El playón de cemento reflejaba el sol mendocino mientras los generales Videla y Pinochet caminaban por la pista. El jueves 19 de enero de 1978 se reunieron en la base aérea de El Plumerillo para intentar resolver las diferencias sobre las islas australes.
Tras ocho horas de deliberación no se alcanzó un acuerdo definitivo; solo firmaron un borrador provisional. Un mes después volvieron a encontrarse, esta vez en Puerto Montt, Chile.
Videla recordaría más tarde que había viajado confiado en la propuesta de Pinochet, pero que aquel había cambiado su postura al llegar: “El dibujo ése que yo le entregué y firmamos los dos en Mendoza no va más, la junta no lo acepta. Olvídese”. [1] Esto quebró la buena voluntad entre las partes y aceleró los preparativos para un eventual enfrentamiento armado.
El desacuerdo sobre el límite no se reducía al llamado “martillo” —que abarcaba el Canal de Beagle y las islas Lennox, Picton y Nueva—, sino que se extendía hacia el sur, en dirección a la Antártida, el verdadero foco de intereses contrapuestos de ambos países.
Los hitos naturales
En el entorno del Cabo de Hornos hay un conjunto de pequeñas islas que actúan como mojones naturales; las principales son Evout y Barnevelt, rocas que afloran en uno de los mares más peligrosos del mundo.
Para Argentina estas islitas tenían un valor simbólico y estratégico: marcaban la frontera marítima, limitaban las pretensiones chilenas y reforzaban el principio bioceánico que postulaba “Argentina en el Atlántico y Chile en el Pacífico”. La posesión efectiva de esas islas influiría en proyecciones marítimas y antárticas futuras.
También se consideró la isla más occidental, Deceit, como parte de una franja de amortiguación. Junto con Wollaston y Hermite, formaban un archipiélago inhóspito a unos 140 km al sur de Ushuaia, de clima semiantártico, con vientos fuertes, bruma permanente y sin población civil estable.
La crisis del Beagle y las islas australes
Tras declarar nulo el laudo arbitral sobre el Canal de Beagle y las islas australes, comenzaron a diseñarse planes militares para defender los intereses argentinos. Debido a la importancia de Evout y Barnevelt, el foco se desplazó al Cabo de Hornos y se planificó garantizar su posesión mediante acciones que incluyeran Deceit.
El despliegue insular
El centro de gravedad del conflicto estaba en las zonas insulares, con la Isla Grande de Tierra del Fuego como base principal de operaciones de la Armada Argentina. Por doctrina, la responsabilidad recaía en la Infantería de Marina (IMARA), mientras el Ejército atendía los sectores fronterizos continentales.
La movilización argentina fue la mayor de su historia hasta entonces, con alrededor de 300.000 efectivos, bajo el nombre oficial Campaña de Defensa y Afirmación de la Soberanía en la zona del Canal de Beagle e islas australes, conocida como Operación Soberanía.
En Tierra del Fuego se preveía desplegar cerca de 9.000 infantes de marina y gran parte de la aviación naval: unas 80 aeronaves distribuidas en cuatro bases terrestres y el portaaviones ARA 25 de Mayo. El despliegue mostraba una postura ofensiva destinada a presionar a Chile y provocar movimientos a lo largo de la frontera; también se recurrió a acciones de engaño para inducir a errores a la contraparte.
Un ejemplo citado en la bibliografía chilena describe cómo carabineros detectaron, cerca del paso Puyehue, a militares argentinos que habían cruzado la frontera y que al retirarse dejaron caer un portafolios con un supuesto plan de operación ofensiva cuyo objetivo final era la ciudad de Osorno.
La inteligencia argentina sabía que desde 1977 la infantería de marina chilena ocupaba las islas Lennox, Picton y Nueva, fortificadas y con campos minados. Para lograr los objetivos estratégicos con bajas mínimas, se simuló la intención de atacar esas islas y la frontera en general, mientras en secreto se decidió optar por un asalto sorpresivo con helicópteros y lanchas rápidas sobre el archipiélago del Cabo de Hornos. Solo si las condiciones lo permitían se atacaría la isla Nueva como objetivo real en el canal; sin embargo, muchos observadores creyeron que el foco argentino estaba en el Beagle debido al gran despliegue visible.
