El Museo Nacional de Chernobyl en Kiev, que conservaba trajes de los liquidadores, cartas, fotografías de la zona de exclusión y expedientes que durante décadas la Unión Soviética mantuvo ocultos, documentaba cómo se gestionó y cómo se ocultó el peor accidente nuclear de la historia. En la madrugada del domingo, un misil ruso redujo a cenizas cerca del 40% de ese archivo.
El presidente Volodimir Zelensky señaló en Telegram que el ataque no solo destruyó vidas, sino también la memoria, y confirmó que muchas de las piezas perdidas son irrecuperables.
Según registros de video de Yaroslav Yemelianenko, director de la Asociación de Operadores de Turismo de Chernobyl, el misil impactó a las 3:50 de la madrugada; en las imágenes se ven dos proyectiles sobrevolando la catedral de Santa Sofía y dirigiéndose hacia el barrio histórico de Podil, donde está el museo. El impacto provocó un incendio que arrasó el techo y derrumbó parte de la pared trasera del tercer salón de exposiciones.
La destrucción tiene un fuerte significado simbólico: el museo había reabierto el 27 de abril de 2026, apenas un mes antes, tras una restauración realizada con motivo del 40.o aniversario del accidente de 1986.
Yemelianenko afirmó que la desaparición del museo no fue casual y que el ataque parece dirigido a borrar la historia.
Salvar lo que se pueda
Una vez controladas las llamas, el personal comenzó a recuperar lo que quedó. Entre los objetos salvados figuran materiales de los depósitos, una pintura de Maria Prymachenko y la bandera de Ucrania que fue izada en la central de Chernobyl tras la salida de las fuerzas rusas en 2022. Los trabajadores secaron bordados históricos y rescataron pertenencias de los liquidadores; en un edificio contiguo las autoridades detuvieron a un saqueador tras las explosiones que reventaron las ventanas.
Los daños internos fueron prácticamente totales. Vitalina Martynovska, directora del museo, informó a Reuters que no quedó una sola sala intacta: el tercer piso quedó casi destruido y los forjados entre el segundo y tercer piso se derrumbaron.
En estimaciones preliminares se calcula que se perdió alrededor del 40% de las piezas en exhibición, aunque gran parte del acervo pudo ponerse a salvo. Las autoridades aún esperan encontrar objetos entre los escombros.
Inaugurado en 1992 en una antigua estación de bomberos del distrito de Podil, el museo era excepcional a escala mundial: albergaba archivos, fotografías, objetos personales de los liquidadores e instalaciones multimedia sobre el desastre de 1986.
Mariana Budjeryn, investigadora del MIT de origen ucraniano, destacó que el museo era uno de los pocos centros del mundo dedicados enteramente al impacto humano del mal uso de la energía nuclear, comparable solo al Museo Memorial de la Paz de Hiroshima.
La investigadora describió la pérdida como enorme para Ucrania y para la comunidad internacional.
Patrimonio bajo fuego
El museo fue uno de varios símbolos afectados por los bombardeos. El Ministerio de Relaciones Exteriores sufrió roturas en sus ventanas; su titular, Andriy Sybiha, recordó que el edificio, proyectado por el arquitecto Iosif Langbard en 1939, no había sufrido daños desde la Segunda Guerra Mundial, y denunció que los ataques iban dirigidos al corazón histórico de la antigua Rus.
También resultaron alcanzados la Casa de los Contratos, la Estación Postal y la Iglesia de la Natividad de Cristo en la plaza Poshtova, así como el Museo Nacional de Arte —cuya colección logró salvarse— y la Ópera de Kiev en Podil.
Zelensky y el ministro del Interior, Ihor Klymenko, inspeccionaron los daños en el museo. Klymenko afirmó que no entiende la razón de atacar justamente Chernobyl y comparó la situación con el encubrimiento de la verdad en 1986; señaló que, pese a todo, el país reconstruirá y restaurará lo perdido. Ucrania solicitó reuniones de emergencia en el Consejo de Seguridad de la ONU y en la OSCE.
El bombardeo más extenso de la guerra
El ataque formó parte de uno de los bombardeos más intensos sobre Kiev desde el inicio de la invasión rusa. Las fuerzas ucranianas informaron que Rusia lanzó 90 misiles y alrededor de 600 drones de distintos tipos en una ofensiva que se prolongó durante horas. Por la cantidad de puntos alcanzados, las autoridades consideraron que fue el mayor ataque contra Kiev en toda la guerra a gran escala.
El saldo oficial fue de cuatro muertos —dos en la capital y dos en la región de Kiev— y más de 80 heridos, entre ellos varios niños. En la ciudad resultaron dañados o destruidos cerca de 30 edificios residenciales, además de escuelas, mercados y oficinas; la onda expansiva también rompió ventanas del Consejo de Ministros y alcanzó la residencia del embajador de Albania, según denuncias diplomáticas.
Esta ofensiva se distinguió por el uso, por tercera vez en el conflicto, del misil balístico Oreshnik, con capacidad nuclear. Zelensky había advertido horas antes de un ataque inminente de ese tipo citando información de inteligencia europea y estadounidense; el proyectil impactó en Bila Tserkva, a unos 60 kilómetros al sur de Kiev. Rusia confirmó el lanzamiento y dijo que la operación respondía a ataques ucranianos contra infraestructuras civiles en su territorio.
La jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Kaja Kallas, calificó el empleo de ese misil como una táctica de intimidación política y un chantaje nuclear temerario.

