9 de septiembre de 2026
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Ausentismo escolar pesa tanto como el origen socioeconómico

Ausentismo escolar pesa tanto como el origen socioeconómico

Los resultados de PISA 2025 confirman que el nivel socioeconómico es el principal factor asociado a las diferencias de aprendizaje en Argentina, pero además muestran que el ausentismo está muy relacionado con un menor rendimiento, independientemente del origen socioeconómico.

El 27,8% de los estudiantes argentinos de 15 años declaró haber faltado sin permiso al menos a una clase o a un día completo en las dos semanas previas a la evaluación. El ausentismo es más frecuente en los sectores de menores ingresos (33,8%), aunque también afecta a alumnos de los sectores más altos (19,2%).

Los alumnos que faltaron obtuvieron, en promedio, entre 30 y 38 puntos menos que quienes no faltaron, según la materia evaluada. Esta relación se observa en Matemática, Lectura y Ciencias y atraviesa todos los niveles socioeconómicos.

Al combinar ambas variables surge un hallazgo relevante: estudiantes de menor nivel socioeconómico con baja tasa de ausentismo obtienen mejores resultados que alumnos del nivel socioeconómico inmediatamente superior que faltan con frecuencia. Esto sugiere que factores vinculados a la relación cotidiana con la escuela pueden ayudar a reducir parte de las brechas asociadas al origen.

La desigualdad social sigue siendo un factor central, pero no explica por sí sola las diferencias en el aprendizaje. La asistencia regular aparece como una dimensión concreta sobre la que pueden intervenir familias, escuelas y políticas educativas.

El informe enfatiza, sin embargo, que se trata de una asociación y no de una relación causal: PISA no permite determinar si faltar provoca peor rendimiento, si las dificultades escolares inducen al ausentismo o si ambos fenómenos se retroalimentan.

En un contexto de desigualdades estructurales, PISA 2025 plantea una conclusión relevante: el origen socioeconómico importa, pero mantener el vínculo cotidiano con la escuela también puede marcar una diferencia significativa en las oportunidades de aprendizaje.

Florencia Daura, secretaria de Investigación de la Escuela de Educación de la Universidad Austral e investigadora del CONICET, señala que los datos confirman que el origen socioeconómico condiciona, pero que el hábito de asistir a la escuela influye de manera importante. Tras el 27,8% de ausentismo, además del bache académico de 30 a 38 puntos, hay una necesidad urgente de recuperar la centralidad de la educación integral y reforzar el vínculo entre la escuela y la familia, así como la orientación del proyecto de vida de los estudiantes.

Para Daura, la escuela funciona como un entorno protector: la asistencia regular no es solo una formalidad administrativa, sino la estructura donde se practican capacidades ejecutivas esenciales. Organizar el tiempo, vencer la apatía y sostener el esfuerzo diario son la base de la disciplina que facilita aprender a aprender.

Quienes faltan con frecuencia no solo pierden contenidos; muestran un progresivo desenganche afectivo y cognitivo con la institución, los compañeros y el grupo de referencia, que muchas veces actúan como factores protectores frente a riesgos externos. Para revertirlo es necesario fortalecer el compromiso académico y convertir el aula en un espacio de pertenencia donde la presencia de cada estudiante importe y refuerce su identidad.

Daura también destaca la importancia de cultivar la perseverancia y la proyección de futuro: la resiliencia se entrena mediante microrutinas escolares y el ejemplo de docentes y directivos. Actos cotidianos como llegar temprano y tomar la asistencia pueden asociarse a experiencias positivas que aumenten el sentido de pertenencia y la participación. La pregunta guía para líderes y alumnos es qué historia se quiere inspirar al llegar cada día.

La tutoría aparece como una respuesta concreta: la adquisición de hábitos requiere acompañamiento cercano que identifique a tiempo las causas del ausentismo, oriente a las familias y ayude a cada estudiante a reconocer qué les resulta significativo en la escuela y cuáles son sus fortalezas. Incluso una respuesta mínima puede ser un punto de partida.

También es esencial cuidar a quienes lideran la escuela. Los docentes y directivos no pueden sostener una mirada atenta desde el agotamiento; por eso la comunidad escolar y el sistema educativo deben brindarles espacios de escucha, oportunidades para fortalecer capacidades y soporte institucional. Ese cuidado es condición necesaria para que puedan, a su vez, acompañar y transformar la vida de los estudiantes.

Para que la escuela recupere su rol como vehículo de equidad es necesario volver a lo básico que fortalece a cada niño y niña: dar el ejemplo, acompañar y construir entornos donde la asistencia y la participación favorezcan el aprendizaje.

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