15 de septiembre de 2026
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El castrismo salva el verano con récords históricos de impopularidad en Cuba

El castrismo salva el verano con récords históricos de impopularidad en Cuba

El quinto aniversario del levantamiento popular del 11-J, la profundización de la megacrisis cubana y el desafío de Washington configuraba al principio del verano uno de los peores escenarios posibles para la dictadura castrista, con 68 años a cuestas y tantos achaques como un enfermo terminal. El tórrido estío caribeño y los constantes apagones eléctricos multiplicaron las protestas, pero no pusieron en jaque al régimen, experto en lo que mejor sabe hacer: la represión.

Sólo en agosto, las fuerzas policiales del régimen llevaron a cabo 304 acciones represivas contra el pueblo cubano, según los cálculos del Observatorio Cubano de Derechos Humanos, aunque las dificultades de comunicación y la falta de internet han impedido corroborar más denuncias. Entre ellas destacaron 37 detenciones arbitrarias, vinculadas en su mayoría con las protestas ante el caos energético que sufre la isla.

Las nuevas detenciones han vuelto a romper récords en las cárceles políticas de la isla. Según la organización Prisoners Defenders, ya son 1.339 los prisioneros políticos tras las rejas entre “golpizas, trabajo forzoso, internamientos psiquiátricos forzosos y falta de atención médica”. Cada mes que pasa la isla-cárcel aumenta sus cifras. Basta la comparativa con Venezuela, un país con tres veces más habitantes: en el país petrolero permanecen en prisión en torno a 400 presos políticos, pese al proceso abierto tras la captura de Nicolás Maduro en enero.

“La situación es crítica. Es el pueblo quien está cargando con el peso de la decadencia del régimen. Por ello, tiene sentido que, a pesar de la represión, cobre fuerza la demanda mayoritaria de transformaciones políticas y económicas. Los cubanos no quieren retoques ni nuevas promesas. La creciente represión es la única respuesta que tiene el régimen ante las demandas del pueblo”, resumió para EL MUNDO Yaxys Cires, director de Estrategias del OCDH.

La investigación llevada a cabo por esta organización arroja cifras que confirman, mejor que las palabras, hasta dónde llega el hartazgo de los cubanos con su gobierno. El 73% de los ciudadanos evalúa de forma muy negativa la gestión de Miguel Díaz-Canel y su gabinete, lo que sumado al 22% que la califica de negativa dispara hasta un 95% la desaprobación contra quienes dirigen al país.

A favor del gobierno sólo se pronuncia el 3% de la población, lo nunca visto. Sabedor de la magnitud del rechazo popular y bajo la presión de Washington, que exigió un cambio radical de modelo social y económico, La Habana reacondicionó y presentó como su salvavidas coyuntural unas viejas medidas económicas que no convencen a casi nadie: el 84% desconfía de las reformas gubernamentales y sólo el 6% espera un milagro económico que no va a suceder.

Pese a tan desalentador panorama, el cubano no deja de soñar: el 50% está convencido de que en los próximos seis meses se producirán cambios favorables para todos ellos, que por supuesto no procederán del poder revolucionario. El 32%, en cambio, carece de expectativas.

“Cuba languidece. Aumentan la desnutrición, las desigualdades, la miseria, la represión y las injusticias. Nuestra nación retrocede a una velocidad vertiginosa, como si avanzara a velocidad hipersónica hacia la Edad de Piedra”, advirtió con pesadumbre José Daniel Ferrer, líder de la Unión Patriótica de Cuba (Unpacu).

Buena parte de las expectativas de cambio de los cubanos se concentran en Washington y en el desafío de la Administración de Donald Trump contra el castrismo. Pero las tan comentadas negociaciones entre el Departamento de Estado y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el famoso Cangrejo, nieto favorito de Raúl Castro, no han llegado a ningún puerto, al menos de momento.

Según el Miami Herald, esta iniciativa, que conllevaba un acuerdo energético y la destitución de Díaz-Canel, naufragó ante las dudas del régimen y la oposición frontal de los legisladores republicanos de Florida. La jugada geopolítica dentro de la actualización de la Doctrina Monroe, con ciertos parecidos con la que se ha puesto en marcha en Venezuela, ha quedado de esta forma paralizada, a la espera de nuevos movimientos y en medio de constantes rumores en torno a la salud de Raúl (95 años).

La parálisis política no ha detenido, en cambio, la agenda del jefe diplomático de EEUU en La Habana, Mike Hammer, quien se desplazó esta semana al interior de la isla para comprobar en persona cómo se reparte la ayuda de su país entre los más necesitados. “Nos salvaron la vida”, aseguró un anciano cubano en Villa Clara, enflaquecido al máximo, mientras recibía en su hogar a Hammer, una casa levantada con viejas maderas. En este plan de reparto participa también la Iglesia Católica.

Aunque muy pocos daban un peso cubano por Díaz-Canel, detestado por la población y en la diana política de Washington, el sucesor de Raúl Castro no ha cedido en su estrategia de resistencia frente al imperio. “Si se atrevieran a invadirnos, les garantizo que defenderemos nuestra tierra hasta la última gota de sangre”, amenazó la semana pasada desde su púlpito revolucionario.

El presidente cubano sale muy mal parado de todos los parámetros, incluso el estudio llevado a cabo por la Universidad de Harvard, que ha desvelado la caída en 11 puntos del PIB cubano en cinco años, la reducción de la producción agrícola en un 58% y la virtual desaparición de la industria azucarera. Los investigadores concluyen que la isla sólo saldrá del pozo en el que se encuentra con medidas urgentes, que restablezcan el estado de Derecho y que abran las puertas a un gobierno de transición legítimo.

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