En el quinto año de la invasión a gran escala de Ucrania, Rusia ha perdido la capacidad de dominar el mar Negro, pero continúa convirtiendo la zona en un espacio inseguro para la navegación y el comercio.
Como en la época de los corsarios, cuando la Corona inglesa apoyó a marinos privados como Francis Drake para perjudicar el comercio rival sin asumir todos los costes, Rusia hoy emplea medios modernos —drones aéreos y lanzamientos marítimos— con el objetivo de emboscar buques mercantes y asfixiar el intercambio de su adversario.
La lista de víctimas provocadas por drones en el mar Negro se ha incrementado en las últimas semanas. El carguero Khoryv, con bandera de Comoras, se incendió y se hundió a 24 kilómetros del puerto rumano de Constanza, fuera de aguas territoriales, y dejó un muerto entre la tripulación. El barco, que partió de Turquía hacia Sulina, transportaba a 10 ucranianos y tres azerbaiyanos. El presidente rumano, Nicusor Dan, dijo que fue alcanzado por un dron y atribuyó el ataque a Rusia. Este incidente se suma a otros ataques contra la navegación frente a Rumanía y Bulgaria, ambos miembros de la UE y la OTAN.
Antes del hundimiento del Khoryv se habían registrado al menos siete mercantes afectados y alrededor de 30 marineros muertos o desaparecidos en las dos semanas previas. Los ataques han alcanzado cargueros y petroleros que operan entre puertos ucranianos, el Danubio y el Mediterráneo. La amenaza ha llegado también a aguas territoriales rumanas, donde fue atacado el petrolero químico Yara J, cerca del canal de Sulina. Una fuente militar de la OTAN atribuyó a drones rusos los ataques contra ese buque y el Wine Trader.
Intercepción de un dron sobrevolando el mar Negro, en las proximidades de Sulina (Rumanía). AFP
Se trata de una nueva campaña de Moscú para asfixiar a Ucrania interrumpiendo su comercio marítimo: ya intentó privarla del acceso al mar al inicio de la invasión y, posteriormente, condicionar sus exportaciones. La disputa por el mar Negro tiene precedentes históricos en la expansión rusa, como en la época de Catalina la Grande.
La nostalgia del Kremlin por la era Brézhnev
Jean-Sylvestre Mongrenier, director de investigación del Institut Thomas More, considera que las referencias de Vladimir Putin son en gran medida soviéticas y recientes. Según Mongrenier, Putin muestra añoranza por la era Brézhnev y aspira a volver a someter a Ucrania y a buena parte de las antiguas repúblicas soviéticas al control de Moscú, en una tentativa de reconstruir el perímetro territorial de la URSS.
Dimitar Bechev, investigador de Carnegie Europe, sostiene que Moscú desarrolla una doble escalada: horizontal, al extender los ataques a jurisdicciones de Rumanía y Bulgaria; y vertical, mediante una intensificación de operaciones híbridas —sabotajes y acciones encubiertas— que elevan la tensión en tierra.
Mongrenier explica que, al no poder dominar plenamente el mar Negro, Rusia intenta recobrar control dificultando su uso: ataca las rutas de navegación internacionales de la parte occidental del mar Negro —entre Odesa, los puertos fluviales del Danubio y Constanza— y las vías hacia Estambul y los estrechos del Bósforo y los Dardanelos. El objetivo es asfixiar la economía ucraniana y, con ello, su capacidad para sostener el esfuerzo bélico.
La respuesta aliada comienza a concretarse. El 20 de octubre la OTAN comunicó el envío de más aviones de patrulla marítima, radares, drones, personal de Inteligencia y equipos para analizar explosivos, con el fin de mejorar la detección y el conocimiento de las amenazas. Rumanía ha pasado a la interceptación directa: el 17 de octubre dos F-16 derribaron dos drones que habían penetrado en su espacio aéreo sobre aguas territoriales. Bulgaria convocó a la embajadora rusa y solicitó formalmente a la OTAN aviones de combate, sistemas antidrones y fuerzas adicionales. El Parlamento Europeo ha pedido el despliegue de una operación naval de la UE en el mar Negro.
