Por Fernando Mires *
Argentina, España, Francia e Inglaterra —tres europeas y una sudamericana— son las cuatro selecciones que llegan a las semifinales. Cada una trae un recorrido extenso con partidos difíciles y actuaciones destacadas. Sus rivales no fueron fáciles, pero mediante persistencia, resistencia física y determinación lograron avanzar. El campeón saldrá de este grupo, y cada equipo presenta virtudes y limitaciones que influirán en el desenlace.
Francia aparece como la favorita por la calidad de sus jugadores y la profundidad de su plantilla; en términos de valor individual y colectivo es la más respaldada. Sin embargo, el fútbol sigue siendo imprevisible: una incidencia puntual, una expulsión, un error o un rebote pueden cambiar el resultado en cualquier encuentro.
El duelo entre Francia y España promete ser intenso. Jugadores jóvenes y decisivos como Lamine Yamal pueden inclinar la balanza por sí solos, al igual que figuras francesas como Kylian Mbappé u Olise. En el otro cruce, Messi constituye la principal carta de Argentina ante Inglaterra y su influencia será determinante.
Algunos califican Francia-España como una final anticipada, pero en semifinales no hay garantías: cada partido es distinto. Serán enfrentamientos entre selecciones de alto nivel que, además, proponen estrategias diferentes según la tipología de sus futbolistas.
España probablemente plantee un juego más abierto que Francia, apoyado en sus extremos. Su fortaleza se sustenta en ambos carriles: por la izquierda cuenta con Marc Cucurella, que combina tareas defensivas y ofensivas, y con el regreso de Williams que refuerza esa banda.
En la derecha también hay solidez: Lamine Yamal y Cristian Porró conectan bien y el lateral suele cubrir al extremo. Francia, por su parte, también dispone de jugadores de banda potente, con Mbappé por un lado y Olise por el otro. Cualquiera de ellos puede cambiar el partido en poco tiempo, por lo que es probable que asistamos a un encuentro abierto y ofensivo.
INOLVIDABLE
Por lo visto ante Suiza y Noruega, Argentina-Inglaterra será un choque memorable y tácticamente interesante: se enfrentan dos modelos de juego. Inglaterra tiende a un estilo tradicional, estructurado y directo; Argentina, en cambio, exhibe un patrón más flexible y dinámico, con aparente desorden que facilita rotaciones.
Argentina es, tal vez, la selección que menos utiliza extremos clásicos y en su lugar explota laterales ofensivos y cambios de posición constantes. Ese sistema de rotaciones —una apertura y cierre según la situación— funciona como un abanico táctico que adapta el equipo a cada fase del partido.
Un ejemplo claro es Lautaro Martínez, delantero neto que, en ocasiones, se desplaza a las bandas y responde con eficacia, mostrando velocidad y recorrido que no suele emplear cuando juega fijo en el centro del área.
Al principio podría suponerse que la ausencia de extremos se debe a falta de recursos, pero Argentina dispone de atacantes de banda en el banco (como González o Simeone). Scaloni opta por usarlos de forma puntual, para modificar el partido cuando un flanco necesita ser abierto, como sucedió con la entrada de Nico González frente a Suiza.
Scaloni compacta el mediocampo por dos motivos sencillos. Primero, porque un juego de pases cortos en un medio poblado es una característica histórica del fútbol argentino, heredada de la práctica en espacios reducidos. Segundo, porque gran parte del juego se orienta a Messi, quien encuentra en Enzo Fernández y Julián Álvarez socios que potencian su influencia; detrás de ellos hay jugadores defensivos sólidos como Martínez, Molina, Romero, Paredes y Tagliafico.
Ese entramado táctico resultó confuso para Suiza y probablemente lo sea para Inglaterra, salvo que los ingleses impongan su modelo. Inglaterra cuenta con futbolistas bien dotados: Anthony Gordon aporta pases y desequilibrio que recuerdan, en ciertos aspectos, a mediapuntas de alta visión; Harry Kane mantiene su instinto goleador; y Jude Bellingham fue la figura destacada en el partido contra Noruega.
Sobre Jude Bellingham cabe decir que combina físico, lectura de juego y visión —cualidades que le permiten liderar en el campo— y que además aporta goles, como los que marcó ante Noruega. Su rendimiento le sitúa ya como un referente en su equipo y en su club.
Por su estilo, a veces se le compara con jóvenes intérpretes históricos por su capacidad para influir en el juego desde zona de creación. No es un líbero en sentido clásico, pero su perfil versátil abre la posibilidad de desempeños distintos según la evolución táctica del fútbol.
La semifinal ante el campeón mundial será exigente para Inglaterra. Los partidos de Argentina tienden a tener un componente dramático por la intensidad de sus jugadores, pero los resultados dependerán de la capacidad de cada selección para imponer su plan y adaptarse a las circunstancias del encuentro.
* Sociólogo, historiador y politólogo chileno, nacido en Santiago de Chile en 1943. Es Profesor Emérito de la Universidad de Oldenburg, en Alemania, país donde vive desde mediados de los años 70.

