El presidente afirmó que «solo Dios sabe las cosas de Dios» y que la prueba que atraviesa el país llegó el mismo día en que inició su mandato. De la Espriella asumió la Presidencia el 7 de agosto de 2026 en una ceremonia en Cali y, desde entonces, ha incorporado referencias religiosas en sus intervenciones públicas; en la investidura dijo que gobernaría con «Dios en el centro» y la ceremonia contó con representantes de diversas confesiones.
El terremoto, reportado con una magnitud de 7,4, fue uno de los primeros grandes desafíos del nuevo Gobierno. El presidente calificó la tragedia como una prueba, pidió unidad y llamó a participar en la reconstrucción. Sus declaraciones recibieron críticas en redes sociales: el activista Beto Coral cuestionó atribuir el desastre a una decisión divina y recordó declaraciones previas del mandatario sobre no creer en lo que la razón no puede explicar. Coral sostuvo que la religión no debe usarse para explicar una catástrofe natural ni como herramienta política. La polémica reavivó el debate sobre el papel de la religión en la administración y sobre cómo las autoridades deben comunicar ante tragedias de esta magnitud.

