Austria declaró persona non grata a cuatro diplomáticos rusos por presuntas actividades de espionaje, con lo que ya son 18 los representantes de Moscú expulsados desde 2020. Estas medidas se suman a una oleada mayor en Europa tras la invasión de Ucrania: solo en 2022 más de 600 funcionarios rusos abandonaron el continente, de los que más de 400 fueron considerados presuntos espías, según el servicio de Inteligencia británico MI5.
El anuncio del Ministerio de Exteriores austriaco indica que las expulsiones afectan a tres miembros de la embajada rusa en Viena y a un representante de la delegación de Moscú ante la OSCE para asuntos de seguridad militar y control de armamentos. A las personas señaladas se les imputan actividades “incompatibles con su estatus diplomático”, una fórmula habitual para aludir a operaciones de inteligencia sin entrar en detalles.
La decisión se basó en informes de los servicios de seguridad austriacos. Según el semanario Profil, citado por la agencia APA, el Ministerio de Defensa había alertado en agosto a militares y reservistas sobre posibles contactos con agentes rusos y pidió su colaboración; las respuestas de esos militares habrían reforzado las sospechas sobre tres de los expulsados, a las que se sumó el representante acreditado ante la OSCE.
El caso tiene un precedente reciente: en mayo Austria expulsó a tres diplomáticos por el uso de antenas instaladas en edificios vinculados a la representación rusa en Viena, señaladas por los servicios de Inteligencia como posibles instrumentos para interceptar comunicaciones por satélite. “Es inaceptable que se utilice la inmunidad diplomática para cometer espionaje”, dijo entonces la ministra de Exteriores, Beate Meinl-Reisinger. Moscú rechazó la medida y anunció represalias.
Viena ha sido tradicionalmente un foco de espionaje debido a la concentración de organismos e intereses internacionales: la OSCE, el Organismo Internacional de Energía Atómica, varias agencias de la ONU y la OPEP, entre otros. Esa densidad diplomática facilita acreditar personal y establecer contactos amparados por la inmunidad, y su reputación como centro de espionaje, forjada en la Guerra Fría, se mantiene vigente.
Austria, país de neutralidad militar, fue inicialmente más reticente que otros Estados europeos a expulsar diplomáticos rusos, pero las decisiones recientes reflejan un endurecimiento de su postura. La ministra Meinl-Reisinger defendió estas medidas como un cambio de rumbo del Gobierno para reforzar la protección frente a operaciones dirigidas contra organismos internacionales.
Otros países europeos también llevaron a cabo expulsiones tras la invasión de Ucrania. España participó en esa oleada: en abril de 2022, el entonces ministro José Manuel Albares anunció la salida de alrededor de 25 diplomáticos y empleados de la embajada rusa por representar una amenaza a la seguridad nacional, en un contexto vinculado además a las matanzas de civiles en Ucrania. Alemania, ese mismo mes, expulsó a 40 miembros de las representaciones rusas; la ministra Annalena Baerbock afirmó que habían trabajado durante años contra la libertad y la cohesión de la sociedad alemana.
Francia ordenó en abril la salida de 41 representantes rusos —primero 35 y días después otros seis— tras desmantelar una operación clandestina atribuida a los servicios de Inteligencia de Moscú. En marzo, Países Bajos había expulsado a 17 personas que, según su Gobierno, actuaban con cobertura diplomática. Así, embajadas y consulados se convirtieron en otro frente de la confrontación con el Kremlin.
El Reino Unido marcó un precedente en 2018 tras el envenenamiento del exespía Serguéi Skripal y su hija en Salisbury, cuando Londres expulsó a 23 diplomáticos rusos identificados como agentes de inteligencia no declarados. Fue la mayor expulsión británica en más de tres décadas y anticipó el deterioro de las relaciones que la invasión de Ucrania agravó.
Moscú ha respondido con medidas recíprocas: en abril de 2022 ordenó la salida de 40 diplomáticos alemanes, igualando la cifra expulsada por Berlín. Las represalias también han afectado a la cooperación cultural. En septiembre, Alemania anunció el cierre de la Casa Rusa en Berlín y del consulado ruso en Bonn tras responsabilizar a Moscú de un intento de ataque con drones contra el aeropuerto de Leipzig/Halle; Rusia negó la acusación y respondió cerrando sedes del Goethe-Institut en su territorio y el consulado alemán en San Petersburgo.
Las expulsiones no se limitaron a Europa. Japón ordenó en abril de 2022 la salida de ocho diplomáticos y funcionarios rusos por la invasión de Ucrania. En Australia, en febrero de 2023, la prensa informó del desmantelamiento de una red rusa cuyos miembros abandonaron el país tras cancelar o no renovar visados; los servicios australianos confirmaron una operación contra una amplia red de espionaje, sin identificar públicamente al Estado responsable.

