21 de junio de 2026
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Casados en el golpe militar: secuestro y mensaje oculto

Casi un año después de que Atilio Romero contara su historia a Amores Reales volvimos a comunicarnos con él y su pareja; nos respondieron con entusiasmo. El 24 de abril pasado, Atilio y María del Carmen “Mili” Villán celebraron cincuenta años de casados, una relación que comenzó en la ciudad de Resistencia, en la provincia del Chaco.

La colimba apura el casamiento

Se conocieron trabajando en la mutual de abogados del Chaco: Atilio, de 19 años, como auxiliar contable, y Mili, de 18, como secretaria. Compartían la mañana en la oficina, conversaban y poco a poco se fueron conociendo.

Atilio era reservado; Mili, más habladora, reconoce que al principio él no le llamaba la atención, pero con el tiempo lo encontró cada vez más interesante.

Con los meses se convencieron mutuamente de que eran la pareja adecuada y comenzaron el noviazgo.

Atilio jugaba al fútbol y estudiaba Ciencias Económicas en la Universidad Nacional del Nordeste; vivía en una pensión porque su familia era de Sáenz Peña. Mili vivía con sus padres en Puerto Tirol, donde su padre trabajaba en una fábrica de extracción de tanino y su madre era modista. Mili, nacida en 1954, fue la segunda de cuatro hijos y cursó el secundario en un colegio de monjas.

Al terminar sus estudios secundarios Mili salió a trabajar para ayudar en su casa, en jornadas completas que la obligaban a viajar en colectivo entre su trabajo y el hogar.

Atilio, nacido en 1952, tuvo que mudarse a la pensión cuando comenzó a estudiar y buscar trabajo para mantenerse; allí comenzó el vínculo con Mili.

Debió cumplir el servicio militar, aunque pidió prórroga para terminar su carrera.

En enero de 1975 se recibió de Contador Público a los 22 años; trabajó algunos meses en su profesión y luego se incorporó a la Armada Naval Argentina en Río Santiago para cumplir el servicio militar obligatorio, ya siendo novio de Mili.

La separación por la colimba, la situación política y la necesidad de estar juntos y asegurar un futuro laboral los llevó a fijar la fecha del casamiento para el 24 de abril de 1976: ella tenía 21 años y él 23.

De la incomunicación a la borrachera

Las comunicaciones durante ese tiempo eran esporádicas, limitadas a los días francos del batallón. En marzo de 1976, un mes antes de la boda, se produjo el golpe militar y la incertidumbre aumentó. Atilio logró comunicarse unos días antes y decidieron seguir adelante con la ceremonia.

Tres días antes de la boda consiguió permiso para salir y la noche previa tuvo una despedida de soltero organizada por amigos. Llegó sin haber dormido, con malestar por la comida y la bebida, pero la demora en la ceremonia le permitió recuperarse y presentarse.

En el Registro Civil muchos familiares estaban con la novia; Atilio fue solo, y durante la lectura del acta sintió náuseas que lo obligaron a salir a vomitar en la vereda. Tras recuperarse, volvió y la ceremonia continuó.

Por la noche, a las nueve, celebraron la ceremonia religiosa en la parroquia San José de Puerto Tirol.

Mensajes en un dobladillo

Luego de casarse se instalaron en Sáenz Peña, primero en una casa prestada y después alquilando. Atilio tenía un buen desempeño laboral y pronto nació su primer hijo, Diego, el 14 de mayo de 1977.

Mili había pensado estudiar profesorado de inglés, pero la mudanza y la llegada del bebé postergaron esos planes.

Todo transcurría con normalidad hasta marzo de 1978.

Una tarde, después de cobrar su sueldo y comprar muebles para la habitación del bebé, Atilio fue con un amigo a tomar un café. Militantes militares se acercaron, lo identificaron y lo detuvieron como parte de los operativos habituales en esa época.

Lo llevaron preso, lo metieron en el baúl de un auto y lo pusieron a disposición del Área Militar 233, manteniéndolo incomunicado sin indicar cargos. Permaneció detenido un mes sin explicaciones y sin contacto con su familia.

Aquel día Mili esperaba el almuerzo preparado; no recibió aviso de lo ocurrido y, ante la ausencia, la familia empezó a temer lo peor.

