26 de octubre de 2026
Buenos Aires, 11 C

Lula logra victoria inédita sobre el bolsonarismo

Lula logra victoria inédita sobre el bolsonarismo

A dos días de cumplir 81 años, Luiz Inácio Lula da Silva consiguió una hazaña inédita en cuatro décadas de democracia brasileña: tras perder la primera vuelta, ganó la segunda y será presidente de Brasil por cuarta vez.

El líder del Partido de los Trabajadores (PT) obtuvo un 51,76% de los votos frente al 48,24% del derechista Flávio Bolsonaro, quien partía como favorito pero sufrió una derrota histórica.

Lula gobernará de los 81 a los 85 años y frena el avance de la derecha en América Latina, donde solo México y Uruguay permanecen bajo Gobiernos de izquierda.

Tras una primera vuelta en la que centró su campaña en el pasado y fue derrotado (47% frente a 45% el 4 de octubre), Lula cambió el enfoque para la segunda: redujo la centralidad de su figura y de su esposa Janja, intensificó su presencia en redes sociales y movilizó votantes.

No será un Gobierno sencillo, ya que el Congreso y la mayoría de los gobernadores quedarán en manos de la derecha.

Analistas interpretaron el resultado como una victoria del “antibolsonarismo” y advirtieron que Lula deberá gobernar con mayor amplitud ideológica que en su mandato anterior, señalaron periodistas como Andrea Sadi y el analista Merval Pereira.

La derrota de Flávio, de 45 años, perjudica especialmente a su padre, el ex presidente Jair Bolsonaro, condenado por liderar un fallido golpe de Estado; el plan de amnistiarlo y regresar al Palacio del Planalto quedó frustrado.

El resultado también complica a aliados internacionales como el expresidente estadounidense Donald Trump y al argentino Javier Milei, que habían apostado por un alineamiento con los Bolsonaro.

En cambio, la victoria de Lula es favorable para varios líderes europeos, entre ellos el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, que afronta elecciones el 29 de noviembre.

La definición se produjo tras una jornada de máxima tensión que incluyó una ampliación de dos horas del horario electoral, un hecho inédito que provocó caos y abrió la posibilidad de impugnaciones y de anular y repetir la segunda vuelta.

El mal tiempo en amplias zonas y problemas de transporte en varios estados llevaron a que tanto el Partido Liberal como el PT recurrieran al Tribunal Superior Electoral (TSE) para pedir la extensión del horario de votación.

La orden de Cristiano Zanin, miembro del Supremo Tribunal Federal (STF) y exabogado de Lula, se conoció cuando muchas mesas ya habían cerrado; en algunos colegios electorales seguían votando por la existencia de colas, pero en la mayoría no.

El Tribunal Regional de Amazonas declaró “inaplicable” la orden del STF y varios responsables estatales aseguraron no haber recibido comunicaciones formales; en algunos lugares se informó que las urnas ya estaban cerradas y se barajó aceptar votos en papel, firmados y certificados.

Globo News detalló la secuencia: el equipo de Lula presentó el pedido al TSE a las 13:30; al no recibir respuesta lo elevó al STF a las 15:00; Edson Fachin tardó en asignar quién debía resolver y la orden llegó a Zanin a las 16:32.

El voto es electrónico en Brasil y los procesos suelen ser ágiles; la aparente inacción del presidente del TSE, Kássio Nunes Marques, y del STF, instituciones ya cuestionadas, aumentó el riesgo de impugnaciones porque hubo ciudadanos que pudieron votar y otros que no.

Fernando Neisser, experto de la Fundación Getulio Vargas (FGV), apuntó que la ampliación del horario, decidida cuando algunas urnas ya estaban cerradas y otras abiertas, generó una disparidad entre colegios electorales y abre la puerta a solicitudes de anulación.

Añadió que habrá que ver cómo se gestiona este problema y cómo se refleja en el recuento total, y que la repetición, de ser solicitada, podría celebrarse en una o dos semanas.

El recuento empezó a difundirse con apenas 0,25% escrutado, fue suspendido y reanudado a las 19:00, lo que contribuyó al desconcierto entre la población y los partidos.

