23 de octubre de 2026
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Escenarios para Donald Trump tras las elecciones intermedias

El presidente Donald Trump saluda a sus seguidores en la convención republicana del pasado septiembre.

Existe una expresión frecuente sobre los presidentes de Estados Unidos: se les llama “pato cojo” (lame duck) durante los algo más de dos meses que pasan desde que en noviembre se conoce al sucesor hasta la toma de posesión el 20 de enero, o cuando pierden alguna cámara en las elecciones de mitad de mandato y ya no pueden volver a presentarse, como en el caso de Donald Trump, que ya ha ocupado la presidencia en dos ocasiones.

El origen del término remonta a hace más de tres siglos en la Bolsa de Londres, donde describía a un inversor arruinado incapaz de atender sus deudas. El modismo llegó a Estados Unidos y quedó reflejado en una enmienda constitucional en la época de la Gran Depresión, que adelantó plazos para acortar el tiempo en que un presidente o congresista permanecía en el cargo tras saberse que no continuaría.

Para saber más

El presidente Donald Trump saluda a sus seguidores en la convención republicana del pasado septiembre.

Estados Unidos.

Midterms en EE. UU.: la lucha por el Congreso que condicionará el futuro político de Donald Trump hasta 2028

Redacción: PABLO R. SUANZES (corresponsal) en Washington

En las elecciones de mitad de mandato del próximo 3 de noviembre, el Partido Republicano de Donald Trump se juega el control del Senado —que hasta hace poco se consideraba seguro para ellos— y la Cámara de Representantes, que las encuestas sitúan a favor de los demócratas. En pocos días el presidente podría convertirse en un pato cojo. No es algo inédito —Barack Obama también vivió esa condición en 2012—, pero la imprevisibilidad de Trump complica las previsiones. ¿Qué escenarios se abren si los republicanos ganan ambas cámaras, si pierden una o si quedan en minoría en las dos?

Para abordar estas posibilidades consultamos a dos expertos en política estadounidense: Carlota García Encina, investigadora principal del Real Instituto Elcano, y José Antonio Gurpegui, catedrático de Estudios Norteamericanos y director del Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá.

Si los republicanos ganan las dos Cámaras

Según García Encina, una victoria republicana permitiría a Trump proseguir un uso extensivo del poder ejecutivo con pocos límites, e intentaría completar iniciativas ya iniciadas. Sin embargo, por su estilo errático y poco disciplinado, muchas de esas acciones podrían quedar a medias, como ha ocurrido en asuntos como Venezuela, Irán o la política migratoria.

Gurpegui recuerda que resulta arriesgado dar por sentadas las cosas con Trump: “Lo di por acabado hace cuatro años y dos años después ganó las presidenciales”. Subraya, no obstante, que los dos años que le quedan de mandato son un hecho objetivo, pese a las insinuaciones del presidente sobre cambios constitucionales para volver a presentarse. Perder las Cámaras no es extraordinario, pero la personalidad de Trump puede convertir una situación común en algo más inusual.

Para este experto, el resultado de estas elecciones marcará profundamente las presidenciales de 2028, especialmente dentro del Partido Republicano. Una victoria contundente de Trump podría consolidar al trumpismo dentro del partido y situar al vicepresidente JD Vance como el posible aspirante principal. Por el contrario, una derrota pondría el foco en el secretario de Estado Marco Rubio, que en los últimos tiempos se ha mostrado algo distanciado de Trump y ni siquiera participó en la reciente convención de Dallas.

Si los republicanos pierden alguna o las dos

García Encina apunta que si los demócratas recuperan, aunque solo sea, la Cámara de Representantes, la agenda interna de Trump quedaría notablemente limitada: la Cámara controla el presupuesto federal, clave para cualquier iniciativa, y puede activar comisiones de investigación. Esa pérdida de poder legislativo podría llevar al presidente a volcarse más en la política exterior.

Además, la apertura anticipada de la carrera de 2028 podría reducir la lealtad de algunos republicanos hacia Trump, que verían más importante preservar las opciones de su posible sucesor que respaldar decisiones del presidente. “En ese escenario su influencia dentro del partido se atenuaría y su condición de pato cojo sería más notoria”, señala la investigadora.

Gurpegui añade que Trump podría reaccionar mal ante una derrota legislativa, lo que generaría problemas domésticos. Es impredecible qué atajos podría intentar y qué papel jugaría la Corte Suprema ante medidas o planes que no salgan como él espera si pierde las cámaras.

Ambos expertos llaman la atención sobre los movimientos que pueden producirse en los meses entre los resultados y la constitución del nuevo Congreso. Desde la Casa Blanca ya han actuado rápidamente tras derrotas anteriores —tras 2020, por ejemplo, se firmaron los Acuerdos de Abraham con Marruecos y se nombró a una jueza del Supremo—. Se barajan rumores sobre cambios en el Gobierno, incluso la salida forzada de figuras polémicas como el secretario de Defensa, Pete Hegseth, para anticiparse a futuras controversias o investigaciones.

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