Con la ayuda de su suegro, un amigo y un tío policía consiguieron saber que Atilio estaba detenido en Resistencia.

Atilio cuenta que durante ese mes no fue interrogado ni maltratado físicamente, pero tampoco se le permitía leer ni escuchar radio, y nadie le daba información. Cree que su participación en la política universitaria y en la creación de un sindicato pudo haber sido el motivo.

Hasta hoy no sabe con certeza la razón de su detención.

Mientras estuvo preso, Mili le mandaba ropa. En uno de esos envíos encontró un papel doblado en el dobladillo de un jean con un mensaje de Atilio: así comenzaron a comunicarse en pequeños apuntes escondidos en la ropa.

Por medio de esos mensajes y con gestiones, Mili logró contactar a un hombre que trabajaba en inteligencia; él le dijo que esperara y, un mes después, Atilio fue liberado.

Al volver, Atilio estaba delgado y asustado.

Tras la detención perdió su empleo: sus clientes miraban con recelo a un contador que había estado detenido en esos años de represión.

Los años siguientes fueron los más difíciles: pérdida de trabajo, exclusión social y miedo. La pareja y su familia recibieron amenazas y prefirieron limitar las visitas. Perdieron ahorros, vendieron el auto cero kilómetro y un terreno, y con ayuda de familiares pudieron sostenerse hasta que decidieron mudarse a Resistencia para que Atilio buscara trabajo.

Se agranda la familia

En Resistencia Atilio consiguió trabajo como contador en una empresa constructora. En 1979 nació su segundo hijo, Martín, y en 1983 el tercero, Hernán.

En 1985 llegó una sobrina, Adriana; tras la muerte de su madre en el parto y años después la del padre, la pareja la crió como parte de la familia y la consideró “hija del corazón”.

Mili retomó sus estudios: ingresó al instituto, se recibió de profesora de inglés, trabajó en un secundario y luego abrió su propia academia. Estudiar con tres hijos fue exigente y requirió sacrificios, con madrugones y jornadas largas, pero contó con el apoyo constante de Atilio, que la alentó para continuar hasta completar una licenciatura en lenguas extranjeras.

La pareja destaca el respeto mutuo y el apoyo al desarrollo personal y profesional de cada uno. Mantienen una conexión emocional fuerte y muchas veces se entienden con solo mirarse.

Dentro de su convivencia acordaron no gritarse ni agredirse; reconocen que pueden enojarse, pero evitan los insultos y procuran expresarlo de modo controlado.

Mili explica con humor que cuando está enojada no le habla y lo mira seria, hasta que uno de los dos cede y la situación se resuelve.

Uno de los sueños de la pareja fue recorrer la Argentina cuando estuvieran más tranquilos laboralmente. Lo concretaron: hicieron un viaje de 35 días y recorrieron unos 12.000 km, desde Resistencia hasta Tierra del Fuego y luego por la ruta 40 hasta Humahuaca, una experiencia inolvidable.

También viajaron a Islandia, Europa y Nueva York en otras oportunidades, incluso motivados por vínculos que habían cultivado en su casa.

Además de viajes, su felicidad se completa con sus hijos, seis nietas y un nieto, con quienes celebraron sus bodas de oro.

Coinciden en que la base para mantener una relación feliz durante toda la vida es la comunicación, la confianza, el afecto, el respeto y el apoyo mutuo. Atilio añade que él busca la propia felicidad contribuyendo a la de ella; se prometieron no agredirse, respetarse y cuidarse, compromisos que atribuyen a su fe católica.

Han tenido que aceptar diferencias en las vidas de sus hijos, incluidos divorcios y nuevas parejas, aprendiendo a respetar caminos distintos.

En más de cincuenta años también compartieron mascotas: perros, gatos y un loro que aprendió a imitar voces. Por ahora prefieren no sumar más animales y reservar tiempo para viajar.

Atilio cumplió 74 años el 7 de junio y Mili cumplirá 72 el 19 de julio. Han pasado gran parte de la vida juntos y dicen conservar la ilusión como motor de su relación.

*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com

*Amores Reales es una serie de historias verdaderas contadas por sus protagonistas. En algunos casos los nombres pueden ser cambiados para proteger identidades y las fotos son ilustrativas.

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