El 13 de julio de 2018, Gerald José Vásquez López fue asesinado en Managua durante una de las jornadas más violentas de la represión contra el movimiento estudiantil, según el Museo de la Memoria Contra la Impunidad. Conocido como “el bailarín de las trincheras”, recibió un disparo en la cabeza mientras se encontraba refugiado en la iglesia Divina Misericordia, donde más de cien estudiantes buscaban protección frente al asedio armado de fuerzas estatales y grupos paramilitares.
Su caso se convirtió en uno de los símbolos de las víctimas jóvenes de la llamada “Operación Limpieza”, la acción ordenada por el régimen de Daniel Ortega para recuperar el control de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), ocupada por manifestantes desde mayo de 2018.
Gerald tenía 20 años y cursaba el tercer año del Técnico Superior en Construcción en la UNAN. Desde los cinco años practicaba folklore, actividad por la que era reconocido. Su hermana, Paola Vásquez, lo describió como “un muchacho carismático, amable, responsable y respetuoso” y contó que su preocupación por la represión lo impulsó a defender la autonomía universitaria. Decidió involucrarse en las protestas tras conocer la muerte del joven manifestante Richard Pavón.
El 7 de mayo de 2018 se integró a las barricadas en la UNAN para exigir la autonomía universitaria y rechazar la violencia del régimen, y ganó el apodo de “el bailarín de las trincheras” por su costumbre de bailar folklore entre los estudiantes atrincherados. El 13 de julio, durante la Operación Limpieza, fuerzas policiales y grupos paramilitares lanzaron un operativo para desalojar a los manifestantes, cerrando accesos y empleando armas de alto poder contra quienes defendían el campus.
Diez horas bajo fuego en la Divina Misericordia
En el ataque fue incendiado el Centro de Desarrollo Infantil (CDI) Arlen Siú y el recinto universitario fue saqueado por grupos de choque sandinistas. El párroco de la iglesia Divina Misericordia ofreció refugio a los universitarios, entre ellos Gerald, mientras se desarrollaba el fuego cruzado. El asedio sobre el recinto religioso se prolongó más de diez horas. En la madrugada del 14 de julio Gerald recibió un disparo en la cabeza y fue trasladado al hospital Metropolitano, adonde llegó ya sin vida.
Su madre, Susana López Gutiérrez, relató cómo reconoció el cuerpo de su hijo en el hospital Vivian Pellas y expresó su incredulidad y dolor: “Yo no lo podía creer. Él me había prometido que iba a volver”. Manifestó también su rechazo a que fuerzas armadas y paramilitares participaran en la muerte de jóvenes desarmados que luchaban por la autonomía universitaria.
La muerte de Gerald se inscribe en un patrón de represión sistemática contra estudiantes y activistas sociales en Nicaragua. Organizaciones de derechos humanos han señalado que la Operación Limpieza dejó decenas de estudiantes muertos y consolidó el control del régimen sobre los recintos universitarios. El caso de Gerald sigue siendo recordado por familiares, compañeros y defensores de derechos humanos como un ejemplo del costo humano de la represión.

