20 de abril de 2026
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Por qué el cerebro reacciona automáticamente al miedo, según la ciencia

Durante mucho tiempo, la cultura popular ha etiquetado las reacciones humanas ante el peligro como actos de valor o de cobardía: huir se considera cobardía y enfrentar el riesgo, valentía. Sin embargo, investigaciones recientes reproducidas por National Geographic España y realizadas en la Universidad de Tulane muestran que esa división es equivocada.

Las respuestas de huida, inmovilidad o enfrentamiento no son expresiones de voluntad o de moralidad, sino resultados de mecanismos automáticos del cerebro. Las distintas conductas defensivas emergen de la activación de circuitos neuronales específicos y no dependen directamente de una decisión consciente.

Un equipo dirigido por el investigador Jonathan Fadok, del Tulane Brain Institute, analizó cómo el cerebro elige la reacción más adecuada frente al miedo. El estudio, publicado en The Journal of Neuroscience, empleó modelos animales para observar cambios entre inmovilidad, saltos de escape y movimientos rápidos de huida.

Lo destacable del trabajo es que muestra que el miedo no desaparece al borrar un recuerdo traumático; más bien, el cerebro reajusta qué redes neuronales gobiernan la respuesta en cada situación.

Estos hallazgos contradicen la idea de que controlar el miedo depende de la fuerza de voluntad y aportan evidencia de un sistema biológico complejo que regula el conjunto de respuestas defensivas.

Identificación de los circuitos cerebrales que controlan el miedo

El estudio identificó a la amígdala central como un “centro de mando” clave en la decisión sobre la reacción ante una amenaza. Mientras investigaciones anteriores se fijaban en la congelación, este enfoque muestra que el cerebro gestiona el miedo como un continuo de acciones físicas.

En cuestión de milisegundos, esta región evalúa la naturaleza del riesgo y selecciona si el organismo debe huir, quedarse inmóvil o prepararse para un enfrentamiento. Así, ante un estímulo amenazante el cuerpo adapta automáticamente su estrategia defensiva, con escasa posibilidad de control voluntario.

El papel de las neuronas CRF y SOM en la expresión física del miedo

Dentro de la amígdala central se identificaron dos tipos de neuronas con funciones opuestas que actúan como un interruptor: las neuronas CRF, relacionadas con el factor liberador de corticotropina, disparan respuestas defensivas intensas, provocando comportamientos de pánico como saltos desesperados en busca de una salida.

Las neuronas SOM, asociadas a la somatostatina, regulan reacciones defensivas de menor intensidad; su activación se vincula con inmovilidad o movimientos más cautelosos. La interacción y el equilibrio entre ambos grupos determinan cómo se manifiesta físicamente el miedo.

Manipulación experimental y nuevas perspectivas para la clínica

Al manipular estos circuitos, los investigadores observaron cambios previsibles en el comportamiento: inhibir las neuronas CRF redujo los intentos de huida, mientras que potenciar las neuronas SOM favoreció la inmovilidad defensiva.

Como explicó Fadok: “A nivel neuronal, la extinción se parece menos a borrar el miedo y más a darle una nueva forma”. Es decir, el cerebro puede redirigir la conducta mediante la activación selectiva de distintas redes neuronales.

Implicaciones para el estrés postraumático y la salud mental

Estos resultados abren nuevas vías para investigar trastornos psiquiátricos como el estrés postraumático, cuya manifestación varía desde hipervigilancia constante hasta episodios de pánico. Los autores proponen que esa variabilidad puede deberse a alteraciones específicas en los circuitos de la amígdala central descritos en el estudio.

El proyecto contó con el apoyo del National Institutes of Health y del Departamento de Asuntos de Veteranos de EE. UU. Fadok señaló: “El trastorno de estrés postraumático a menudo se describe como un trastorno de miedo persistente, pero esa persistencia puede ser muy distinta de una persona a otra”.

Aunque estos avances no ofrecen una solución farmacológica inmediata, comprender que el cerebro remodela la respuesta al trauma en lugar de eliminarlo abre la puerta a terapias orientadas a promover respuestas defensivas más equilibradas y controladas ante estímulos externos.

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