La Rendición de Cuentas no debe usarse como herramienta de marketing político. Es uno de los actos institucionales más relevantes del Concejo Deliberante, porque en él se evalúa cómo se administraron los recursos públicos a lo largo del año. Por la importancia de ese control, nuestra postura se fundamentó con absoluta convicción.
Las decisiones sobre el tipo de Municipio que queremos, las prioridades del gasto, las obras necesarias y las cargas tributarias se debaten en el marco del Presupuesto. Ese debate fue el que sostuvimos con propuestas concretas.
Lo hicimos durante el tratamiento del Presupuesto 2025 (24 de diciembre), cuando planteamos revisar prioridades, recortar gastos improductivos y aliviar la carga tributaria sobre los vecinos. Pudimos modificar algunos puntos —incluida la reducción de ciertas tasas y la reasignación de recursos—, y otras propuestas no prosperaron por falta de votos. Así funciona la democracia.
Por haber planteado esa discusión con seriedad, en la sesión de ayer evitamos mezclar intencionalmente temas distintos. Era más simple abstenerse o aprovechar críticas reales a la gestión municipal para aparentar rechazo político; sin embargo, ese debate debía abordarse en el contexto del Presupuesto.
No buscamos buena imagen temporal en redes sociales. Nuestra política apunta a construir una alternativa seria, coherente y capacitada para gobernar Tigre, con la intención de cambiar prácticas y no repetir lo mismo con otro signo.
La Rendición de Cuentas debe rechazarse cuando existen irregularidades graves, ilegalidades manifiestas o desvíos incompatibles con una administración legal de fondos públicos. Tras analizar la documentación, los balances y los estados financieros, no detectamos ese tipo de situaciones.
Sí identificamos problemas de planificación, prioritización equivocada, deficiencias administrativas y errores que merecen críticas profundas; muchos de esos problemas se originan en el Presupuesto y la Rendición solo refleja sus efectos.
El Municipio mantiene importantes deudas de gestión con numerosos vecinos: mientras se discuten balances y matices contables, persisten calles en mal estado, barrios históricamente postergados, zanjas sin entubar y vecinos que quedan aislados cada vez que llueve.
También observamos reconfiguraciones presupuestarias que, aunque son legales y están previstas normativamente, no siempre resultan deseables desde el punto de vista institucional.
Todo ello merece cuestionamientos severos, como los que expresamos en la sesión del martes. No obstante, criticar la ineficiencia administrativa no equivale a sostener que la Rendición debe rechazarse por ilegalidades o irregularidades graves.
No vamos a confundir dificultades de gestión con conductas ilícitas por conveniencia política; consideramos que la política necesita menos gestos y más responsabilidad institucional.
Creemos algo simple: los recursos públicos deben traducirse en soluciones concretas para los vecinos, no en discursos circunstanciales.
Los números pueden cerrarse en los informes, pero la gestión aún no se refleja en la vida cotidiana de muchos habitantes de Tigre.
Cambiar eso es nuestro compromiso.