Entre las opciones que se barajan figura organizar convoyes de mercantes escoltados. Una fuente del sector de la defensa rumano dijo a Associated Press que Turquía quería reunir a los países ribereños para preparar una misión de escolta, aunque todavía no existe un sistema general aprobado. Turquía ha propuesto además una tregua parcial destinada a proteger la navegación civil.
La identificación de los aparatos y de sus puntos de lanzamiento sigue siendo compleja. Una fuente cercana al Ministerio de Defensa de Lituania informó en septiembre a EL MUNDO de que Moscú preparaba ataques incluso en el Mediterráneo con drones aéreos lanzados desde buques. Mongrenier confirma que estrategas detectaron este patrón en el Báltico, el mar del Norte y el canal de la Mancha. El transporte de drones por mar ampliaría las direcciones de aproximación y dificultaría rastrear su procedencia.
Mongrenier advierte que no existe una fórmula infalible para proteger la navegación comercial sin asumir el riesgo de una confrontación, y que las vacilaciones y tácticas dilatorias de los aliados pueden alimentar la confianza rusa y alentarlos a persistir en esta campaña.
El contraste con el Báltico
En el mar Báltico, la pertenencia de casi todos los Estados ribereños —salvo Rusia— a la UE y la OTAN hace que la región esté mejor organizada para enfrentar la agresión rusa. Polonia, los países bálticos y los nórdicos mantienen una postura estratégica firme y decidida. Cyrille Bret, del Institut Montaigne, apunta que Rusia trata de cuestionar ese dominio mediante patrullas aéreas, incursiones y presiones mediáticas, perturbando la aparente tranquilidad de esta área.
En el mar Negro, en cambio, el equilibrio es distinto: el juego diplomático de Turquía, las oscilaciones políticas en Bulgaria, donde hay un partido prorruso, y la inestabilidad en Rumanía dificultan forjar una relación de fuerzas clara en favor de los ribereños y de la Alianza, señala Mongrenier.
Por eso Ucrania soporta la mayor parte del esfuerzo militar contra Rusia en estas aguas, mientras Turquía mantiene un papel decisivo en el acceso al mar. La Convención de Montreux restringe el tonelaje y la permanencia de las fuerzas navales de países no ribereños —sus buques de guerra no pueden permanecer más de 21 días—, y desde 2022 Ankara aplica disposiciones que limitan el tránsito de buques de guerra de países beligerantes, con excepciones como el retorno a sus bases. Esas reglas impiden a la OTAN reproducir en el mar Negro el modelo de presencia naval del Báltico.
Los investigadores Daria Isachenko y Göran Swistek argumentan en un estudio de la SWP de junio de 2023 que el marco de Montreux es un instrumento de poder turco: Ankara, miembro de la Alianza, defiende una concepción regional del equilibrio que preserva su capacidad de negociar con Moscú.
Las exportaciones, amenazadas
Los antiguos griegos llamaban irónicamente al mar Negro Pontos Euxinos, ‘Mar Hospitalario’, cuando su nombre original, Pontos Axeinos —’Mar Inhóspito’— reflejaba sus peligros. Ese cambio de nombre buscaba atraer la buena fortuna; hoy los ucranianos tratan de señalar y mitigar el peligro visible para conservar alguna ventaja en la adversidad.
La presión sobre Ucrania crece a medida que depende más de rutas alternativas en Europa. Según datos de septiembre de 2026 publicados por la Comisión Europea el 19 de octubre, alrededor del 90% de las exportaciones ucranianas de cereales, oleaginosas y derivados salieron ese mes por corredores de solidaridad —ferrocarril, carretera y vías navegables— y aproximadamente un 10% por puertos ucranianos del mar Negro.
Un documento del Consejo de la UE de septiembre advertía de que los ataques rusos contra puertos habían provocado una paralización casi completa del tráfico marítimo. El Danubio, el canal de Sulina y las conexiones con puertos rumanos adquieren mayor relevancia al sostener parte de la salida comercial que sustituye a los puertos amenazados.
Atacar los buques que utilizan estas rutas puede reducir los ingresos en divisas de Kiev, aumentar los costes logísticos y trasladar riesgos a empresas y territorios de la UE. El cereal ucraniano abastece mercados en Europa, África y Oriente Próximo, por lo que, más allá del continente, muchos observan con atención el mar Negro, que ha recuperado su condición de zona peligrosa.


