Durante varios días se debatió si el partido entre Argentina e Inglaterra, por las semifinales del Mundial, es un clásico mundial, una rivalidad que va más allá de lo deportivo o simplemente un encuentro más. Esa discusión no se zanjó. En cambio, no hay duda de que San Lorenzo y Huracán protagonizan uno de los grandes clásicos del fútbol argentino: en la previa, sus hinchadas se cruzaron en Atlanta y protagonizaron un enfrentamiento violento.
Antes del partido que atrae la atención internacional se registraron agresiones entre hinchas argentinos: simpatizantes de San Lorenzo y Huracán resolvieron viejas diferencias a golpes. Hubo amenazas, puñetazos, lanzamiento de botellas, tachos de basura arrojados y mesas volcadas que impactaron en algunas personas.
Ambos clubes, ubicados en el sur de la ciudad de Buenos Aires, protagonizan lo que se conoce como “el clásico de barrio más grande del mundo”. Huracán es de Parque Patricios (Los Quemeros) y San Lorenzo de Boedo (Los Cuervos); a fines de los 80 y principios de los 90 el club de San Lorenzo debió mudarse al Bajo Flores, un episodio que sigue siendo motivo de burlas entre hinchas pese a que ya pasaron casi 50 años.
Como la mayoría de los clubes argentinos, cuentan con barras organizadas. La de Huracán identifica su punto de encuentro como “Plaza José C. Paz”, un espacio entre los hospitales Penna y Churruca. La de San Lorenzo se conoce como “La Butteler”, un pasaje cercano a Avenida La Plata y Caseros; también se la menciona como “Las 50”, por una pizzería en Cobo y Viel donde se reúnen algunos de sus líderes.
El diario The Sun de Inglaterra, uno de los de mayor tirada en Europa, se hizo eco de los incidentes y los tituló “La guerra civil argentina”.
Violencia en la previa: enfrentamiento entre las barras de San Lorenzo y Huracán
La cercanía geográfica y una rivalidad histórica han propiciado numerosos enfrentamientos. Algunos episodios tuvieron consecuencias graves: la llamada “Banda de La Quema” (de Huracán) afirma haber sustraído banderas y quemado el telón de su rival; desde sectores de San Lorenzo se reivindicaron asesinatos de dos integrantes de la barra rival, conocidos como “Cafú” y “Ulises”. Estos hechos delictivos, asumidos con orgullo por algunos, marcaron la reputación del clásico. Por ese contexto de violencia, en distintos momentos el encuentro fue denominado “el clásico del miedo”: se jugó en estadios alternativos por seguridad, se prohibió el ingreso con banderas, se disputó a puertas cerradas y, en 1997, ambos equipos fueron sancionados con la pérdida del partido tras incidentes que impidieron jugarlo en la cancha de San Lorenzo.


