15 de septiembre de 2026
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Hutíes toman corredor petrolero crucial en ofensiva relámpago

Hutíes toman corredor petrolero crucial en ofensiva relámpago

Tras meses de mantenerse al margen de la guerra de Irán, los hutíes de Yemen, respaldados por Irán, ocuparon este fin de semana un punto clave del tráfico marítimo con una ofensiva rápida que amenaza el suministro energético global y sitúa al grupo como actor inevitable en cualquier intento de resolver el conflicto.

La acción pone en primer plano al líder hutí Abdulmalik al Houthi, quien proclama descendencia del profeta Mahoma y gobierna su territorio mediante control y movilización religiosa. A la vez, refleja la creciente ambición y las capacidades militares del movimiento, incluidos misiles y drones.

El año pasado los hutíes resistieron una campaña aérea de Estados Unidos recurriendo a tácticas que desgastaron a la Armada estadounidense. Este verano aprovecharon divisiones entre sus rivales y la distracción regional para ampliar su control: el viernes tomaron la isla de Perim, en el estratégico estrecho de Bab el Mandeb, un paso de unos 29 km que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén.

La toma fue precedida por meses de preparación: traslado de armas y miles de combatientes hacia posiciones en torno a la ciudad portuaria de Moca, y uso de su control sobre las telecomunicaciones yemeníes para interceptar comunicaciones, generar confusión e intimidar a adversarios.

Aunque el mundo prestó poca atención cuando capturaron Saná en 2014, los hutíes ahora controlan un corredor energético crucial y se han convertido en una fuerza que hay que tener en cuenta en la región.

«Sienten que han ganado la guerra civil», afirma Elisabeth Kendall, especialista en Yemen del Girton College de Cambridge. «No les temen a Estados Unidos y, sobre todo, son muy adaptables».

Los hutíes surgieron en los años 90 como una fuerza relevante en Yemen, un país de alrededor de 40 millones de habitantes en el extremo sur de la península arábiga. Basaron su ascenso en vínculos religiosos, en recuerdos de autoridad histórica en el norte y en la represión durante y después de la Primavera Árabe.

Rechazaron la intervención de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos en la guerra civil, empleando drones y misiles de bajo coste con apoyo iraní, y consolidaron el control sobre cerca de un tercio del territorio yemení.

Tras concentrar fuerzas en las últimas semanas, los hutíes tomaron Moca y, al día siguiente, la isla de Perim. Si lograsen interrumpir el paso por esa vía se verían afectadas las exportaciones de crudo conectadas al mar Rojo y podría elevarse el precio mundial del petróleo.

Durante años Emiratos y sus aliados operaron en Perim y sus aguas; sin embargo, una disputa en diciembre entre Riad y Abu Dhabi sobre posiciones en Yemen fracturó la coalición anti-hutí. Arabia Saudí bombardeó un cargamento de armas procedente de Emiratos destinado a oponentes de los hutíes, tras lo cual Emiratos redujo su implicación.

Mohammed al-Basha, director de la consultora Basha Report, señala que la coalición anti-hutí —que agrupa a partidarios de un Estado independiente en el sur, facciones afines a los Hermanos Musulmanes y unidades gubernamentales antiguas— se enfrenta a un rival más cohesionado.

«Los hutíes tienen un solo líder, una sola ideología y una visión clara», explica Basha. «Las fuerzas contra ellos operan con múltiples mandos y agendas».

Amr al Bidh, miembro del Consejo de Transición del Sur de Yemen, respaldado en su día por Emiratos y defensor de la independencia del sur, atribuye a Arabia Saudí una gestión deficiente de la campaña militar.

Durante años existió un alto el fuego de facto en el que Arabia Saudí financiaba a empleados estatales yemeníes. Funcionarios saudíes dijeron al Wall Street Journal en abril que habían obtenido compromisos de los hutíes para no atacar a la monarquía ni a sus buques.

Al romperse ese entendimiento, Riad dudó en volver a implicarse por completo. Los dirigentes saudíes temían quedar atrapados de nuevo en Yemen después de que intensos bombardeos no consiguieran expulsar al grupo y diesen lugar a represalias contra infraestructuras energéticas saudíes.

Responsables yemeníes opositores a los rebeldes acusan a Arabia Saudí de no haber proporcionado el apoyo aéreo solicitado para sostener sus defensas, lo que facilitó la victoria hutí.

La presión sobre Arabia Saudí ha aumentado: la semana pasada un ataque con drones atribuido por Riad a Irak impactó el oleoducto Este-Oeste, un activo clave. Con el Estrecho de Ormuz bajo ataques y los hutíes en control de Bab el Mandeb, las vías de presión sobre el reino se han multiplicado.

«Una cosa es combatir a los hutíes y otra muy distinta es tener abiertos tres frentes al mismo tiempo», advierte Farea al Muslimi, investigador de Chatham House.

Recuperar la isla de Perim podría arrastrar a potencias internacionales a una implicación más directa en la prolongada guerra en Yemen.

Por ahora Estados Unidos parece reacio a intervenir tras haber bombardeado a los hutíes durante más de 50 días en la Operación Rough Rider en 2025. El presidente Trump afirmó que los rebeldes pidieron a Washington que se mantuviera al margen y que la situación acabaría resolviéndose.

Incluso si se expulsara a los hutíes de Perim, mantienen un arsenal de drones y misiles capaz de seguir amenazando el paso marítimo, replicando la estrategia que Irán ha utilizado en el Estrecho de Ormuz.

«Siempre tendrán la capacidad de presionar tramos enteros del mar Rojo», advierte Kendall. «El mundo suele reaccionar cuando se ven afectados sus intereses económicos».

Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido del inglés por V. Santos.

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