18 de enero de 2026
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Inflación 2026: medición, ajustes y desafío presidencial

Sin extremismos, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de diciembre dejó dos conclusiones claras. Por un lado, la inflación anual de 2025 (31,5%) fue la más baja en ocho años, lo que representa un avance respecto de la reciente historia económica. Por otro lado, el aumento mensual de diciembre, 2,8%, fue el más alto en nueve meses, lo que genera inquietudes de cara a un año que aún presenta desafíos pendientes.

Las proyecciones de inflación para 2026 de las principales consultoras muestran una tendencia a la baja, pero ubicándose muy por encima del 10,1% estipulado en la ley de Presupuesto y también por encima del 20,1% del último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central. El REM fue ajustando al alza sus previsiones: a inicios de 2025 esperaba 15% para 2026 y luego añadió varios puntos porcentuales.

El presidente Javier Milei hizo su propio pronóstico sobre la inflación, asegurando que en agosto el IPC “comenzará con 0”, es decir un dato mensual por debajo del 1%. Esa estimación no cuenta, por ahora, con respaldo de los analistas.

Las consultoras anticipan una desaceleración más lenta que la prometida por el Gobierno, con proyecciones anuales ubicadas entre 20% y 30%. Un informe de Invecq, que plantea un escenario base de 25% para 2026 (equivalente a un promedio mensual de 1,8%), advierte que, si bien bajar de tres a dos dígitos puede lograrse relativamente rápido, pasar de dos dígitos a un solo dígito suele ser un proceso largo y complejo que en otros países demandó entre 6 y 20 años.

El próximo IPC incorporará una nueva metodología del Indec que ajusta las ponderaciones: aumentará el peso de rubros antes subrepresentados, como los alquileres y los servicios públicos, y reducirá la ponderación de otros, incluso dentro de alimentos y bebidas.

El desglose de 2025 muestra una diferencia significativa entre bienes y servicios: la inflación anual se conformó con un aumento del 26% en bienes y del 43% en servicios. El plan de reducción de subsidios sobre luz, gas y agua, detenido antes de las elecciones, podría traducirse en facturas más altas cuando se retome. Además, la inflación núcleo —que excluye tarifas y precios estacionales— se aceleró hasta alrededor del 3% en diciembre.

Un estudio de Equilibra descarta que el cambio metodológico reduzca artificialmente la inflación: aplicando la nueva metodología a diciembre, la inflación habría sido levemente mayor. Según ese cálculo, diciembre habría registrado 2,9% y el año 2025 un 32,2%, lo que desvirtúa la hipótesis de que el Gobierno ajustó el índice para facilitar la desinflación.

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La consultora LCG proyecta una inflación promedio anual de 27% para 2026, con los primeros meses cerca del 2% mensual, ya que considera poco probable una rápida convergencia a tasas mensuales por debajo del 1% en el corto plazo.

LCG identifica tres factores clave para la desaceleración prevista en 2026: bajas expectativas de devaluación, una mayor apertura comercial que presionará sobre los precios, y un crecimiento económico débil. En ese marco, la actividad moderada ayuda al proceso de desinflación, aunque los próximos ajustes en tarifas y servicios, especialmente en el área metropolitana, operan como contrapeso.

El IERAL (Fundación Mediterránea) plantea un escenario base de 23% para diciembre de 2026, con un rango posible entre 18% y 30% según la demanda de pesos. Si la demanda de pesos se recupera y permite al Banco Central acumular alrededor de USD 9.500 millones, la inflación podría ubicarse entre 18% y 19% interanual; en un escenario menos favorable, con menor demanda de pesos y reservas más bajas, la inflación podría permanecer cerca del 30%.

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IERAL sostiene que la remonetización de la economía —con una base monetaria que llegaría al 5% del PIB hacia diciembre de 2026— y la acumulación de reservas son elementos centrales para consolidar expectativas de inflación más baja.

El informe también señala que mantener la desinflación dependerá, en parte, de la capacidad del Banco Central para calibrar sus intervenciones, que pueden incluir desacelerar la acumulación de reservas o esterilizar el exceso de pesos en el sistema.

La inercia inflacionaria

Los análisis destacan riesgos e incertidumbres para cumplir las metas de inflación. LCG advierte sobre la persistencia de la inercia inflacionaria y el riesgo de que un mayor dinamismo económico reactive presiones distributivas —como reclamos salariales o recomposición de márgenes— que frenen la baja de precios.

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IOL Inversiones también espera una desaceleración de la inflación, aunque no descarta cierta inercia en los precios dada la dinámica reciente. Subraya que los procesos de estabilización suelen ser volátiles y que es fundamental retomar la tendencia descendente en los próximos meses. Para inversores, recomienda seguir de cerca los bonos ajustados por CER, cuya rentabilidad está ligada a la evolución de la inflación.

En conjunto, las consultoras coinciden en que la desaceleración prevista para 2026 podría ser menos marcada de lo esperado, pero estiman que el año mostrará tasas inferiores a las de ejercicios anteriores y un avance sostenido en el proceso de desinflación.

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