22 de marzo de 2026
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Primera mujer en votar en Argentina

El 26 de noviembre de 1911 Julieta Lanteri rompió una barrera política e institucional de su época: votó en La Boca tras ganar una cau-sa judicial que la inscribió en el padrón electoral municipal. La normativa vigente no prohibía explícitamente el voto femenino, pero lo daba por improbable y lo había mantenido fuera del alcance de las mujeres.

Hasta entonces ninguna mujer en el país había ejercido ese derecho. Al votar, Lanteri puso en evidencia la lógica excluyente de una sociedad que, a fines del siglo XIX y comienzos del XX, reservaba lo público —la política, el trabajo remunerado, la ley— al dominio masculino y confinaba a las mujeres al ámbito privado y doméstico.

Nacida el 22 de marzo de 1873, fue médica —la quinta mujer en obtener el título en Argentina—, organizadora del Congreso Femenino Nacional, fundadora del Partido Feminista Nacional y candidata política pese a los impedimentos. Su trayectoria fue una constante insistencia contra los límites legales y sociales; su acción contribuyó al camino que años después culminaría en la Ley 13.010 sobre el sufragio femenino, sancionada en 1947.

“No admito amos ni quiero ser patrona. Todos somos iguales. No quiero propiedades ni quiero matar para conservarlas. La tierra entera es nuestra patria”, solía decir.

Los primeros años

Julia Magdalena Ángela Lanteri (Giulia Maddalena Angela Lanteri en su acta de nacimiento) nació el 22 de marzo de 1873 en Briga Marittima, Italia. Su familia emigró a Buenos Aires en 1879. Creció en una época de acceso restringido de las mujeres a la educación y sin derechos políticos.

Desde niña mostró curiosidad intelectual y actitud crítica. Con el nombre españolizado ingresó a la Escuela Normal y en 1886 fue admitida en el Colegio Nacional de La Plata, entonces una institución prácticamente vedada a las mujeres. En 1891 decidió estudiar medicina: obtuvo un permiso especial para cursar en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y se graduó en 1907, siendo la quinta mujer médica del país y la segunda egresada de esa universidad, después de Cecilia Grierson.

Se perfeccionó en el Hospital Ramos Mejía y orientó su práctica hacia la salud infantil y la medicina social. Desde 1907 atendió en barrios populares de Buenos Aires, brindando asistencia médica a mujeres obreras, inmigrantes y niños vulnerables, lo que la llevó a concebir la medicina como intervención social relacionada con la pobreza y la desigualdad de género.

Intentó acceder a la docencia en Psiquiatría, pero fue rechazada por la facultad alegando su condición de extranjera, cuando en realidad el impedimento era su género. En 1908 volvió a postularse como profesora suplente y fue nuevamente rechazada, lo que evidenció las barreras institucionales para las pioneras universitarias.

En su domicilio de la calle Suipacha funcionaron desde 1904 espacios como la Asociación de Universitarias Argentinas, donde se discutían igualdad política y civil, divorcio absoluto, educación laica y mixta, derechos de la infancia y dignificación del trabajo. Participó en círculos y publicaciones vinculados al librepensamiento y asistió en 1906 al Congreso Internacional del Libre Pensamiento en Buenos Aires.

Compartió debate y tarea con figuras como Raquel Camaña, Elvira Rawson de Dellepiane, Petrona Eyle, Sara Justo, Cecilia Grierson y Adelia Di Carlo, y se vinculó con intelectuales como Alfonsina Storni, Alfredo Palacios y José Ingenieros.

En 1910 se casó con Alberto Renshaw, 14 años menor, una decisión con motivos también prácticos: el Código Civil hacía que la mujer casada siguiera la nacionalidad del marido, y el matrimonio le permitió obtener la ciudadanía argentina, requisito para sus aspiraciones políticas. No tuvo hijos y dedicó su vida a la medicina, la militancia y la ampliación de derechos.

Sobre su compromiso escribió que sus actos eran expresión de conciencia, independencia y orgullo por su sexo, y que su lucha buscaba la emancipación intelectual y social de las mujeres.

Julieta Lanteri

Acción política

En 1910, durante las celebraciones del Centenario, organizó junto a otras mujeres el Congreso Femenino Internacional en Buenos Aires, el primero de su tipo en el país. Allí se debatieron derechos civiles y políticos, divorcio, educación, cultura y economía, y se planteó un programa feminista claro. La respuesta conservadora incluyó la organización de un congreso paralelo que mostró la tensión entre las propuestas modernizadoras y los valores tradicionales.

