Esta metodología registró un aumento interanual de 84,4% en mayo (último dato disponible) y, en el acumulado de 2026, llegó a USD 518 millones, lo que representa un crecimiento de 113,2% respecto al mismo período del año anterior.
¿La apreciación llegó para quedarse?
En diálogo con Infobae, el economista de la consultora Econviews, Alejandro Giacoia, explicó que la apreciación está vinculada al aprovechamiento del potencial exportador, en especial en energía y minería. Según Giacoia, al concretarse ese incremento de exportaciones el país dispondrá de una mayor oferta de dólares, lo que permitiría mantener un tipo de cambio real relativamente bajo en términos históricos (aunque eso no implica necesariamente que el tipo de cambio esté atrasado).
Para Matías de Luca, jefe de Research de Parakeet, la percepción de que Argentina deja de ser un país barato en dólares responde a dos factores: la gestión económica y fiscal del Gobierno y una nueva matriz productiva con base en los sectores exportadores.
De Luca señaló que, desde la gestión pública, el orden fiscal y el equilibrio presupuestario eliminan prácticas que antes derivaban en mayor deuda o inflación y, en consecuencia, en un tipo de cambio más alto. Antes, explicó, se gastaba más sin aumentar la producción, por lo que el ajuste se producía a través de los precios: un dólar más alto implicaba mayor empobrecimiento.
Federico Machado, economista de LLZ, coincidió en parte y agregó que, por el auge del sector Oil & Gas y la minería, Argentina podría experimentar en los próximos años una transformación significativa que impulse la apreciación de su moneda.
¿Es sostenible?
Giacoia apuntó que la sostenibilidad de esta apreciación depende en gran medida de que efectivamente lleguen esos dólares adicionales, de la evolución de la demanda de divisas a medida que la economía crezca y de la evolución de la política económica.
En la visión de Matías de Luca, la clave está en la productividad de la agricultura, la energía y la minería. De aquí a 2030, sostuvo, Argentina debería poder duplicar su superávit comercial y superar la escasez crónica de dólares: si se exportan mayores volúmenes, no será necesario un tipo de cambio más alto para compensar la demanda local. Además, si no existe déficit fiscal, la demanda no estará artificialmente inflada, y el nivel genuino de actividad será el actual. La apertura gradual al mundo favorecerá a las empresas con ventajas comparativas y hará que aquellas que no pueden competir desaparezcan, beneficiando al consumidor local.
Machado añadió que la durabilidad de la apreciación dependerá de cuánto se acompañe con reducciones de costos y aumentos de productividad. Un país no necesita un tipo de cambio alto para ser competitivo; necesita un tipo de cambio coherente con su estructura tributaria y productiva. Con el actual nivel de impuestos internos y una industria con poca inversión en años recientes, una apreciación excesiva puede resultar perjudicial.

