineras en todo el país, entre el 5% y el 6% de las instalaciones operativas.

“El 80% de las gasolineras dañadas han sido reparadas y están funcionando de nuevo. Rusia esperaba replicar así a nuestros ataques sobre su producción de petróleo y gas, pero aquí no hay escasez ni colas”, señaló Starovoitenko.

Si en rutas hacia Járkov las estaciones calcinadas eran habituales, esa imagen comienza a multiplicarse ahora en Kiev.

Bogdan Kukura, consejero delegado de Ukrnafta, explicó que han destinado fondos para proteger muchas estaciones con redes antidrones, refugios y gaviones metálicos para proteger equipos de metralla, y que ya han empezado a instalarlos en Kiev.

Ukrnafta contabilizó hasta mediados de septiembre más de 130 ataques a sus recintos, cifra superior a la de los cuatro años anteriores combinados. Las gasolineras, además de repostar, ofrecen cafés y restaurantes, por lo que su ataque añade un impacto social y económico.

Estos asaltos forman parte de una escalada que también ha alcanzado instalaciones logísticas, almacenes y centros comerciales en todo el país. “Rusia ha redoblado la apuesta con un escenario de guerra total”, tituló The Kyiv Independent el mes pasado.

La estrategia de Rusia

Para Ihor Romanenko, ex teniente general y ex número dos del Estado Mayor ucraniano, el objetivo ruso principal es “provocar un fuerte impacto psicológico entre la población para impedir la normalidad”.

Romanenko también considera que la aparición masiva de los “Geranios” refleja un fallo de gestión: “los mandos militares y políticos no actuaron a tiempo, pese a que los rusos empezaron a probar estas armas hace un año”.

En la conferencia de Estrategia Europea Yalta, el primer ministro Serhiy Koretskyi admitió la “destrucción significativa” causada por la intensificación de los bombardeos y dijo que sectores como la logística, la metalurgia, la farmacéutica y la agricultura han resultado afectados. “Actualmente no tenemos una herramienta para resolver este problema [los nuevos Geranios]”, reconoció.

El presidente Volodimir Zelenski afirmó que “Rusia quiere destruir la economía ucraniana para quebrar nuestra resistencia”.

Pocos días después, el ministro de Finanzas, Serhiy Marchenko, presentó un plan de austeridad urgente para mitigar los daños, anunciando medidas para limitar gastos. El ministro de Economía, Oleksandr Kravchenko, estimó que las pérdidas por la ofensiva podrían superar los 10.000 millones de dólares este año —unos 4,5% del PIB— y rebajó la previsión de crecimiento del 1,3% al 0,5%.

La devastación es visible en las afueras de Kiev, por la autopista hacia Chernihiv, donde enormes almacenes de compañías como Rozetka o Raben quedaron reducidos a montones de metal carbonizado.

Un centro de distribución de Epicentr en la capital, con 20.000 metros cuadrados y capacidad para cientos de miles de paquetes, quedó convertido en una masa de chatarra tras un incendio que se prolongó más de un día. “Fueron dos misiles. Vinieron 10 equipos de bomberos y no pudieron frenar el incendio. Se han perdido miles de millones de grivnas”, relató Oleksandr Khimich, uno de los responsables del centro.

Desde julio, los drones rusos han destruido o dañado gravemente decenas de centros de almacenamiento. Forbes Ucrania calculó más de 400.000 metros cuadrados afectados, y a finales de agosto las autoridades afirmaron que cerca del 90% de las instalaciones de almacenamiento moderno del país habían sido destruidas o dañadas.

Algunos supermercados de la capital han mostrado estanterías vacías con carteles que atribuyen los retrasos a ataques enemigos, y cadenas como ATB anunciaron límites de compra para evitar la especulación.

La respuesta de Kiev

Las incursiones en Kiev se intensificaron a partir del 27 de agosto: entre esa fecha y el 1 de septiembre la capital afrontó más de 60 alertas aéreas en 52 horas, y centros comerciales tuvieron que suspender actividades con frecuencia. “Cada vez que suenan las alarmas hay que evacuar a empleados y clientes. Lo más importante es la vida, pero esta dinámica genera pérdidas económicas”, señaló Victoria Savitska, portavoz de Epicentr.

A comienzos de mes, varios ataques destruyeron cientos de toneladas de medicinas almacenadas en Kiev y Boryspil. Los misiles y drones han golpeado asimismo centros metalúrgicos en Zaporiyia y Kryvyi Rih; Metinvest calificó los daños como críticos y afirmó que los ataques buscan la destrucción sistemática de la industria ucraniana.

La respuesta ucraniana también ha sido activa: drones ucranianos golpearon repetidamente almacenes de distribución en Rusia, como Wildberries y Ozon, y operaciones contra infraestructura petrolera han reducido la producción rusa, que la Agencia Internacional de Energía situó en torno a 4 millones de barriles diarios, un descenso significativo respecto a niveles previos a 2022.

El Instituto para el Estudio de la Guerra estimó que UAV ucranianos alcanzaron 26 refinerías rusas desde inicios de año. Además, Robert Madyar Brovdi, responsable de las fuerzas no tripuladas ucranianas, declaró que en julio y agosto sus drones atacaron 285 petroleros de la llamada “flota fantasma” en el mar Negro, obligando a interrumpir desplazamientos en la zona.

La ofensiva sobre cargueros y la logística de exportación agrícola eleva los precios globales del grano y anticipa una posible crisis para países dependientes de esas importaciones. “Será muy difícil para nosotros. Pero habrá otros muchos países en peor situación. Simplemente no tendrán alimentos”, alertó el presidente Zelenski.

Para el analista Mykola Beleskov, el enfrentamiento aéreo empuja a ambas naciones hacia una situación destructiva: “Rusia y Ucrania se están empujando mutuamente hacia la Edad de Piedra. Una guerra de desgaste sacrifica el futuro”.

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