En 1911, cuando la Municipalidad de Buenos Aires actualizó el padrón electoral para las elecciones municipales, Lanteri advirtió que la ley no especificaba el sexo de los votantes y solicitó su inscripción el 16 de julio. Tras una negativa administrativa, presentó un recurso de amparo y el juez federal Adolfo Jorge Bullrich falló a su favor, basándose en la Constitución y en la Ley 5.098, que habilitaba la inscripción de “ciudadanos mayores de edad” con profesión, alfabetización y pago de impuestos. La norma no exigía explícitamente ser varón, y Lanteri cumplía los requisitos, por lo que fue incorporada al padrón ese mismo día.

El 26 de noviembre de 1911 votó en el atrio de la parroquia San Juan Evangelista, en La Boca, en una mesa presidida por el historiador Adolfo Saldías. Fue el primer voto femenino en Argentina y en Sudamérica. La noticia tuvo amplia difusión en los diarios, pero la reacción institucional no tardó: el Concejo Deliberante vinculó el padrón al servicio militar y cerró así la puerta a las mujeres, impidiéndole inscribirse en registros militares y dejando la conquista en suspenso.

En lugar de retirarse, profundizó su activismo. Con Raquel Camaña fundó la Liga Pro Derechos de la Mujer y del Niño, promovió los Congresos del Niño y defendió reformas de protección social. En 1919 se postuló como candidata a diputada nacional; la junta electoral aceptó su candidatura, convirtiéndola en la primera mujer candidata en Argentina y América Latina. Su plataforma propuso licencia por maternidad, igualdad salarial, subsidio por hijo, reducción de la jornada laboral, divorcio absoluto, derechos infantiles, abolición de la pena de muerte y medidas contra la prostitución, entre otras políticas sociales.

Obtuvo 1.730 votos sobre 154.302, pero no se le permitió asumir. Organizó entonces en Plaza Flores un simulacro de votación que reunió a más de dos mil personas y despertó atención internacional. En 1920 fue incluida por Juan B. Justo en la lista socialista junto a Alicia Moreau de Justo.

En 1918 fundó el Partido Feminista Nacional y editó el diario Nuestra Causa, desde donde difundió propuestas que abarcaban reformas económicas —como impuestos progresivos— y políticas culturales y sociales orientadas a democratizar el acceso a derechos y bienes.

Los últimos años

Continuó presentándose a cargos legislativos; en 1924 obtuvo la segunda mayor cantidad de votos detrás de Alfredo Palacios. Sus propuestas empezaron a influir en partidos de provincias como San Juan y Mendoza. Participó en debates sobre la situación política ante el avance de tendencias autoritarias y mantuvo su activismo en prensa, foros obreros y espacios académicos, con foco en los derechos de las mujeres y la infancia.

Residió en Buenos Aires, La Plata, Olivos y Quilmes; su última vivienda se conserva en Berazategui junto con algunos objetos personales.

El 23 de febrero de 1932, mientras caminaba por la Diagonal Norte, un automóvil que circulaba marcha atrás subió a la vereda y la atropelló. El conductor huyó; ella falleció dos días después, a los 58 años.

Las dudas sobre su muerte

El hecho ocurrió en un contexto de represiva inestabilidad política tras el golpe de 1930 y durante el régimen de facto de José Félix Uriburu. Julieta Lanteri era una figura incómoda para sectores conservadores por su condición de mujer, médica, divorciada, atea declarada y militante crítica del poder masculino y de la iglesia.

La investigación policial identificó con demora al conductor como David Klapenbach, miembro de la Liga Patriótica Argentina, una organización paramilitar de ultraderecha. Esa vinculación alimentó sospechas de que el atropello no fue un accidente sino un atentado político. La periodista y compañera Adelia Di Carlo denunció irregularidades: aseguró que el prontuario de Klapenbach había sido “limpiado” y sostuvo que se trató de un asesinato político. No obstante, la justicia de la dictadura cerró el caso como accidente de tránsito.

La cobertura oficial fue escasa por la censura, pero su funeral fue multitudinario y se convirtió en gesto de protesta y recuerdo de las mujeres que ella había inspirado.

Julieta Lanteri no llegó a ver la sanción del sufragio femenino en Argentina, que se concretó con la Ley 13.010 del 23 de septiembre de 1947, impulsada por Eva Perón, que estableció el voto universal, secreto y obligatorio para las mujeres. Tampoco presenció las movilizaciones feministas posteriores, pero su legado perdura: su primer voto y su trayectoria dejaron una huella en la lucha por la igualdad y evidenciaron que, en su tiempo, las mujeres eran consideradas ciudadanas de segunda.

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