26 de octubre de 2026
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Jóvenes israelíes votan por primera vez para que Bibi deje de ser primer ministro

Jóvenes israelíes votan por primera vez para que Bibi deje de ser primer ministro

Unos 640.000 jóvenes israelíes votan por primera vez en un contexto marcado por la mayor crisis política reciente (cinco elecciones entre 2019 y 2022), la pandemia, fuertes protestas sociales contra la reforma judicial y la grave crisis de seguridad desatada tras el ataque del 7‐O y la guerra posterior en la historia de Israel.

La experiencia cotidiana de entrar y salir de refugios y habitaciones de seguridad, y el sufrimiento por heridas, secuestros o la pérdida de familiares y amigos en los frentes o por ataques a la retaguardia, imprimen una carga emocional profunda que influye en el voto junto a factores familiares, sociales, ideológicos e identitarios y al papel de las redes sociales.

“La reparación empieza por los jóvenes. ¡En 60 horas, nuestra generación vota a Bennett y salvamos el país!”, proclamó Yonatan Shalev en Tel Aviv. Shalev, líder de una organización de reservistas y vinculado a la nueva formación de Naftali Bennett y Yair Lapid, tiene 24 años y puede convertirse en el diputado más joven de la Knésset.

Israel se ha desplazado hacia la derecha, especialmente desde los atentados de la Segunda Intifada a principios de siglo, aunque partidos centristas han ganado y formado Gobierno puntualmente. La mayoría de los nuevos votantes solo han conocido a Benjamin Netanyahu como primer ministro, salvo un periodo de año y medio.

La magnitud del ataque de Hamas y que proviniera de un territorio del que el Ejército se había retirado, dejando desalojadas a miles de personas, aceleró ese giro hacia posturas más duras, alimentado por ira, miedo y deseos de venganza y la percepción de que la paz con los palestinos es inviable; al mismo tiempo hay movilización juvenil de la izquierda alrededor del laborismo y Meretz.

Una encuesta del Canal 12 indica que el 74% de los jóvenes de 18 a 22 años se sitúa en la centroderecha o la derecha y el 23% en la centroizquierda o la izquierda; entre los votantes mayores, la proporción es 67% frente al 33%.

El sondeo otorga un primer puesto a Gadi Eisenkot (16%), seguido por Netanyahu (14%), Bennett (10%) y Judaísmo de la Torá (9%), este último reflejo del crecimiento demográfico y la elevada participación del sector jaredí.

Con fuerte presencia en TikTok, el ultraderechista Itamar Ben Gvir aparece como tercera opción en otra encuesta, por detrás de Bennett y Eisenkot y por delante de Netanyahu; atrae a votantes jóvenes, incluidos segmentos ultraortodoxos que no estudian en academias talmúdicas, y busca apoyo entre soldados jóvenes.

El profesor Dan Ben‐David lamenta que lo relevante no sea tanto cuántos escaños obtenga Ben Gvir, sino que los llegue a tener: es un reflejo del momento político, en el que además pesa el impacto brutal del ataque del 7‐O.

En el sur de Tel Aviv, jóvenes como Itzik sostienen que Netanyahu es el político con más experiencia y corean el lema “Sólo Bibi”, mientras quienes le critican le atribuyen responsabilidades por el 7‐O; algunos ciudadanos señalan que hubo fallos de los organismos de seguridad y valoran la respuesta militar contra líderes de Hizbulá y Hamas.

El voto juvenil suele seguir el entorno familiar y social: los sionistas religiosos, sobre todo los residentes en asentamientos en Cisjordania, reparten sus apoyos entre Sionismo Religioso, Likud, Ben Gvir y el nuevo partido de Ofer Winter, con voces también hacia Eisenkot, Bennett y Avigdor Liberman.

Las dos listas árabes volverán a ser las más votadas dentro del electorado árabe, que representa el 21%, y algunos partidos sionistas confían en atraer a votantes árabes que desean la caída del Gobierno, marcado en los últimos cuatro años por la influencia de ultranacionalistas como Ben Gvir y Bezalel Smotrich.

“Votaré para que alguien me represente en el Gobierno y votaré a Eisenkot para que mi voto influya y Bibi deje de ser primer ministro”, afirma Jolle Jarjue, joven árabe israelí de Haifa que estudia en Tel Aviv y confía en que un bloque del cambio mejore la distribución justa de recursos.

Los votantes de 18 a 24 años son el 15% del electorado; muchos acuden a las urnas tras largos periodos de servicio militar o como reservistas en la llamada “guerra de siete frentes”. Yarden, recién salida de la instrucción, describe años muy duros y poca conversación política en el Ejército; para ella votar es una obligación y apuesta por el bloque del cambio para promover cambios sociales y un mayor alistamiento, entre otras demandas relacionadas con la exención del servicio de los jaredíes.

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