Casi todos los opositores rusos están en prisión o en el exilio, pero algunos, como Yekaterina Duntsova, han optado por quedarse en Rusia para representar a quienes han sido silenciados por el bloqueo de internet y mantener una resistencia discreta frente al Kremlin.
“Siempre tengo miedo y debo tenerlo, ya que sólo los locos no lo tienen”, dijo a EFE la que fue candidata presidencial en 2024.
Duntsova, de 43 años, dirige Rassvet (Amanecer), un partido liberal y pacifista que el Ministerio de Justicia se niega a registrar de cara a las elecciones legislativas de septiembre, para evitar que concentre el voto de protesta contra la guerra.
Aunque afirma que en Rusia “todo está prohibido”, advierte a las autoridades que si en algún momento la población reacciona de forma masiva, no importará si las acciones cuentan con permisos o no.
La opositora considera que el presidente Vladímir Putin vive “en una burbuja informativa”, porque cada vez son menos quienes se atreven a decirle la verdad.
Otra forma de hacer oposición
Frente a las críticas de algunos exiliados que consideran ingenuo intentar hacer política dentro del sistema, Duntsova responde que muchos de los políticos que se marcharon se han convertido en “blogueros”.
Sin participar en manifestaciones ni promover la alteración del orden público, esta periodista reconvertida en política fue catalogada como agente extranjero, pero eso no la intimidó; en todo caso, dice, ha agudizado su ingenio.
Desde que las protestas fueron prohibidas en 2020, propuso una “protesta doméstica”: hacer ruido con cacerolas, cantar o gritar desde las ventanas sin salir de casa.
“Si nos quedamos, hay que darle algo de interés a nuestras vidas (…). Un poco troleamos y un poco intentamos inspirarnos con humor”, explicó.
Evita convocar actos públicos porque, según ella, los organizadores y participantes acabarían encarcelados; en su lugar busca poner en evidencia la arbitrariedad de las autoridades.
Se pregunta, por ejemplo, si abrir la ventana y gritar “Quiero internet” sería legal, y lamenta que incluso acciones tan simples puedan ser interpretadas como una violación de la ley.
Duntsova critica la falta de sentido del humor del Estado y relata que remitió consultas oficiales a instituciones, incluido el Kremlin, para saber si una protesta doméstica podía autorizarse; nadie supo responder, aunque el Centro de Lucha contra el Extremismo le dijo recientemente que “toma nota” de su solicitud.
Según la opositora, las autoridades se aprovechan de un contexto en el que, al igual que en la novela 1984 de George Orwell —libro que se ha convertido en uno de los más vendidos en los últimos años en Rusia—, la población “tiene miedo a pensar”.
“La falta de perspectivas es un problema grave (…) Hoy son pocos los rusos que sueñan con un futuro mejor”, afirma.
Despertar a los rusos de su letargo
Duntsova conoce la vida fuera de Moscú, donde la guerra a menudo solo existe en la televisión: “Mientras algo no te afecta directamente, no empiezas a pensar en ello”, indica.
Como ejemplo, recuerda que cuando llevó ayuda humanitaria a la región de Kursk habló con una refugiada que le dijo que vivía en un centro de acogida “desde el principio de la guerra”, aunque para ella eso comenzó el 6 de agosto de 2024, no en 2022.
Con ello quiere subrayar que, para muchos, el conflicto solo existe cuando les toca personalmente: “Así vive la mayoría de rusos”, afirma.
Para Duntsova, sus prioridades son la paz y el acceso a internet. Considera falso que desconectar la red pueda limitar el uso de drones.
De cara a las elecciones de septiembre sigue esperando que su partido sea inscrito; si no ocurre, deja claro que no apoyará a ninguna formación que respalde la SVO (la llamada operación militar especial en Ucrania).
“Lo importante para mí es mantener la conciencia limpia (…) Ningún boicot nos convertirá en ciudadanos de nuestro país. Y nadie puede prohibirme votar, sea agente extranjero o lo que sea”, asegura.
Advierte además que el partido del Kremlin, Rusia Unida, siempre encontrará maneras de “rellenar las urnas” y crear la impresión de una alta participación: “No hay que pensar que si no vamos, ellos no acudirán. Vendrán (…) crearán la ilusión de que mucha gente votó”, señaló.
“Debemos romper la ecuación: una persona, un partido, una nación”, concluye.
(Con información de EFE)

