16 de julio de 2026
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Drones ucranianos provocan crisis de combustible en Rusia que afecta a 50 millones

Los ataques con drones ucranianos a la infraestructura petrolera rusa desencadenaron una crisis de combustible que afectó directamente a unas 50 millones de personas —alrededor del 35% de la población—, con filas de varios días, racionamiento en muchas regiones y restricciones que trasladaron los efectos de la guerra al interior del país.

La presión se intensificó en mayo, cuando Kiev aumentó sus operaciones aéreas contra instalaciones energéticas rusas. Informes indican que la ofensiva alcanzó a las diez mayores refinerías del país, incluida la de Omsk, atacada a unos 2.500 kilómetros del frente y responsable de casi el 7% de la capacidad nacional de refinación.

La primera zona en sufrir el impacto fue Crimea, anexionada por Rusia, donde se declaró el estado de emergencia, hubo cortes generalizados y la venta de gasolina se limitó mediante cupones electrónicos. Para el 25 de junio casi 50 regiones habían impuesto alguna restricción y para el 8 de julio la mayoría del país aplicaba límites en la venta de combustible.

Putin admitió faltantes tras meses de presión

La magnitud del desabastecimiento llevó al presidente Vladimir Putin a reconocer públicamente la existencia de “algunas carencias” de combustible, aunque las calificó de no críticas.

Ante la escasez, gobiernos regionales implementaron racionamiento por días según terminación de matrícula, mientras que en algunas zonas se recurrió a medidas inusuales: en el sur desplegaron cosacos para mantener el orden en estaciones y en Siberia se repartió comida caliente a quienes hacían fila.

La crisis surge tras una campaña ucraniana más intensa contra refinerías y nodos energéticos, con un efecto inmediato interno: el conflicto dejó de percibirse solo en la línea de frente y alteró la vida cotidiana de millones de conductores en regiones alejadas de la guerra.

Un alto ejecutivo del sector energético ruso afirmó que ahora llegan más drones a los mismos blancos y que estos logran penetrar las defensas, lo que ha dejado obsoletos algunos sistemas de protección y configurado lo que describió como “la nueva normalidad”.

Hasta 40% de la refinación quedó fuera

Medir la escala del daño resultó complejo porque Rusia dejó de publicar muchos datos clave. Analistas que trabajaron con fuentes secundarias estimaron que entre el 20% y el 40% de la capacidad de refinación quedó fuera de servicio.

Borys Dodonov, jefe de estudios de energía y clima de la Kiev School of Economics, señaló que en junio Rusia refinó en promedio 4,1 millones de barriles por día, un 28% menos que el promedio de los últimos cinco años y un 35% por debajo de la capacidad nominal.

Sergey Vakulenko, investigador del Carnegie Russia Eurasia Center, afirmó que la crisis es tangible y ya la percibe la población, aunque todavía no se ha traducido en un impacto económico amplio sobre el transporte de mercancías y la disponibilidad de servicios básicos.

Sin embargo, comenzaron a aparecer efectos fuera del transporte privado: en Chita, una empresa de recolección de residuos suspendió operaciones hasta resolver los faltantes de combustible.

Dos pequeñas aerolíneas y una asociación del taxi advirtieron sobre probables aumentos de tarifas, y el mayor mercado en línea de Rusia, Wildberries, justificó un alza en comisiones por el encarecimiento del combustible.

Moscú cuenta con pocas herramientas para estabilizar el mercado: históricamente produce un volumen de gasolina similar al consumo interno y su capacidad de almacenamiento es limitada, lo que dificulta amortiguar una interrupción de esta magnitud.

La concentración geográfica de muchas instalaciones petroleras también aumentó la vulnerabilidad: la mayoría está en el centro y el oeste del país, zonas con alta densidad de población y al alcance de los drones ucranianos.

Las autoridades permitieron la venta interna de combustible de menor calidad y el Kremlin anunció un aumento de las importaciones de productos refinados. En junio, Rusia importó desde Bielorrusia un récord de 141.000 toneladas de gasolina, un volumen muy superior al del año anterior.

Además, Moscú prohibió las exportaciones de diésel para priorizar el suministro hacia la línea del frente, donde este combustible es crucial para la maquinaria militar; el efecto sobre los conductores civiles es limitado porque la mayoría de los automóviles particulares usa gasolina.

En todo el país se multiplicaron escenas de tensión: la policía detuvo a un hombre en Siberia que, vestido con un uniforme policial comprado en internet, intentó adelantarse en la fila para repostar.

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