«En esta sala hay agentes del servicio marroquí. Seguro. No tengo duda», afirmó con seriedad Jorge Buxadé, jefe de la delegación de Vox en el Parlamento Europeo (Grupo Patriotas por Europa). Los periodistas presentes reaccionaron con sonrisas contenidas y los eurodiputados españoles de distintas formaciones y sus asistentes mostraron distancia; el ambiente se cargó de tensión.
La sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo estaba muy concurrida: faltaban apenas 24 horas para el discurso anual de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, en el Debate sobre el Estado de la Unión. Los eurodiputados esperaban detalles sobre la estrategia de la Comisión respecto a China, Rusia, Estados Unidos, la inteligencia artificial, la seguridad y la competitividad, y entre esos asuntos destacaba, de forma decisiva para muchos representantes españoles, la situación en Ceuta.
La crisis de Ceuta marcó buena parte de los debates en Estrasburgo. Von der Leyen dejó un mensaje claro en su discurso: «Todas nuestras fronteras exteriores son fronteras europeas. La frontera de Ceuta es una frontera europea. Porque Ceuta es España. Ceuta es Europa. Y Europa estará a vuestro lado».
Bruselas no formuló una condena abierta contra Rabat, pero siguió de cerca los acontecimientos. Comisarios europeos se desplazaron a Estrasburgo para arropar a la presidenta y, al ser interrogados sobre Marruecos, atendieron la cuestión con seriedad y compartieron sus análisis.
Andrius Kubilius, comisario europeo de Defensa y ex primer ministro de Lituania, comparó la situación con la llegada masiva de migrantes desde Bielorrusia en 2021. Relató que Lituania reaccionó construyendo una valla, una medida que en su momento no gustó a la UE pero que hoy se considera un referente. Subrayó la importancia de monitorizar la información procedente del país que actúa como puerta de entrada de la migración irregular y alertó sobre el creciente protagonismo de las amenazas híbridas en la agenda europea.
La insistencia de Kubilius en la necesidad de vigilar la información que circula en el país de origen de los flujos migratorios (Bielorrusia para Lituania; Marruecos para España) conectó con una novedad que había anunciado previamente la comisaria Henna Virkkunen, responsable de Soberanía Tecnológica, Seguridad y Democracia.
Virkkunen, consciente de los riesgos de convivir junto a regímenes autoritarios, destacó el papel del ámbito digital en las amenazas híbridas y la responsabilidad de las plataformas para evitar la difusión de desinformación. En el caso de Ceuta, señaló que gran parte del contenido desinformador estaba en árabe y provenía mayoritariamente del lado marroquí, y explicó que se coordinó con plataformas online, especialmente TikTok y Meta, para abordar el problema.
La comisaria recordó que la Ley de Servicios Digitales (DSA) se aplica dentro de la Unión Europea, pero subrayó la necesidad de poder supervisar también situaciones que se desarrollan fuera del territorio comunitario y en otros idiomas. Además, anunció que se están revisando las normas de Frontex para dotar a la agencia de un mandato más amplio, con el fin de que disponga de información completa tanto en el ámbito digital como sobre el terreno, y que se están estudiando las lecciones de lo ocurrido en agosto para mejorar prácticas futuras.
Ceuta sigue siendo un tema central en la agenda europea. La incógnita es si la crisis quedará enquistada y continuará condicionando las relaciones y las políticas fronterizas, o si terminará relegada y limitada a los asuntos estrictamente fronterizos.

