La Asamblea Nacional de Francia aprobó este miércoles una ley que legaliza la eutanasia y el suicidio asistido para adultos con enfermedades incurables y sufrimientos graves. El proyecto superó la tercera y definitiva lectura en la Cámara baja con 291 votos a favor y 241 en contra, cerrando así un proceso legislativo que se prolongó por más de un año y que incluyó intensos debates en un Senado de mayoría conservadora.
La norma establece el derecho a recibir ayuda médica para morir bajo condiciones estrictas: podrán solicitarla personas mayores de edad, con nacionalidad francesa o residencia legal en el país, que padezcan una enfermedad grave, incurable y en fase avanzada o terminal, que provoque un sufrimiento físico o psicológico considerado insoportable y sin posibilidad de alivio. Además, la voluntad debe ser libre, informada y expresada con plena capacidad.
El procedimiento exige que la solicitud se presente por escrito ante un médico, quien debe responder en un plazo máximo de 15 días tras consultar a otros profesionales. Si se autoriza, el paciente debe confirmar su decisión después de un periodo mínimo de reflexión de dos días.
El protocolo obliga a ofrecer alternativas, como los cuidados paliativos, y permite que la persona renuncie en cualquier momento. Cuando el paciente no esté en condiciones de autoadministrarse la medicación, será un médico o un enfermero quien la administre.
La ley reconoce la objeción de conciencia para el personal sanitario; no obstante, el profesional que se niegue a participar debe derivar al paciente a un colega dispuesto a llevar a cabo el procedimiento.
La iniciativa fue promovida por el presidente Emmanuel Macron, que desde 2024 impulsa la regulación de la ayuda médica para morir como uno de los principales avances sociales de su segundo mandato, que finaliza en mayo de 2027.
El proyecto recorrió varias etapas parlamentarias: obtuvo el respaldo de la Asamblea Nacional en dos ocasiones y fue rechazado dos veces por el Senado, lo que llevó a sucesivas revisiones y negociaciones hasta alcanzar el acuerdo necesario.
La ley será sometida al Consejo Constitucional, adonde el gobierno acudió para resolver dudas sobre aspectos específicos del texto, como el plazo de reflexión de dos días y las condiciones aplicables a personas bajo tutela. También se evaluará la compatibilidad entre la cláusula de conciencia de los profesionales y el funcionamiento de centros médicos y sociales especializados en el final de la vida.
La Iglesia católica francesa manifestó su rechazo, calificando la aprobación como una ruptura significativa en la historia del país y advirtiendo sobre las implicaciones para la relación social con la vulnerabilidad, la discapacidad, la vejez y la enfermedad.
En un comunicado en redes sociales, Macron subrayó la importancia del debate democrático, agradeció a los parlamentarios por el tono constructivo y reconoció la contribución de ciudadanos, cuidadores y asociaciones que participaron en la convención ciudadana convocada para asesorar sobre el tema.
Por su parte, el presidente del Senado, Gérard Larcher, anunció su intención de recurrir ante el Consejo Constitucional, sumando así una vía formal de impugnación al proceso de revisión.
Hasta ahora, desde 2016 la legislación francesa permitía la sedación profunda y continua para enfermos terminales con pronóstico de vida corto. Con la nueva norma, Francia se incorpora al grupo de países europeos que, bajo condiciones específicas, han legalizado la eutanasia o el suicidio asistido, como Bélgica, Países Bajos y Suiza, además de países fuera de Europa como Canadá y Uruguay.
El Gobierno confía en que la intervención del Consejo Constitucional aclare posibles dudas y garantice que la aplicación de la ley respete plenamente los principios de dignidad humana y libertad personal. Con esta decisión, Francia pone fin a un largo periodo de debate social y parlamentario y redefine su marco legal sobre el derecho a la muerte asistida.
(Con información de EFE y Europa Press)

