23 de octubre de 2026
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Trump busca lucrar con Rusia mientras Putin monetiza la guerra

Trump busca lucrar con Rusia mientras Putin monetiza la guerra

Hoy pocas personas en Ucrania creen en las promesas de Vladimir Putin, ni tampoco en las de Donald Trump. Que ambos invoquen la “paz” no implica un avance real: la misma tarde en que Putin recibió al enviado estadounidense Steve Witkoff —quien lo describió como un líder “humanitario”—, el ejército ruso atacó la capital ucraniana con una veintena de misiles. La retórica humanitaria se contradijo con la violencia.

Nada ha cambiado que permita confiar en un acuerdo con el Kremlin. Rusia mantiene exigencias maximalistas: la entrega total del Donbás, la neutralidad de Ucrania, un cambio de gobierno en Kiev y un control prolongado por Moscú. En la práctica, busca imponer la capitulación ucraniana.

Putin encuentra en Trump un aliado eficaz. Desde su primer mandato, Trump mostró preferencia por el mandatario ruso frente a otros aliados occidentales y ha respaldado posiciones que han limitado la iniciativa ucraniana. Recientemente, las acciones combinadas de Washington y Moscú presionaron a Ucrania: EEUU restringió información de inteligencia y Rusia intensificó los bombardeos.

Tras esos ataques, Trump afirmó que Putin “tampoco ha hecho nada malo” en el conflicto, que podría haber superado el millón de muertos en ambos bandos y que ha dejado crímenes documentados como los de Bucha, Izium, el asedio del teatro de Mariúpol y la hambruna forzada en Oleshki.

Trump prometió terminar la guerra “en un día” como propuesta de campaña. En estos dos años ha impulsado y negociado treguas que Kiev aceptó pero que Moscú violó repetidamente; al mismo tiempo, ha criticado a Zelenski, a quien ha llegado a llamar “dictador sin elecciones”, a pesar de que Putin gobierna sin competencia política real desde hace décadas.

¿Por qué adopta Trump esa postura aunque pueda ser negativa electoralmente? Encuestas como las de YouGov muestran que alrededor del 70% de los estadounidenses apoyan a Ucrania, por lo que el Congreso resultante de las elecciones legislativas podría ser todavía más favorable a Kiev.

Exfuncionarios de la Casa Blanca señalan que hay intereses comerciales entre los negociadores, incluyendo a Witkoff y a Jared Kushner. Hui Chen, exasesora de ética del Departamento de Justicia, advierte sobre “entrelazamientos alarmantes” que podrían influir indebidamente en los resultados. Si el objetivo fuera lucrarse, esas redes tampoco parecen estar siendo efectivas.

La divergencia entre Trump y Putin también es profunda: Trump actúa como hombre de negocios que busca beneficios; Putin impulsa una guerra con objetivos geoestratégicos e imperialistas que toleraría enormes costes nacionales. Para Trump, las conversaciones son un fin; para Putin, un medio para mantener influencia mientras la maquinaria de guerra continúa.

La penetración de la propaganda rusa en ciertos sectores de la Administración estadounidense es notable y será objeto de estudio. Narrativas fabricadas por redes de desinformación en Rusia han sido repetidas por figuras como Trump o JD Vance, con escasa capacidad de filtrado por parte de los servicios de inteligencia, lo que beneficia a Moscú al introducir su versión del conflicto en la discusión pública estadounidense.

El Instituto de Estudios de la Guerra (ISW) advierte que el Kremlin negocia bajo la suposición errónea de que conserva la iniciativa estratégica sobre el terreno, pese a evidencias en contra.

En los asuntos clave, Rusia y Ucrania están muy distanciados. Kiev aceptaría congelar el frente en su posición actual, pero no cederá territorios del Donbás aún controlados por tropas rusas. Además del simbolismo político, en lo militar se trata de ciudades fortificadas —el llamado “cinturón de fortalezas”— cuya pérdida debilitaría sustancialmente la capacidad defensiva ucraniana frente a futuras ofensivas hacia Kiev.

Otro obstáculo esencial son las garantías de seguridad: Ucrania requiere la presencia disuasoria de sus aliados frente a la agresión rusa, algo que Moscú rechaza. Tampoco se han abordado de forma conjunta la arquitectura de seguridad europea ni el escenario electoral ucraniano; los potenciales rivales de Zelenski (Zaluzhny, Klitschko o Fedorov) probablemente adoptarían posturas aún más duras contra el Kremlin.

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