8 de septiembre de 2026
Buenos Aires, 15 C

Nueve meses en el USS Abraham Lincoln

El USS Frank E. Petersen Jr., parte del grupo de combate del Lincoln, atracó esta semana en el puerto de Sriracha, Tailandia

La llegada a Tailandia del portaaviones USS Abraham Lincoln y del destructor USS Frank E. Petersen Jr. proporcionó un alivio muy esperado para miles de marineros tras un despliegue récord en Oriente Próximo que había suscitado controversia por informes sobre el empeoramiento de las condiciones a bordo.

Entrevistas con más de una docena de tripulantes del Lincoln y del Petersen describen la presión que la guerra con Irán ha impuesto a las fuerzas estadounidenses, así como la capacidad de adaptación y la solidaridad entre la tripulación.

Durante su primer permiso en tierra después de nueve meses en alta mar, los marineros relataron periodos prolongados sin comunicaciones con sus familias y la tensión de no saber cuándo terminaría la misión. Para varios, la experiencia influyó en su decisión sobre continuar en la Marina.

«Este despliegue fue un punto de ruptura para mucha gente», dijo Lucas Shepardson, de 24 años, mecánico naval en el Petersen, y añadió que no renovará su contrato al regresar a su base en Hawái. «La gente simplemente se dio cuenta de que no quiere hacer esto durante otros 20 años».

Pese a las duras condiciones y las largas jornadas, la mayoría manifestó orgullo por cumplir su misión y señaló que la experiencia reforzó la camaradería en la tripulación.

De los aproximadamente 280 días en el mar, ambos buques pasaron cerca de 200 en una zona de combate activo. Desempeñaron un papel relevante en la Operación Furia Épica y en el bloqueo de puertos iraníes. Mientras que lo habitual es contar con permisos en tierra cada 30 o 45 días, los más de 5.000 marineros a bordo solo hicieron breves escalas técnicas —el Lincoln en Guam y Omán; el Petersen en Omán y en la base de Diego García— antes de atracar en el este de Tailandia para un permiso de cinco días.

Estos despliegues prolongados podrían volverse más frecuentes: el secretario de Guerra, Pete Hegseth, amplió recientemente el servicio de tropas en Oriente Próximo, incluidas tripulaciones navales y unidades antiaéreas y de paracaidistas, lo que indica que el conflicto podría prolongarse durante el próximo año, según fuentes consultadas.

La Armada no respondió a solicitudes de comentarios.

El USS Frank E. Petersen Jr., parte del grupo de combate del Lincoln, atracó esta semana en el puerto de Sriracha, Tailandia

El USS Frank E. Petersen Jr., parte del grupo de combate del Lincoln, atracó esta semana en el puerto de Sriracha, Tailandia. Sirachai Arunrugstichai/WSJ

El almirante Brad Cooper, comandante militar estadounidense en Oriente Medio, calificó el despliegue del Lincoln como «uno de los más intensos a nivel operativo y trascendentales de la era moderna». Cooper afirmó en un artículo publicado en The Wall Street Journal el 16 de agosto que el grupo de combate derribó más de 200 drones iraníes.

El Lincoln también fue foco de polémica por la campaña del presidente Trump contra Irán: reportes sobre racionamiento de alimentos, aseos atascados y problemas de salud mental generaron críticas de legisladores demócratas, mientras que el propio Trump dijo en agosto que la misión «no había durado ni de lejos lo suficiente».

Algunos veteranos sugirieron que el personal actual está menos preparado, opinión que los marineros consultados rechazaron como injusta y poco representativa del reto singular de permanecer desplegado más de nueve meses.

El Mando Central informó que a principios de agosto un marinero del Lincoln cayó por la borda y fue rescatado. Varias fuentes dijeron al Journal que el marinero se arrojó. El secretario interino de la Armada, Hung Cao, señaló que se atendieron «un número reducido de casos de salud mental sin pérdidas de vidas» y que las tasas de retención en el Lincoln estaban entre las más altas entre los portaaviones.

