Comprender a grandes rasgos el sistema electoral de Estados Unidos es relativamente sencillo, pero entender todos sus detalles —reglas variadas por estado, procedimientos de registro y voto, limitaciones históricas y maniobras políticas— es mucho más complejo. Las prácticas para restringir el voto de comunidades enteras y la interpretación de las estadísticas oficiales añaden capas de dificultad que resultan especialmente extrañas para observadores europeos.
En lo básico: Estados Unidos es una república federal donde los estados organizan las elecciones con normas que difieren entre sí. El Congreso consta de la Cámara de Representantes, con 435 escaños renovables cada dos años, y el Senado, con dos senadores por estado y mandatos de seis años, con renovaciones parciales cada ciclo bianual. Los representantes se eligen en distritos uninominales por mayoría simple. Estas reglas regirán en las próximas elecciones de mitad de mandato, las llamadas midterms, el 3 de noviembre.
Sin embargo, lo que rodea a ese esquema es más complicado: la delimitación geográfica y demográfica de los 435 distritos influye decisivamente en los resultados. La Constitución exige un censo cada 10 años para asignar escaños a los estados; el último fue en 2020 y el siguiente será en 2030. En la mayoría de estados, las legislaturas estatales trazan los mapas, aunque algunos lo delegan a comisiones independientes. Cuando quien dibuja los distritos concentra votantes rivales en pocos distritos (packing) o los dispersa para diluir su influencia (cracking), puede alterar por completo el resultado electoral: eso es el gerrymandering.
Ambos partidos han utilizado históricamente el rediseño para fortalecer su posición, moviendo calles o barrios enteros con base en datos detallados sobre tendencias de voto, especialmente en áreas con marcadas características raciales o socioeconómicas. En años recientes, esa manipulación ha sido más abierta y deliberada, sin ocultamientos ni atajos.
Según PolicyMap y datos de la Facultad de Derecho de Loyola, de los 40 rediseños de distritos del Congreso registrados por el Centro de Investigación Pew entre 1970 y agosto de 2025, 36 fueron ordenados por tribunales. Antes de 2025, sólo dos estados habían rediseñado sus distritos voluntariamente para obtener ventaja partidista; desde el verano de 2025, diez estados adoptaron nuevos mapas fuera del ciclo habitual. Ocho de esos mapas fueron aprobados y se usarán el 3 de noviembre (Misuri y Alabama no prosperaron por diferentes motivos).
El proceso se aceleró en el verano de 2025 cuando Donald Trump pidió a los republicanos de Texas que redibujaran el mapa para asegurar su estrecha mayoría en la Cámara. Los demócratas intentaron frustrar el quórum, pero finalmente el nuevo mapa, que favorece a los conservadores en cinco distritos, fue aprobado en sesión extraordinaria y firmado por el gobernador. Un tribunal federal lo bloqueó por discriminación racial en noviembre, aunque el Tribunal Supremo lo desbloqueó posteriormente.
Otros estados como Misuri (con votación por referéndum pendiente), Carolina del Norte, Tennessee, Florida y Ohio también introdujeron cambios; por el contrario, Virginia y California respondieron con recursos y contra-mapas. En California, la Proposición 50, aprobada por referendo en noviembre, ajustó el mapa eliminando cinco distritos favorables a los republicanos; el Tribunal Supremo rechazó el recurso republicano contra ese mapa el 4 de febrero. En Utah, un tribunal impuso un mapa que crea un distrito demócrata seguro en el condado de Salt Lake.
En Carolina del Norte, en octubre de 2025 la legislatura republicana modificó parcialmente el mapa: sólo alteró los distritos 1 y 3 en la costa este, dejando los demás igual. Con el cambio, el distrito 1 —históricamente importante para la representación afroamericana y hasta entonces competitivo— pasó a tener una ventaja republicana estimada de ocho puntos tras mover seis condados costeros mayoritariamente conservadores del distrito 3 al 1, y transferir cuatro condados interiores más competitivos en sentido contrario.
En Indiana, pese a la presión desde la Casa Blanca, incluidos gestos públicos como la visita del vicepresidente, el Senado estatal republicano resistió rediseñar el mapa. Posteriormente, seis de los siete republicanos que se opusieron perdieron la nominación en primarias de 2026 frente a candidatos respaldados por Washington. En Carolina del Sur ocurrió algo similar cuando 12 republicanos se aliaron con demócratas para frenar cambios.
El Tribunal Supremo también intervino en decisiones clave. En la causa Louisiana v. Callais, la Corte endureció los requisitos para impugnar mapas por diluir el voto de las minorías bajo la sección 2 de la Ley de Derecho al Voto de 1965. Varios estados sureños gobernados por republicanos respondieron desmontando distritos con elevada población de minorías raciales.
El caso de mayor impacto fue Alabama. Con siete distritos y aproximadamente un 27% de población afroamericana, hasta 2023 el mapa solo proporcionaba un distrito con mayoría negra, pese a sentencias estatales que exigían un segundo distrito competitivo. En noviembre de 2024 se intentó corregirlo, pero el Tribunal Supremo intervino y exigió una reinterpretación de la protección a las minorías: quienes aleguen que un mapa diluye el voto deben probar no solo que un mapa alternativo permitiría a la minoría elegir a su candidato preferido, sino también que ese mapa cumple criterios tradicionales de redistribución como continuidad geográfica, compacidad y respeto a comunidades de interés.
Aun así, la impopularidad de Trump ha complicado la defensa republicana de distritos diseñados para ser seguros. Un análisis de Reuters basado en promedios de analistas electorales señala que, aunque en junio los republicanos habían mejorado su ventaja en 16 distritos rediseñados, ahora se estima que nueve de esos distritos podrían pasar a los demócratas o resultar demasiado reñidos. Ejemplos locales muestran cómo el rediseño puede dejar a incumbentes vulnerables frente a nuevos rivales con fuerte arraigo o perfil público.
De forma general, el gerrymandering y los rediseños fuera de ciclo han reducido enormemente la cantidad de distritos verdaderamente competitivos. Organizaciones como Cook Political Report consideran competitivos los escaños en los que cualquiera de los dos partidos ganó en los dos últimos ciclos presidenciales por cinco puntos o menos. Menos escaños competitivos implica que alrededor del 90% de las elecciones al Congreso se decidan en primarias, con una participación mucho menor que en las generales.
David Wasserman, de Cook Political Report, estimó que en primavera solo había 18 contiendas extremadamente reñidas entre 435, lo que significa que menos del 5% de estadounidenses decidiría el control de la Cámara. Añade que actualmente hay 46 escaños competitivos si se incluyen los clasificados como Lean o Toss Up, de los cuales 21 son verdaderos Toss Up, poco más del 10% de la Cámara —una cifra comparable al inicio del primer mandato de Trump.
Un estudio del Unite America Institute sobre 2024 concluyó que el 87% de las contiendas para la Cámara ya estaban decididas antes de la jornada electoral y con la participación de solo el 7% de los votantes elegibles. Según ese informe, 380 escaños fueron seleccionados por 18,1 millones de estadounidenses en primarias, y 169 candidatos se presentaron sin oposición en primarias para escaños seguros, lo que dejó a 101 millones de votantes —casi el 40% del electorado— sin influencia real en la elección de su congresista.
Documentación de los gráficos: Sophia Spinelli.
Fuente de los gráficos: Thearp.org (The American Redistricting Project), Ballotpedia, Elect It (Universidad de Harvard) y elaboración propia.

