3 de noviembre de 2026
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No necesito rótulos: sé quién soy

No necesito rótulos: sé quién soy

No necesito etiquetas. Sé quién soy, de dónde vengo y por qué hago lo que hago.

Con los años aprendí que no todo el mundo comprenderá tu camino: siempre habrá quien cuestione, subestime, señale errores o intente decirte quién deberías ser. A menudo, quienes más juzgan conocen menos la historia detrás de cada paso.

Sé de dónde vengo. Empecé desde abajo, con sueños y ganas de crecer, convencido de que podía construir algo. Nada fue fácil: toqué muchas puertas, gané espacios y tuve que demostrar una y otra vez que estaba a la altura. Hubo sacrificios, renuncias, frustraciones y más sinsabores que alegrías.

La política me abrió caminos que no imaginé al comenzar. Fui concejal durante cuatro mandatos, asumí responsabilidades a nivel nacional y provincial, y participé como cabeza de lista en varias elecciones, enfrentando la pregunta: ¿confiará la gente en mí?

Más de 60.000 vecinos me dieron su voto. No alcanzó para ganar, pero fue una experiencia importante: cada voto representó a una persona que creyó que yo podía representarla, y eso no se borra por un resultado electoral.

Sigo teniendo desafíos. Estoy a pocas materias de recibirme de abogado. Continúo estudiando, aprendiendo y buscando superarme, porque llegar a un lugar no significa dejar de crecer.

No quiero que un cargo, una candidatura o una ambición personal definan mi existencia. No necesito ser intendente para sentir que mi paso por la política tuvo sentido. Tengo sueños, pero mi vocación no depende de alcanzarlos.

A quienes me cuestionan, a los incrédulos y a los que etiquetan y juzgan, les digo que no tengo demasiado que demostrar. No poseo la verdad ni soy perfecto; tengo mucho por mejorar. Pero no permitiré que la mirada ajena haga olvidar cuánto me costó llegar hasta aquí.

No elegí la política para sentirme importante; la elegí porque creo en su capacidad para transformar realidades.

Me mueve la misma motivación inicial: la indignación ante la injusticia, la impotencia frente a la falta de oportunidades y la necesidad de actuar cuando un vecino necesita ayuda y nadie lo escucha.

Quiero conservar esa sensibilidad: no acostumbrarme al sufrimiento ajeno, no mirar para otro lado y no olvidar a los que menos tienen.

No sé cuántos capítulos más tendrá mi historia política ni qué lugar ocuparé mañana. Sí sé que no quiero perder al joven que empezó desde abajo, que se esforzó por ganarse un lugar y que todavía cree que vale la pena luchar por los demás.

No necesito que todos crean en mí, ni que todos me quieran o me reconozcan.

Me basta con no traicionarme, con seguir creyendo en lo que hago y con saber que, desde el lugar que me toque ocupar, puedo ser útil para alguien.

Los cargos pasan, las elecciones terminan, los títulos quedan atrás y las etiquetas se olvidan.

Pero no debería perderse ni olvidarse la razón por la que uno eligió este camino:

Servir a los demás, especialmente a quienes más nos necesitan.

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