“El crecimiento económico que no mejora la vida cotidiana de las personas es políticamente insostenible”. Esa idea, recurrente en la literatura de economía política —de autores como Joseph Stiglitz a informes del PNUD— resume una lección que muchos gobiernos aprendieron tarde: las buenas cifras no bastan si la ciudadanía no percibe sus beneficios.
Durante años en América Latina se equiparó la buena gestión con balances ordenados, presupuestos sanos, eficiencia administrativa e indicadores favorables. Todo ello es importante, pero en demasiados casos esa “buena” administración no se traducía en mayor bienestar para las familias: la economía podía registrarse como “bien” sin que la vida diaria cambiara.
Esa discrepancia explica por qué hoy se impone una transformación en distintos lugares y en diferentes corrientes políticas. No se trata de una consigna ideológica, sino de una corrección profunda: la ciudadanía dejó de aceptar gobiernos que funcionan bien sobre el papel pero fallan en la experiencia cotidiana.
En este enero de 2026, al inicio de la segunda parte del siglo XXI, queda claro que la eficiencia pública sólo tiene sentido cuando se convierte en bienestar. Con esa convicción, nuestro municipio, General Escobedo en el norte de México y la Zona Metropolitana de Nuevo León, decidió ordenar finanzas, fortalecer ingresos propios y modernizar la administración no para exhibir buenos resultados, sino para poder responder a la población.
Cuando un gobierno no dispone de margen financiero, incluso las mejores intenciones quedan limitadas. Esa capacidad de respuesta, construida desde la prudencia fiscal, se refleja en experiencias concretas. María, madre soltera que trabaja en un negocio pequeño, tardaba días en regularizar su local. Hoy, con trámites digitalizados y tiempos reducidos, lo logró sin cerrar ni perder ingresos: la eficiencia fue tiempo recuperado para trabajar y cuidar a sus hijos.
Don Ernesto, un adulto mayor que perdió movilidad tras una caída, recibió apoyo para adaptar su vivienda gracias a un programa activo financiado con recursos municipales. No hubo listas interminables ni promesas sin cumplimiento; hubo una solución oportuna.
Luis, un joven trabajador que sufrió un accidente menor camino al empleo, contó con una ambulancia sin demoras y medicamentos inmediatos para su recuperación. Para él, la recaudación efectiva no fue un dato estadístico sino la posibilidad de volver a casa ese mismo día y conservar su fuente de ingresos. En otra colonia, una familia que antes tardaba semanas en reconectar servicios básicos vio resuelto su problema en una fracción del tiempo: para ellos la eficiencia fue regresar a la normalidad.
También se atendió a comerciantes que recibieron acompañamiento para cumplir requisitos sin ser sancionados, a mujeres que obtuvieron asesoría psicológica o legal sin costo y a hogares que recibieron apoyos emergentes cuando su ingreso se interrumpió. La buena administración y la captación de recursos propios se hicieron presentes como soluciones tangibles, no como reconocimientos o reportes técnicos.
Ninguno de estos casos aparece directamente en un cuadro macroeconómico, pero todos dependen de lo mismo: finanzas públicas sanas y capacidad de decisión. Eso es la transformación que hoy se impulsa y que tiene efectos concretos en la vida de las personas.
Un gobierno con recursos propios puede priorizar, reaccionar con rapidez y mantenerse cercano a la población. La recaudación eficaz y el crecimiento económico local no son fines técnicos; son la base para que las políticas públicas lleguen cuando más se necesitan.
Gobernar “con dos manos” no es una metáfora vacía: con una se promueve el crecimiento, la inversión y la eficiencia; con la otra, se traduce ese crecimiento en respaldo social, protección y acompañamiento. La Presidenta de México lo expresa con claridad: la gente ya no juzga a los gobiernos por sus gráficas, sino por su presencia cuando cae un ingreso, surge una emergencia o se complica la vida cotidiana.
Ahí es donde muchos gobiernos tecnocráticos han mostrado sus límites, y ahí se define si la eficiencia es sólo técnica o también humana. Las buenas cifras que la gente no siente están condenadas a fracasar; esa es la transformación que hoy recorre desde Alaska hasta la Patagonia y desde Londres hasta Pekín.
* El autor es alcalde del Municipio de General Escobedo, Nuevo León, México, y presidente de la Mesa de Coordinación Metropolitana, Sociedad y Gobierno en la Zona Metropolitana de esa entidad.