Al reanudarse el escrutinio, la elección se convirtió en una disputa voto a voto, con Lula y Bolsonaro alternando la ventaja, y sin la diferencia de 2,2 millones de votos que había dado a Bolsonaro la primera vuelta.

En la Avenida Paulista, epicentro de São Paulo, militantes del PT comenzaron a celebrar mientras en los centros de la derecha se percibía silencio.

La situación se originó en Salvador, capital de Bahía, donde por la mañana numerosos autobuses no salieron de las cocheras por llevar pegatinas con el número 13 de Lula; según Folha de S.Paulo fueron 252 vehículos y el presidente del Tribunal Regional Electoral pidió la detención inmediata del secretario municipal de Movilidad, Pablo Souza.

El alcalde de Salvador, Bruno Reis, de Unión Brasil y aliado del bolsonarismo, defendió la medida alegando que sindicalistas intentaron imponer pegatinas con el número 13 en los autobuses, lo que consideró un delito electoral.

Souza no fue detenido porque estaba en París; una vez retiradas las pegatinas el transporte se normalizó. Incidentes similares, con distinta intensidad, se registraron en ciudades como São Paulo, Maceió, Belém, Recife, Teresina y São Gonçalo.

Usuarios denunciaron en redes sociales problemas que iban desde largas demoras hasta el cobro de billetes en una jornada en la que el transporte debía ser gratuito; estas dificultades suelen afectar más a votantes de la izquierda, que dependen del servicio público.

Tanto Lula como Flávio Bolsonaro, en cambio, no tuvieron problemas para votar y aprovecharon la jornada para seguir con su retórica contra el adversario.

Al votar en São Bernardo do Campo, Lula criticó a su rival por considerarlo moralmente descalificado y le lanzó acusaciones severas, calificándolo de miliciano y afirmando que fue “educado para mentir”.

Tras votar, Lula habló brevemente con la prensa; su esposa Janja reaccionó con insultos cuando un periodista comentó que se le veía desanimado.

Flávio Bolsonaro votó en Río de Janeiro y dio por seguro el cambio, subrayando el empeoramiento de la seguridad y la economía y pidiendo a los electores que fuesen a votar “llueva o haga sol”.

En Miami votó Eduardo Bolsonaro, exdiputado y autoexiliado, quien, ovacionado en el consulado, dijo que su comentario sobre enviar marines a Brasil fue una broma, aunque afirmó que quienes trabajan por la libertad temen por su seguridad en el país.

Las encuestas mostraban una paridad extrema tras la primera vuelta (47% para Bolsonaro frente a 45% para Lula); desde el retorno de las elecciones presidenciales directas en 1989 ningún candidato que perdió la primera vuelta había ganado la segunda. Lula buscaba esa remontada para ser presidente por cuarta vez.

La campaña de Lula mejoró después de los errores de la primera vuelta, pero Bolsonaro confiaba en el voto oculto y en la ola derechista que recorre parte de la región.

La izquierda insistió en que Flávio Bolsonaro, senador de 45 años, no tenía una trayectoria laboral sólida y que su posición se debía al parentesco con Jair Bolsonaro, a quien su hijo prometió amnistiar si regresaban al poder.

Aun así, Flávio logró conducir una campaña sin errores graves, con buena exposición televisiva y propuestas definidas, mientras a Lula le costó articular con claridad el proyecto de futuro en la primera fase de la contienda.

Lula, nacido en una familia humilde del nordeste, se trasladó a São Paulo, trabajó como obrero metalúrgico, se convirtió en dirigente sindical y ganó la presidencia por primera vez en 2002 tras tres intentos fallidos.

Unos 159 millones de brasileños estaban convocados a las urnas para decidir si prolongaban la hegemonía política de Lula o devolvían el poder al clan Bolsonaro; no hubo giro y Lula gobernará Brasil durante cuatro años más.

Artículo anterior

Jóvenes israelíes votan por primera vez para que Bibi deje de ser primer ministro

Artículo siguiente

La Joaqui llora por Thiago PZK tras confirmar romance

Continuar leyendo

Publicidad Izquierda del Artículo
Publicidad Derecha del Artículo

Últimas noticias

Comienza el Mundial en: