Emmanuel Macron pidió a su primer ministro, Sébastien Lecornu, que «dé respuestas a las demandas legítimas que están en la raíz de este movimiento social». Durante su visita a Marsella, que sufrió hasta 30.000 actos de pillaje y violencia el 17 de octubre, el presidente distinguió entre los disturbios urbanos esporádicos y «las movilizaciones de los estudiantes de secundaria y por el coste de la vida».
Los sindicatos estudiantiles mantuvieron la convocatoria de nuevas movilizaciones para el 31 de octubre y el 5 de noviembre tras reunirse con Lecornu. Tras cubrir más de 3.000 plazas docentes vacantes, el Gobierno aceptó reformas: cambios en la plataforma Parcoursup, un tope de 28 alumnos por clase, 16.000 plazas adicionales en la educación superior, la creación de un fondo para la renovación de institutos y la subida de las becas ligada a la inflación.
«Ha habido avances, pero aún no es satisfactorio», declaró Louis Letoublon, vicepresidente de la organización Les Lycéens, a la salida del encuentro. «Seguiremos la lucha y llegaremos hasta el final», añadió.
Macron advirtió que «el próximo sábado sigue siendo un día de riesgo» y reconoció la falta de previsión del Gobierno ante la explosión de violencia del 17-O. Aseguró que la situación estuvo «bajo control» el pasado sábado y consideró innecesario declarar el estado de emergencia. «Aunque vamos a seguir trasladando las manifestaciones autorizadas fuera de los centros urbanos para evitar disturbios», afirmó.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, informó de que los toques de queda en puntos conflictivos seguirán esta semana y anunció que habrá «una respuesta policial robusta» ante las nuevas protestas del 31 de octubre. Aunque dijo que la situación estuvo «bajo control» el 24 de octubre, el balance final fue mayor de lo anunciado inicialmente: 1.435 detenciones, 267 agentes y 150 manifestantes heridos, tres de ellos de gravedad.
«Es el momento del debate, no de la violencia», subrayó Macron en Marsella. «Nuestro país merece un gran debate democrático a falta de seis meses para las elecciones presidenciales. No podemos permitir que nos roben las elecciones los profesionales del caos y del desorden, los vándalos y los saqueadores».
El presidente también señaló «la presencia de fuerzas de extrema izquierda que se sumaron masivamente en muchas ciudades» y afirmó que «la respuesta ante esto no puede ser otra que la seguridad». Asimismo, criticó el papel de las redes sociales en estos acontecimientos.
«Las redes desempeñan un papel a la hora de polarizar a la gente y alimentar la violencia», dijo Macron, añadiendo que dañan la democracia porque insensibilizan ante la violencia y, para algunos, sirven como instrumentos de movilización para lo peor. A su lado, el alcalde socialista de Marsella, Benoît Payan —que pidió refuerzos policiales para evitar el asalto al Ayuntamiento— recordó que «no hay que enfrentar a la policía con los manifestantes» y advirtió del riesgo de «predisponer a unos franceses contra otros».
El sábado fueron detenidos 11 militantes de ultraderecha en enfrentamientos con grupos de ultraizquierda en Niza y Montpellier. Nuñez expresó su preocupación por posibles choques entre extremos después de detectar la movilización de «activistas e identitarios» en las protestas del sábado.
Por su parte, el primer ministro Sébastien Lecornu se reunió este lunes con representantes estudiantiles. Hasta ahora, la única concesión del Gobierno ha sido el despliegue de más de 3.000 profesores para cubrir vacantes. Los estudiantes denuncian el abandono de muchos edificios, el elevado número de alumnos por aula, la rigidez de los horarios y la falta de transparencia de Parcoursup para el acceso a la educación superior.

