En los últimos dos meses, Donald Trump anunció en 38 ocasiones que un acuerdo de paz con Irán estaba próximo a concretarse; la agencia iraní Tasnim lleva el conteo y, hasta ahora, esas promesas no se han materializado.
Esta sucesión de anuncios y retrocesos no es solo un problema de imagen: según el analista Andrés Serbin, en la emisión de Infobae al Mediodía, el conflicto con Irán se ha convertido en un riesgo político y económico significativo para la Casa Blanca.
Serbin señaló que la estrategia del gobierno estadounidense tiende a repetirse: escalar, amenazar y luego retroceder para intentar negociar. Mientras tanto, Irán avanza de forma gradual y aprovecha la prolongación del conflicto.
Uno de los efectos más visibles es el descontento dentro del propio oficialismo. Muchos republicanos y sectores del movimiento MAGA comienzan a cuestionar la gestión; eso genera fracturas en la base electoral que, si se profundizan, podrían favorecer a los demócratas en las elecciones de medio término.
Además, cada escalada militar impacta en la economía: el aumento del precio internacional del petróleo provoca subas en el precio de la gasolina, lo que afecta directamente al consumidor estadounidense.
La administración intentó argumentar que el conflicto podría beneficiar a la producción petrolera local, pero Serbin descartó esa posibilidad: el crudo estadounidense no cubre las demandas de mercados como China o India, y Europa está pagando precios más elevados desde las sanciones a Rusia, por lo que las ventajas esperadas no se concretan.
La incertidumbre también se refleja en las negociaciones diplomáticas. Pakistán, que actúa como mediador, indicó la existencia de un memorándum de entendimiento; sin embargo, Serbin consideró que las propuestas iraníes —un conjunto de 14 puntos— son inaceptables para Estados Unidos y que aceptarlas equivaldría a una derrota política para la administración.
La situación se complica porque no solo están involucrados Estados Unidos e Irán: Israel participa con sus propios intereses y sus tensiones con Hezbolá añaden presión y reducen los márgenes de maniobra.
Según Serbin, el conflicto configura más que un dilema: es un trilema. Israel persigue objetivos propios, la tensión con Hezbolá continuará, e Irán no está dispuesto a renunciar al apoyo a sus aliados regionales; el memorándum puede abordar el programa nuclear, pero mantiene ese respaldo.
De cara a las elecciones de noviembre, el escenario es incierto. Serbin considera probable que el conflicto siga sin resolverse cuando los estadounidenses voten; si los demócratas recuperan la mayoría en el Congreso, podrían recortar el financiamiento del enfrentamiento y forzar cambios en la estrategia de Washington.
En conclusión, la disputa con Irán, lejos de consolidar la imagen de Trump, exhibe límites políticos y económicos y amenaza con debilitar la base de apoyo que lo llevó a la presidencia.
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