Una unidad desplegada fue el Batallón de Infantería de Marina 4 (BIM 4), desde Trelew, al mando del capitán de fragata Mocellini, con dos compañías de infantería (J y K) y la formación de una Compañía L para completar su organización.
La Compañía Leopardo
En Campo de Mayo estaban las escuelas de armas, donde instruían los mejores oficiales y suboficiales. En julio se conformaron unidades especiales integradas por instructores de Infantería, Caballería e Ingenieros, inicialmente denominadas Sección Especial Actos de Soberanía (SEAS).
Entre sus integrantes estuvo el teniente Daniel Stella (28 años), que recuerda la organización de grupos con los mejores hombres y la incertidumbre sobre la misión concreta, aunque todos sabían que podía concluirse en la zona del Beagle. [2]
Las unidades SEAS intensificaron su adiestramiento en tiro, supervivencia, combate, explosivos, primeros auxilios, operaciones con helicópteros y saltos en paracaídas, y fueron equipadas con lo disponible, incluidos fusiles FAL modelo paracaidista. El 24 de noviembre, los 126 integrantes de la ahora llamada Compañía Leopardo partieron desde El Palomar hacia la Base Aeronaval “Almirante Zar” en Trelew.
Allí se integraron al BIM 4 para estandarizar procedimientos. El cabo Hugo Juan Arredondo (24 años) recuerda el adiestramiento conjunto y el compromiso de los conscriptos. [3]
La incorporación de personal del Ejército como Compañía “L” al BIM 4 estaba planificada: soldados del Ejército se hacían pasar por infantes de marina para ocultar la verdadera participación del Ejército y evitar que la inteligencia chilena detectara un asalto terrestre sobre las islas. La medida fue eficaz hasta el punto de que algunos protagonistas llegaron a creer que los incursores eran exclusivamente infantes de marina.
El teniente primero aviador Guillermo José Bunse (26 años) recuerda el clima de secreto: alojados en un contenedor en estancia La Sara, no podían comunicarse por miedo a filtraciones y a los espías. [4]
La primera semana de diciembre el BIM 4 se desplazó a Tierra del Fuego: personal transportado en C-130 Hércules hacia la Base Aeronaval Integrada en Ushuaia, donde se alojaron en una escuela local y continuaron el adiestramiento y la aclimatación.
Operación Frutilla
Recibieron la orden de “ejecutar actos de soberanía ocupando las islas australes mediante una operación helitransportada”. La operación de asalto sobre Evout, Barnevelt y Deceit fue denominada Frutilla.
La Compañía Leopardo trabajó en los detalles y en el equipo específico. Algunos integrantes hicieron un sobrevuelo en DC-3 para reconocer las islas. Stella recuerda un mar bravo y olas que golpeaban las costas, pero también un alto entusiasmo y moral entre las tropas. Los incursores practicaron navegaciones en las lanchas rápidas ARA Intrépida y ARA Indómita, previstas para el apoyo y relevo.
El concepto de la operación era realizar incursiones helitransportadas para asegurar los archipiélagos del Cabo de Hornos y evitar acciones chilenas sobre Barnevelt y Evout, consolidando la presencia argentina en la zona y su proyección atlántica y antártica.
La secuencia planificada quedó establecida en tres fases:
Primera fase. Aproximación: el 23 de diciembre, con las primeras luces, los helicópteros despegarían desde un aeródromo de campaña en Estancia La Sara, al norte de Río Grande, harían escala en Bahía Aguirre para reabastecer combustible y volarían rasante sobre el mar para intentar eludir radares chilenos. Un DC-3 operaría como puesto de comando aerotransportado, proporcionando comunicaciones y apoyo de salvamento.
Segunda fase. Asalto: los incursores desembarcarían desde los helicópteros y ocuparían las pequeñas islas. Se estimaba que el puesto chileno en la zona tenía entre 5 y 10 efectivos; si ofrecían resistencia, los atacantes debían neutralizarlos y, de ser necesario, solicitar apoyo aéreo con Aermacchi MB-326 desde Ushuaia.
