14 de abril de 2026
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Fuga de capitales de mercados emergentes en marzo

Entre los efectos globales observados hasta ahora por el conflicto bélico en Medio Oriente se destacan cambios significativos en los flujos de capital hacia los mercados emergentes.

El patrón de los flujos en distintas regiones

Los patrones regionales confirman esta tendencia: Asia emergente concentró la mayor parte del deterioro en marzo, con salidas totales de cartera por u$s55.700 millones, casi enteramente provenientes de la renta variable (u$s53.700 millones), mientras que los flujos de deuda fueron apenas negativos, con u$s2.000 millones. Según la entidad, esto refleja que Asia fue el principal canal de transmisión del shock de marzo, dada su mayor exposición a precios petroleros más altos, riesgos de suministro de combustible y el reposicionamiento en acciones vinculadas a la tecnología.

En la práctica, durante el primer mes completo tras el estallido de la guerra, Asia emergente absorbió casi la totalidad de la reversión en renta variable de los mercados emergentes. Otras regiones resistieron mejor, aunque ninguna quedó completamente aislada del impacto.

Latinoamérica se mostró relativamente resiliente, con salidas totales de cartera de u$s900 millones en marzo. La deuda registró salidas por u$s2.200 millones, pero la renta variable atrajo u$s1.400 millones, lo que sugiere que el respaldo de las materias primas y el atractivo relativo del “carry trade” ayudaron a amortiguar el efecto en la región.

Europa emergente sufrió salidas totales de u$s4.300 millones (u$s1.600 millones en deuda y u$s2.600 millones en renta variable), una caída moderada y muy inferior a la venta masiva observada en Asia. La región de Medio Oriente y Norte de África registró salidas por u$s9.500 millones, impulsadas principalmente por la deuda (u$s8.400 millones), mientras que la renta variable salió por u$s1.100 millones. El IIF apunta que los precios más altos del petróleo no se tradujeron automáticamente en mayores entradas de capital para la región: el acceso a los mercados, la cercanía al conflicto y la aversión generalizada al riesgo siguieron influyendo de forma significativa en los flujos de inversión.

Los economistas de la entidad identifican varios mecanismos que explican el patrón observado en marzo. Primero, la guerra provocó una clásica revalorización del riesgo petrolero, pero el efecto inicial en los mercados emergentes se transmitió más por las acciones que por la deuda, probablemente porque las asignaciones en renta variable reaccionan con mayor rapidez a grandes perturbaciones geopolíticas que amenazan el crecimiento y los márgenes. Segundo, la carga recayó de forma desproporcionada sobre los importadores de energía, especialmente en Asia, donde la alta dependencia de los flujos energéticos del Golfo y la mayor rigidez de los mercados físicos de crudo y productos refinados tuvieron un impacto más directo. Tercero, el conflicto llegó cuando el posicionamiento ya estaba extendido tras entradas excepcionalmente fuertes en enero: esa acumulación previa de riesgo resultó vulnerable a una reversión abrupta. Al mismo tiempo, los datos de marzo no indican todavía un episodio de financiación de mercados emergentes completamente generalizado.

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