28 de febrero de 2026
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Alces en Alaska: riesgos y cómo evitarlos

El alce sorprende por su tamaño y por comportamientos que lo alejan de la imagen pacífica asociada a los bosques: su envergadura y hábitos lo convierten en uno de los animales más imponentes del hemisferio norte.

¿Por qué el alce destaca por su tamaño y hábitos?

Un alce adulto puede medir alrededor de dos metros (6,5 pies) a la altura de los hombros y pesar entre 360 y 680 kilogramos (794 y 1.500 libras). Solo los machos desarrollan astas, que pueden alcanzar hasta 1,8 metros (6 pies) de ancho. Presenta un pelaje oscuro y patas largas que le permiten moverse con facilidad en terrenos pantanosos; estas características le confieren adaptación tanto a bosques densos como a humedales, según HowStuffWorks.

Es herbívoro: su dieta incluye hojas, brotes, corteza y plantas acuáticas. En verano puede consumir hasta 25 kilogramos (55 libras) de vegetación al día. Prefiere una vida solitaria, salvo en la época de cría o cuando una hembra cuida a sus crías.

Aunque suele evitar el contacto humano, puede mostrarse agresivo si se siente amenazado o acorralado, por lo que requiere precaución por parte de quienes visitan su hábitat.

¿Son más peligrosos que los osos en Alaska?

En Alaska, los alces están implicados en más incidentes con personas que los osos. Esto se debe en gran parte a que los alces se aproximan con más frecuencia a áreas urbanas en busca de alimento, lo que aumenta la probabilidad de encuentros. Datos recopilados por HowStuffWorks indican que los ataques de alces superan en número a los de osos cada año.

El riesgo es mayor en zonas urbanas y suburbanas, donde buscan comida durante inviernos duros y pueden aparecer en carreteras, jardines o estacionamientos. Si se sienten acorralados, su reacción puede ser violenta y repentina.

A diferencia de muchos osos, que suelen evitar el contacto y solo atacan si se sienten gravemente amenazados, los alces pueden reaccionar por molestia o para defender a sus crías, lo que provoca más encuentros conflictivos en áreas habitadas.

¿Cuáles son los factores que provocan los ataques?

Los ataques de alce suelen ocurrir cuando el animal se siente amenazado o incómodo. Un factor clave es la protección de las crías: las hembras son especialmente agresivas en primavera y principios del verano para defender a sus cervatillos de posibles amenazas, incluidas personas y mascotas.

Otra época de riesgo es el otoño, durante la temporada de apareamiento, cuando los machos son más irascibles y propensos a reaccionar ante competidores o estímulos que interpreten como un desafío.

El hambre y el agotamiento en invierno también influyen: la escasez de alimento puede llevar a los alces a acercarse a zonas habitadas. Si se sienten acorralados por personas, vehículos o perros, la probabilidad de ataque aumenta notablemente.

Por lo general evitan el contacto, pero pueden reaccionar de forma repentina si perciben que no tienen salida o interpretan un movimiento como una amenaza.

¿Cómo evitar ataques?

La prevención es clave para reducir el riesgo de encuentros peligrosos. Mantener distancia es la recomendación principal, sobre todo ante una hembra con crías o un macho en la temporada de apareamiento. No se debe intentar acercar para fotografiar ni alimentar al alce.

Si se observa un alce, conviene tomar rutas alternativas y evitar gestos o movimientos que puedan interpretarse como amenazantes. Señales de irritación incluyen fijar la mirada, echar las orejas hacia atrás o erizar el pelo de la espalda; estas conductas advierten de un posible ataque inminente.

Si el alce embiste, es aconsejable buscar un refugio sólido, como un árbol robusto o un vehículo. Si la persona cae, debe proteger cabeza y cuello con los brazos y permanecer inmóvil hasta que el animal se retire; según HowStuffWorks, levantarse o moverse mientras el alce está cerca puede prolongar el ataque.

Los perros suelen aumentar la agresividad del alce, por lo que deben mantenerse controlados y a distancia en áreas donde estos animales son frecuentes.

Accidentes de tránsito y alces

Los choques entre vehículos y alces suponen un riesgo importante en Alaska: cada año se registran cientos de alces atropellados. El gran tamaño y peso del alce hacen que las colisiones puedan provocar daños severos en los vehículos y lesiones graves o fatales a las personas implicadas.

La mayoría de estos incidentes ocurre en invierno, cuando la nieve y el hielo empujan a los alces a desplazarse por rutas despejadas en busca de alimento. La visibilidad reducida y la mayor actividad de alces cerca de las carreteras incrementan las posibilidades de encuentros inesperados.

Para minimizar riesgos, las autoridades recomiendan conducir con precaución en zonas señalizadas como pasos de alces, especialmente al amanecer y al anochecer. Es importante reducir la velocidad en condiciones de visibilidad limitada y vigilar atentamente el entorno en busca de animales.

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