Cuando el ayatolá Alí Khamenei autorizó en 2022 el envío de drones Shahed a Rusia para su uso en Ucrania, probablemente no imaginó que esa transferencia tecnológica terminaría revirtiéndose. Tres años después, Moscú responde con apoyo ampliado hacia Irán: imágenes satelitales en tiempo real, componentes mejorados para los propios Shahed y asesoría táctica derivada de la experiencia en el frente ucraniano. Irán, desde el 28 de febrero de 2026, mantiene un conflicto abierto con Estados Unidos e Israel.
El Wall Street Journal informó que Rusia intensificó su cooperación militar con Irán desde los primeros días del actual conflicto, entregando imágenes de satélite directamente al régimen iraní para ayudar a localizar fuerzas estadounidenses y aliadas en la región. La información fue verificada de forma independiente por CNN, NBC News y The Washington Post, que citan a un alto funcionario europeo de inteligencia y a un diplomático de Oriente Medio entre sus fuentes.
Según las investigaciones, Rusia suministró a Irán componentes modificados de los Shahed para mejorar comunicaciones, navegación y resistencia a la guerra electrónica, y ofreció indicaciones tácticas sobre el número de drones a emplear en cada ataque y las altitudes de vuelo más eficaces para derrotar defensas. Esas mejoras proceden directamente de las lecciones aprendidas en Ucrania, donde, según autoridades ucranianas, las fuerzas rusas han lanzado más de 57.000 drones Shahed desde el inicio de la invasión a gran escala.
En Ucrania, los ingenieros rusos introdujeron adaptaciones como recubrimientos para operaciones nocturnas, ojivas termobáricas y sistemas de navegación menos vulnerables al bloqueo de señales, modificaciones que ahora se habrían trasladado al uso iraní.
Las imágenes satelitales provienen de la red militar gestionada por las Fuerzas Aeroespaciales rusas (VKS). A diferencia de los escasos y limitados satélites de reconocimiento iraníes, la constelación rusa permite seguir buques en movimiento, detectar emplazamientos de radares y centros de mando, y evaluar daños tras ataques.
Jim Lamson, investigador visitante en el King’s College de Londres y exanalista de la CIA experto en el ejército iraní, señaló que si esas imágenes incluyen detalles sobre tipos de aeronaves, depósitos de munición, sistemas de defensa aérea o movimientos navales, aportarían “un valor de inteligencia real” a Irán, según reportó The Wall Street Journal.
El 1 de marzo, un dron iraní destruyó el radar de alerta temprana del sistema THAAD en la base aérea jordana de Muwaffaq Salti. Ese mismo día, Irán atacó instalaciones en Bahréin, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos; en Kuwait, un dron impactó el puerto de Shuaiba, donde había tropas estadounidenses, causando la muerte de seis militares. La precisión de esos golpes, enfocada en radares y centros de mando y control, sorprendió a analistas que vieron paralelos con los patrones de ataque rusos en Ucrania.
Nicole Grajewski, profesora del Sciences Po y especialista en la cooperación ruso-iraní, afirmó al Wall Street Journal que “los paquetes de ataque iraníes han llegado a parecerse mucho a lo que hace Rusia”, subrayando la convergencia táctica entre ambos países.
Rusia e Irán no tienen un tratado formal de defensa mutua, pero desde la invasión rusa de Ucrania su relación se ha profundizado: comisiones conjuntas de aprendizaje militar, intercambios de delegaciones y entrenamiento de tropas. Moscú incluso participó en la construcción y el lanzamiento de uno de los satélites de reconocimiento más recientes de Teherán. Asimismo, cuando Rusia desplegó Shahed en Ucrania, decenas de oficiales iraníes viajaron a Crimea para observar su empleo en combate, una visita técnica que anticipó la cooperación observada hoy en el golfo Pérsico.
Sin embargo, la colaboración tiene límites. El enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, encargado de las negociaciones con Moscú, aseguró esta semana que funcionarios rusos afirmaron no estar proporcionando inteligencia para elegir objetivos. El presidente Donald Trump admitió públicamente que Rusia podría estar asistiendo a Teherán “un poco”. Analistas indican que el Kremlin modula su apoyo para evitar tensiones directas con la administración estadounidense.
Lamson indicó que, aunque las categorías de ayuda rusa son acotadas, resultan valiosas para la capacidad iraní de atacar objetivos militares concretos, según declaró a The Wall Street Journal.
Moscú también obtiene beneficios estratégicos del conflicto. El cierre del estrecho de Ormuz —por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado mundial— elevó el Brent por encima de los 100 dólares el barril en la primera semana de marzo, favoreciendo a una economía rusa dependiente de los hidrocarburos para financiar la guerra en Ucrania. Además, el aumento de interceptaciones en el Golfo agota el suministro de misiles interceptores de Estados Unidos y sus aliados, recursos que Ucrania necesita para su propia defensa aérea.
Samuel Charap, titular de la cátedra de Rusia y Eurasia en el Instituto RAND, sintetizó la perspectiva del Kremlin: Moscú considera la situación una oportunidad para “devolver” un daño similar al que, según ellos, Estados Unidos inflige a Rusia al apoyar a Ucrania con inteligencia, en sus palabras, “una dosis de nuestra propia medicina”.