La intensidad operativa fue elevada: los escuadrones del Lincoln realizaron más de 10.000 salidas durante el despliegue. Según cuatro tripulantes, ese ritmo desgastó parte del recubrimiento antideslizante de la cubierta de vuelo, lo que la hacía resbaladiza con humedad; no obstante, los marineros dijeron haber gestionado la situación sin sentirse en riesgo.

Bryan Clark, del Hudson Institute, explicó que el desgaste del recubrimiento es habitual y que las tripulaciones suelen decapar y repintar las áreas durante las escalas en puerto, algo que probablemente no pudo hacerse durante los meses continuos en el mar del Lincoln.

Aun así, el Lincoln evitó varios percances que sí afectaron a otros portaaviones durante operaciones recientes. En julio un helicóptero del USS George H.W. Bush se estrelló en el mar Arábigo y falleció un marinero; en marzo un incendio en la lavandería del USS Gerald R. Ford hirió a dos tripulantes y dejó a 600 sin literas. En octubre de 2025, el USS Nimitz perdió un helicóptero y un caza en el mar de la China Meridional; y en abril de ese año un caza cayó al mar desde el USS Harry S. Truman en el mar Rojo, semanas después de una colisión con un mercante.

La Armada atribuyó parte de los incidentes del Truman a la escasez de personal y al cansancio de marineros sobrecargados.

Las tripulaciones de portaaviones, destructores y cruceros suelen trabajar en turnos de 12 horas los siete días de la semana, con pasillos y dormitorios estrechos. Los marineros de menor rango duermen en literas conocidas como racks, con poca privacidad.

Algunos miembros del Lincoln recibieron tiempo libre adicional cuando se prorrogó el despliegue. La dotación intentó mantener la moral con actividades recreativas, como concursos de deletreo y competiciones de sincronía labial.

Al comienzo de la misión, la conexión wifi se interrumpió unos dos meses por motivos de seguridad operativa. Con la excepción de un periodo de aproximadamente dos semanas, la mayoría de los tripulantes del Petersen mantuvo acceso al correo electrónico mediante ordenadores compartidos en una red segura, según explicó Shepardson.

La falta de wifi complicó las comunicaciones con familiares, ya que a menudo se formaban colas para usar las terminales compartidas.

En ocasiones las raciones se ajustaron para asegurar suministros, debido a las dificultades para reabastecer en zona de combate. En un momento dado, el Lincoln transfirió provisiones al Petersen, confirmaron cuatro marineros, tres del servicio de intendencia.

Michael Gonzales, del Petersen, dijo haber pasado jornadas con hambre, aunque otros compañeros afirmaron haber recibido siempre suficiente alimento. «Creo que se nos suministró la cantidad necesaria cada día», declaró Shepardson. «Sí, fue menos, pero desde luego fue suficiente».

Todos los entrevistados coincidieron en que lo más duro fue la incertidumbre sobre la fecha de finalización del despliegue: los días se volvieron indistinguibles y el cansancio aumentó a medida que se posponían las fechas de regreso.

Tras la misión, se espera que el Lincoln y la mayor parte de su tripulación sean reasignados a Bremerton, Washington, en lugar de retornar a San Diego. La falta de claridad sobre los plazos del traslado aumentó el estrés de quienes tienen familia, sobre todo los con hijos en edad escolar.

En tiempos de paz, los despliegues de portaaviones solían durar entre seis y ocho meses, pero en los últimos años se han alargado con más frecuencia. El USS Gerald R. Ford estuvo en el mar 11 meses antes de volver a puerto en mayo, el despliegue más largo de un portaaviones en décadas, aunque no estuvo tanto tiempo seguido sin escalas como el Lincoln.

Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido del inglés por V. Santos.

Artículo anterior

Putin prepara su teatro electoral, aparta incómodos y mide obediencia

Artículo siguiente

Peronismo presentó medidas contra la inseguridad en Vicente López

Continuar leyendo

Publicidad Izquierda del Artículo
Publicidad Derecha del Artículo

Últimas noticias

Comienza el Mundial en: