30 de octubre de 2026
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Estados Unidos ante las amenazas antisemitas y la disputa por el término genocidio

Estados Unidos ante las amenazas antisemitas y la disputa por el término genocidio

Raul Hilberg sostiene en La destrucción de los judíos europeos que la cooperación forzada y la pasividad de los Judenräte facilitaron el exterminio. Hannah Arendt recogió esa idea en Eichmann en Jerusalén y convirtió la organización y la sumisión de los consejos judíos en uno de los capítulos más polémicos de su ensayo, vinculado a la conocida expresión «la banalidad del mal». El Holocausto y la creación del Estado de Israel en 1948 están históricamente entrelazados, lo que complica distinguir entre las críticas a las políticas de Israel y el antisemitismo para algunos observadores.

Esa historia de pasividad se contrasta hoy con la postura beligerante de Israel en defensa y política exterior, y con una vigilancia permanente ante posibles ataques. Se observa en las medidas de seguridad en sinagogas, en protocolos universitarios y en la monitorización de redes sociales. Según la Liga Antidifamación, en Estados Unidos se registraron casi 25.000 incidentes antisemitas en los últimos tres años, que van desde pintadas con esvásticas hasta insultos y tiroteos. El 21 de mayo de 2025, un hombre de 30 años mató a dos empleados de la embajada de Israel frente al Museo Judío de Washington; confesó haber actuado por Gaza y llevaba una kufiya. En 2024, las sinagogas y entidades judías estadounidenses recibieron 627 amenazas de bomba.

Un sondeo del New York Times de septiembre de 2025 mostró por primera vez desde 1998 que más estadounidenses se colocaban del lado palestino que del israelí. Ese mismo estudio indicó que el 40% creía que Israel mata a civiles de forma intencional y que el 51% desaprobaba que Estados Unidos aumentara su ayuda económica y militar a Israel. Tendencias similares se mantuvieron en otros sondeos durante 2026, y entre los más jóvenes la simpatía por los palestinos es mayor: en febrero Gallup halló que solo el 23% se inclina más por Israel, un mínimo histórico.

Una encuesta del Pew Research Center en marzo señaló que el 60% de los estadounidenses tiene una opinión desfavorable de Israel, cifra que sube al 80% entre votantes demócratas. Ese clima se reflejó en victorias electorales como las de Abdul El-Sayed en las primarias demócratas al Senado en Michigan y de Zohran Mamdani en la alcaldía de Nueva York; ambos califican de “genocidio” las represalias israelíes en Gaza tras el atentado del 7 de octubre y cuestionan la política tradicional proisraelí.

El antisemitismo figura entre las preocupaciones del Gobierno de Trump. En diciembre de 2019, durante su primer mandato, se incorporó a los organismos oficiales la definición de antisemitismo de la IHRA (Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto): una percepción sobre los judíos que puede manifestarse como odio, y que se dirige a personas, bienes, instituciones comunitarias y lugares de culto. Biden mantuvo ese texto durante sus cuatro años. El 29 de enero de 2025, poco después del inicio de su segundo mandato, Trump reforzó la aplicación de esa definición para combatir el antisemitismo con herramientas legales estatales, lo que permite actuaciones en universidades y considerar el antisemitismo como causa de inadmisibilidad migratoria para estudiantes extranjeros.

Pocos meses después, Trump nombró a Yehuda Kaploun enviado especial del Departamento de Estado para vigilar y combatir el antisemitismo. En la víspera del aniversario del 7 de octubre —ataque que causó la muerte de unos 1.200 israelíes y que desencadenó la ofensiva en Gaza— Kaploun declaró que se habían revocado 250.000 visados y que se trabajaba con aliados para incorporar la definición de antisemitismo en la lucha contra los crímenes de odio. No todos esos visados se revocaron por motivos antisemitas. El uso legal de la definición plantea dudas sobre la línea entre libertad de expresión y delito, y sobre si críticas al Estado de Israel deben considerarse antisemitismo.

Miami alberga la tercera comunidad judía más grande de Estados Unidos, tras Nueva York y Los Ángeles. El 7 de octubre, dos jóvenes que sobrevivieron al ataque en el festival Nova, Maya Izoutcheev y Yarin Hadida, se reunieron con supervivientes del Holocausto, Saul Blau y Allan Hall; el encuentro culminó en un abrazo. Uno de los supervivientes zanjó la cuestión del supuesto “genocidio” por las acciones de Israel en Gaza señalando que, según su juicio, el verdadero daño lo había causado Hamas mediante túneles y gastos en terrorismo en lugar de en la seguridad de su propia población.

Las palabras «antisemitismo» y «genocidio» encabezan el debate político más conflictivo, con impacto en las elecciones de medio mandato que pueden definir el control de la Cámara de Representantes y el Senado. Dentro del movimiento MAGA existen sectores que cuestionan el apoyo a Israel, una división reciente en el partido republicano. Ese escepticismo ha sido amplificado por figuras mediáticas como Tucker Carlson, quien ha hecho afirmaciones polémicas sobre la Segunda Guerra Mundial y ha criticado la relación de Trump con Israel; otros comentaristas también han relativizado el papel de líderes como Churchill.

Las sinagogas disponen de cerca de 41.000 voluntarios formados específicamente para prevenir ataques, denominados bitajón. Ese esfuerzo preventivo tiene sentido en el contexto de las preocupaciones sobre cooperación forzada durante el Holocausto que planteó Hilberg. Solo en Miami se estima un gasto anual de alrededor de mil millones de dólares en medidas de prevención contra actos antisemitas.

La sheriff Rosie Cordero-Stutz cuenta entre sus colaboradores con un rabino apellidado Rosenberg para identificar incidentes antes de que ocurran. De nuevo surge la tensión entre libertad de expresión y delito. Miami dispone de miles de cámaras, drones y lectores de matrículas; la Universidad Internacional de Florida tiene una unidad de seguridad específica para proteger a estudiantes judíos. Es probable que esos dispositivos contribuyan a que los incidentes antisemitas sean pocos en la ciudad. La comunidad judía en Miami es prospera; no es casualidad que Ivanka Trump y Jared Kushner residan allí y que se hayan incorporado al exclusivo club de Indian Creek. Kushner, además, ha actuado como emisario de Trump para promover que países árabes se adhieran a los Acuerdos de Abraham y reconozcan a Israel.

El rabino Rosenberg compara el repunte actual del antisemitismo con una moda, aludiendo al fenómeno viral del ice bucket challenge. Observa que en círculos de la alt right conviven escepticismo sobre vacunas y argumentos negacionistas o relativizadores del Holocausto, que pueden derivar en afirmaciones sobre la supuesta sumisión de Estados Unidos a intereses israelíes. Para el responsable del memorial del Holocausto de Miami, la ciudad es, después de Israel, uno de los mejores lugares del mundo para ser judío.

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