26 de octubre de 2026
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Lula frena el Escudo de las Américas de Trump

Lula frena el Escudo de las Américas de Trump

La remontada de Lula da Silva representó una victoria inesperada para la llamada Patria Grande —la aspiración a una integración latinoamericana liderada por fuerzas progresistas— en un contexto regional marcado por un giro hacia la derecha. Votos en países como Colombia, Chile, Bolivia y Perú, así como la pérdida de influencia venezolana, habían dejado en minoría a esa segunda ola progresista, en parte por el impulso desde Washington durante la presidencia de Donald Trump y su interpretación actualizada de la Doctrina Monroe.

Brasil, la principal potencia sudamericana, queda así en una posición distinta frente al llamado Escudo de las Américas, junto a Uruguay, gobernado por el Frente Amplio. Frente a ellos se sitúan gobiernos de Argentina, Colombia, Chile, Ecuador, Perú, Bolivia y Paraguay, además de Venezuela, que aunque ya no actúa como el gran financiador de iniciativas de la Patria Grande, sigue siendo un factor geopolítico incierto.

La presencia de Claudia Sheinbaum en la presidencia de México configura, junto con Lula, un bloque con capacidad para confrontar a Washington, cuando hasta hace poco formaban un triángulo que incluía al colombiano Gustavo Petro, ahora debilitado por escándalos de corrupción y de índole sexual.

Esa versión mermada de la Patria Grande mantiene el respaldo de las dictaduras de Cuba y Nicaragua. Brasil y México se muestran como defensores del régimen cubano y Lula no dudó en brindar un apoyo parcial a la cúpula de Daniel Ortega y Rosario Murillo en una reciente sesión extraordinaria de la OEA. El internacionalista Mariano de Alba explicó a EL MUNDO que la reelección de Lula frena el avance de la derecha en la región y limita el proyecto del Gobierno de EEUU de consolidar una América Latina alineada con Washington. Señaló también que, aunque en minoría en la región, Brasil y México tendrán el reto de sostener una política exterior autónoma mientras procuran mantener una relación funcional con la Administración estadounidense, lo que probablemente genere tensiones. En el caso de Lula, De Alba agregó que su gobernabilidad interna será compleja porque la derecha ganó más espacio político en Brasil.

La coincidencia del triunfo electoral de Lula, que le otorga un cuarto mandato, con el regreso masivo de María Corina Machado a Venezuela el 25 de octubre puso de relieve los debates sobre democracia en el vecino país. Las buenas relaciones pasadas de Lula con Hugo Chávez y Nicolás Maduro, y su actitud ante las denuncias de fraude electoral y la represión en 2024, han generado un amplio rechazo en sectores venezolanos, si bien Bolsonaro tampoco contaba con el apoyo unánime.

La ciberconsultora política Carmen Beatriz Fernández manifestó a este periódico que consideraba a ambos candidatos poco favorables para la causa democrática venezolana y que la elección fue, en su momento, optar por el menos malo. En su evaluación, Lula resultó preferible para la oposición venezolana porque Bolsonaro era el aliado natural de Trump y probablemente habría actuado conforme a los intereses de Washington, que no priorizan la restauración de la democracia en Venezuela.

¿Cuándo se confrontarán de nuevo estos bloques ideológicos? Sin elecciones inmediatas, la Cumbre Iberoamericana de Madrid, prevista para la próxima semana, puede arrojar luces sobre el nuevo mapa geoestratégico regional. De Alba señaló que aún no está claro si Lula asistirá, pero que la cumbre podría servir a algunos gobiernos para mostrar la posibilidad de actuar con mayor autonomía respecto a Washington. Admitió, sin embargo, que no hay consenso, porque la mayoría de los gobiernos latinoamericanos han optado por alinearse con los intereses estadounidenses; en ese contexto, que Brasil y México mantengan políticas exteriores no condicionadas por Washington constituye un contrapeso y abre espacio para que otros gobiernos adopten una postura similar.

A un mes de las elecciones generales en España, Pedro Sánchez tiene la oportunidad de reforzarse con aliados internacionales para consolidar su discurso crítico frente a Trump. Fernández considera que Lula es un activo para Sánchez, que puede aprovechar tanto la remontada brasileña como la movilización de activistas. Destaca que la campaña de Lula supo movilizar a ciudadanos desencantados: unos 11 millones de voluntarios en grupos de WhatsApp fueron, según ella, una herramienta clave para revertir en tres semanas lo que parecía una derrota en la primera vuelta; un modelo de movilización que Sánchez intentaría replicar.

Fernández añade que esa estrategia podría verse reforzada por el resultado en EEUU si, como señalan algunas encuestas, los demócratas obtuvieran una victoria amplia. Recuerda además que Sánchez ya intentó internacionalizar su campaña contra Trump y Le Pen con el spot del Guernica, realizado en inglés, concluyó la consultora.

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