El Gobierno alemán atribuyó oficialmente este martes a Rusia el intento de atentado con un dron cargado de explosivos contra el aeropuerto de Leipzig/Halle, uno de los principales centros logísticos de Alemania y una infraestructura clave para el transporte de material hacia Ucrania. El ataque fracasó porque el artefacto no llegó a detonar, y Berlín lo considera parte de una campaña de guerra híbrida desarrollada por Moscú en territorio europeo.
El ministro del Interior, Alexander Dobrindt, informó del cierre de las investigaciones en una comparecencia conjunta en Berlín con el ministro de Exteriores, Johann Wadephul. Según Dobrindt, la combinación de los resultados policiales, el modus operandi y la información de los servicios de inteligencia permite atribuir a Rusia la autoría del intento de atentado.
El incidente tuvo lugar la noche del 4 al 5 de agosto en el aeropuerto de Leipzig/Halle. Una aeronave no tripulada, con explosivos y un detonador, apareció en la zona de seguridad del aeropuerto, cerca de aviones de carga ucranianos. Entre las aeronaves estacionadas había Antonov An-124 destinados al transporte de mercancías; el explosivo no llegó a detonarse y fue desactivado posteriormente.
La gravedad del suceso radica también en el valor estratégico del aeropuerto: Leipzig/Halle es uno de los grandes centros europeos de carga aérea y participa en operaciones logísticas vinculadas a la OTAN y al apoyo a Ucrania. Para las autoridades alemanas, por tanto, el objetivo era más que una instalación civil.
Hasta ahora, Berlín había evitado señalar de forma directa a Moscú. Dobrindt se limitó previamente a hablar de un “nuevo escenario de ataques” y de acciones híbridas promovidas por “potencias extranjeras”, mientras proseguían las pesquisas. El canciller Friedrich Merz adelantó que las investigaciones estaban prácticamente concluidas y que Alemania preparaba una respuesta coordinada con sus aliados.
La acusación representa una nueva escalada en las ya deterioradas relaciones entre Berlín y Moscú. Wadephul adelantó que la respuesta alemana sería “equilibrada y meditada”, pero subrayó que el Gobierno no aceptará ataques contra infraestructuras germanas en una supuesta zona gris entre la paz y la guerra.
La reacción diplomática fue inmediata: Alemania anunció el cierre del consulado ruso en Bonn a partir del 18 de septiembre y la rescisión del convenio que permitía el funcionamiento de la Casa Rusa (Russisches Haus) en Berlín, uno de los principales instrumentos culturales de presencia rusa en el país.
Moscú ha rechazado hasta ahora cualquier responsabilidad en el incidente. El Kremlin y otras autoridades rusas han negado de forma reiterada las acusaciones occidentales sobre operaciones de sabotaje en Europa y las han descrito como intentos de alimentar una campaña antirrusa.
El caso de Leipzig se enmarca en una serie de incidentes que investigan los servicios de seguridad europeos desde el inicio de la invasión de Ucrania: incendios, sabotajes, ciberataques, paquetes incendiarios y vuelos de drones sobre instalaciones militares y otras infraestructuras críticas. Alemania ya sospechó de una posible implicación rusa tras un incendio registrado en el mismo aeropuerto en 2024.
Por su parte, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, afirmó este martes que la Alianza seguirá reforzando su capacidad “para disuadir y defender a todos los aliados frente a cualquier amenaza, incluidas acciones malintencionadas como las observadas en Leipzig”.