Tercera fase. Ocupación y consolidación: los grupos SEAS permanecerían en las islas hasta ser conectados, reabastecidos y relevados por las lanchas rápidas ARA Indómita y ARA Intrépida de la Armada Argentina.
Se inicia el desplazamiento
Una sección Leopardo, al mando del teniente Stella con jefes de grupo cabos Velázquez y Arredondo, contaba con 22 hombres especializados (comunicaciones, demoliciones, enfermería). Su misión era asaltar Deceit, la isla más austral, con el objetivo denominado Delta.
El 20 de diciembre embarcaron en Ushuaia en un Shorts Skyvan de la Prefectura hacia un aeródromo de campaña instalado en Estancia La Sara, donde fueron recibidos por oficiales y el propietario del establecimiento. Arredondo recuerda la hospitalidad del dueño de la estancia y detalles de la vida cotidiana allí.
El aeródromo de campaña tenía una pista de pasto y grava de unos 1.200 m, desde donde operaba la Segunda Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque, equipada con T-28 Fennec para apoyo de fuego. También había helicópteros Hughes 369 de la Prefectura y cinco grandes SA-330 Puma del Batallón de Aviación de Combate 601, dos de los cuales estaban asignados al objetivo Delta. El piloto Guillermo Bunse recuerda la dificultad añadida por la meteorología y la navegación sin GPS, dependiente del rumbo y la experiencia.
Los incursores practicaron embarque y desembarque en helicópteros y ultimaron previsiones logísticas: alimentos enlatados, garrafas de gas, bidones de agua, munición, granadas, explosivos, radios con baterías de repuesto y cuerdas de seguridad.
El último recital
Los hombres vestían overoles de combate, botas de montaña, guantes, pasamontañas y antiparras; llevaban chalecos salvavidas inflables —poco útiles en las gélidas aguas— y una carga cercana a 40 kg por persona que la moral ayudaba a sobrellevar.
En la estancia, además del personal aéreo, había unidades de la Infantería de Marina. Como parte del plan de engaño y para elevar la moral —conocido en otras campañas militares como R&R (rest and recuperation)— se organizaron visitas de figuras populares. Por sorpresa llegaron en helicóptero el campeón de boxeo Carlos Monzón y el cantante Ramón “Palito” Ortega, que actuaron ante las tropas. Tras el espectáculo, un comandante reiteró las intenciones de invasión sobre territorio chileno, reforzando la apariencia inminente de la acción.
El Día D se fijó para el sábado 23 de diciembre, con hora H a las 4 de la mañana para aprovechar la luz estival.
Sin embargo, dos días antes la meteorología empeoró: lluvia intensa, vientos fuertes y techo de nubes bajo que impedían vuelos seguros. La flota argentina en el Estrecho de Le Maire soportó el temporal y las condiciones en el Cabo de Hornos fueron extremas. Los incursores aguardaron dentro de las aeronaves, pero finalmente no pudieron despegar: la combinación del mal tiempo y la intervención del Vaticano cambiaron los planes.
Así quedó inconclusa la operación helitransportada más audaz y austral intentada por las fuerzas argentinas hasta ese momento.
Algunos de sus protagonistas volverían a combatir casi cuatro años después, en un conflicto diferente y en otra latitud.
Notas
[1] Litigio del Beagle: la reunión de Videla y Pinochet, el fracaso de las negociaciones y el país al borde de la guerra. Infobae. 27 de noviembre de 2022.
[2] Conversaciones con Daniel Stella. Mayo 2026.
[3] Conversaciones con Hugo Juan Arredondo. Mayo 2026.
[4] Conversaciones con Guillermo José Bunse. Mayo 2026.
[5] Durante el conflicto de Vietnam las tropas eran visitadas por personalidades y cantantes, a los fines de materializar lo que militarmente se denomina R&R: proviene del inglés Rest and Relaxation o Rest and Recuperation. Los israelíes hicieron lo mismo en sus campañas. Se ha extendido, dentro de la literatura chilena, la falacia de que estos eventos eran consecuencia de que las tropas argentinas estaban desmoralizadas y sin espíritu de lucha.

