Steve Witkoff, enviado especial del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, comunicó este martes en redes sociales que delegaciones de Rusia y Ucrania se reunirán los próximos días 10 y 11 en Abu Dhabi para una nueva ronda de negociaciones.
Horas después Moscú confirmó la convocatoria y Dmitry Peskov, portavoz del Kremlin, afirmó que la delegación rusa estará encabezada por Vladimir Kandinsky, el asesor de Vladimir Putin que ya dirigió los contactos celebrados en febrero.
Según Witkoff, las conversaciones abordarán acuerdos de seguridad para el período posbélico, medidas de desescalada, iniciativas humanitarias y pasos hacia una paz duradera.
El mensaje de Witkoff añadía que representantes estadounidenses se reunirán igualmente esta semana con funcionarios de varios países europeos, de la UE y de la OTAN para tratar garantías de seguridad para Ucrania, la arquitectura de seguridad europea en la posguerra y posibles apoyos económicos para la reconstrucción ucraniana.
El anuncio supone la reactivación de los contactos directos entre ambos países, los primeros desde el diálogo de principios de año, que quedó estancado cuando Rusia exigió la entrega por parte de Ucrania de las zonas que aún controla en el Donbás.
Tras semanas de actividad diplomática para superar ese punto muerto, Witkoff se reunió en octubre en Moscú con Putin para proponer la reanudación de un diálogo a tres bandas, según explicó entonces el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski.
El acercamiento bilateral se inició con la tregua que Kiev y Moscú lograron la semana pasada para evacuar a cientos de personas de Oleshki, en Jersón, donde la mediación de la primera dama de EEUU, Melania Trump, jugó un papel relevante. Melania Trump anunció que recibirá a representantes de ambos países este jueves en la Casa Blanca.
Como parte del intento por avanzar en una salida negociada, más de 3.000 soldados de una docena de países europeos participarán este mes en maniobras en Polonia para ensayar un posible despliegue en Ucrania si se alcanza un cese de hostilidades.
Sin embargo, el renovado esfuerzo diplomático choca con la desconfianza de analistas y con la situación sobre el terreno, marcada por una oleada de ataques aéreos rusos que en las últimas 48 horas han causado decenas de muertos y heridos.
El episodio más letal se produjo en la aldea de Komyshuvakha, en la región de Zaporiyia, donde el impacto de varias bombas Cab, de gran peso, destruyó un centro de distribución de ayuda humanitaria que alojaba a decenas de personas.
Las imágenes difundidas muestran un escenario de destrucción: profundas hondonadas y escombros, mientras los equipos de rescate —que también fueron blanco de ataques— han trabajado durante horas recuperando cuerpos y restos.
El balance provisional señalaba 31 fallecidos y cerca de medio centenar de personas desaparecidas.
“La magnitud de la tragedia es grave”, declaró la autoridad local Mykhailo Semikin.
Ese incidente precedió a un amplio bombardeo con misiles y drones contra infraestructuras energéticas y otras instalaciones estratégicas en al menos 10 regiones de Ucrania, desde Odesa hasta el oeste del país, durante la madrugada del lunes al martes. Al menos dos personas murieron en esos ataques.
El diario The Kyiv Independent calificó la acometida como “el ataque más masivo contra las instalaciones energéticas de Ucrania este año”.
Entre los objetivos reportados estuvieron centrales térmicas, centros de distribución eléctrica, trenes, un hospital y un hospicio.
Otra bomba Cab dañó parcialmente un hospital en Járkiv, con más de 60 heridos entre pacientes y personal. Cientos de miles de personas se quedaron sin electricidad, calefacción ni agua caliente en las zonas afectadas.
Horas antes, Zelenski advirtió que Rusia podría aprovechar que la atención internacional está centrada en los comicios de EEUU para intensificar sus ataques.
“La suposición es que el mundo estará pendiente de las elecciones en Estados Unidos y que lo que ocurre aquí en Ucrania pasará a un segundo plano”, dijo en su alocución nocturna.
Las fuerzas rusas continúan aprovechando la escasez de misiles interceptores en Ucrania y la efectividad de sus nuevos drones a reacción, los Geran-4 y Geran-5.
Zelenski indicó que Moscú empleó 76 misiles y 289 drones en estas operaciones, cifras que ilustran la dimensión del ataque.
Según estadísticas ucranianas, la defensa aérea logró interceptar el 66% de los drones a reacción en octubre, un aumento en la proporción de derribos; ese mes, las fuerzas rusas lanzaron 6.473 aparatos de este tipo y de modelos más antiguos.
El think tank Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) señaló que Rusia también ha incrementado el uso de misiles de bajo coste, como los Banderol y Dan-T, para sacar partido de la escasez de interceptores ucranianos.
El ISW evaluó que Putin apuesta por un bombardeo sostenido con la esperanza de imponer un costo creciente a la sociedad ucraniana, generar dificultades suficientes para debilitarla y aumentar la presión política hacia concesiones, pese a los antecedentes de fracaso de esta estrategia.
En redes, Zelenski aseguró que, si Rusia realmente buscara una desescalada, tras Oleshki —donde una tregua humanitaria permitió evacuar a cientos de civiles la semana pasada— se podrían haber mantenido medidas humanitarias, como propuso Ucrania. “Pero Rusia continúa con las matanzas”, añadió.
El cese temporal de hostilidades en Oleshki fue el primero de este tipo aceptado por ambas partes desde el inicio de la invasión general en 2022.

