30 de mayo de 2026
Buenos Aires, 11 C

Revelaciones del caso contra el líder religioso de Once condenado por abusar de dos chicos

Años atrás, David Allami comenzó a publicar en YouTube. Creó el canal “Shiur Torá” (lección de Torá en hebreo) y subió más de 50 videos, en los que ofrecía charlas personales para un reducido número de suscriptores sobre dudas espirituales.

Padre de doce hijos y reconocido dentro de la comunidad del judaísmo ortodoxo porteño, Allami se desempeñó como sofer, escriba de la Torá y otros textos sagrados, una función de alta estima. También fue una de las figuras presentes durante el atentado a la AMIA: acudió a socorrer a los heridos el 18 de julio de 1994 y su imagen entre los escombros fue tomada por un fotógrafo de una agencia internacional.

En agosto de 2024 publicó un video titulado “El amor de Di*s nos persigue”, en el que hablaba con una mujer sobre la teshuvá, el proceso de arrepentimiento en la tradición judía. Allí afirmaba, convencido, que “la persona que hace teshuvá es otra persona, es otra creación”.

En forma paralela, en su vida privada se desarrollaban hechos graves: Allami fue objeto de una acusación dentro de su propia comunidad y estaba a punto de ser denunciado en la Justicia. En diciembre del año siguiente fue allanado y detenido en su casa del barrio de Once.

Actualmente permanece detenido y fue condenado en el penal de Ezeiza. A fines de 2025, el Tribunal N°16 le impuso una pena de 23 años de prisión por delitos que incluyen abuso gravemente ultrajante y corrupción de menores agravada por la guarda. La condena se refiere a hechos ocurridos en 2013 contra dos hermanos, que entonces tenían 12 y 14 años.

Según la sentencia, Allami fotografió desnudo al mayor de los hermanos con un teléfono Blackberry en la casa de su suegra, lo que motivó además la imputación por producción de pornografía infantil. Las víctimas eran también miembros de la comunidad ortodoxa; el padre las consideraba bajo la guía espiritual de Allami.

El mito de la deuda

Los jueces Gustavo González Ferrari y Valeria Rico valoraron como veraces los testimonios de las víctimas, que denunciaron los hechos luego de que uno de ellos recuperara recuerdos en sesiones de terapia. A fines de 2024 ambos hermanos fueron examinados por peritos del Cuerpo Médico Forense (CMF), cuyo informe descartó la fabulación y concluyó que había signos compatibles con abuso sexual.

Los peritos del CMF señalaron que los relatos podían afectar negativamente el desarrollo psicosexual de las víctimas, al ser compatibles con la intromisión de la sexualidad de un adulto en etapas de infancia y adolescencia, y al considerar que el presunto agresor pertenecía a su entorno cercano. Ese cuadro fue tomado en cuenta para la imputación por corrupción de menores.

Las víctimas también recordaron con precisión los lugares donde habrían ocurrido los abusos y confeccionaron croquis que fueron confrontados con fotos forenses de la casa de Allami.

En la denuncia, el hermano mayor afirmó que el estatus de Allami como sofer facilitó la confianza que permitió los abusos. Los hechos habrían comenzado tras una consulta religiosa en el domicilio del acusado, cuando Allami habría dicho que el chico presentaba “síntomas de escoliosis”, se identificó como “kinesiólogo” y ofreció “tratar” a los menores. Según la acusación, eso dio paso a “de diez a quince sesiones” en las que ocurrieron los abusos.

Allami negó ser kinesiólogo y negó las acusaciones: sostuvo que eran “falsas y mentiras” y se declaró inocente. Además, afirmó que el conflicto respondía a una deuda de 50.000 dólares con el padre de las víctimas por un negocio fallido. El mayor de los hermanos relató que Allami le había propuesto al padre una inversión en trigo con supuestos retornos del 20 % y que, por la confianza, no se firmaron papeles; según la versión del padre, el dinero se fue perdiendo.

El fiscal Fernando Fiszer y el juez González Ferrari rechazaron el argumento de la deuda. Durante el allanamiento en la propiedad de Allami se encontró dinero suficiente, lo que descartó que la denuncia tuviera ese motivo como razón de fondo. El juez sostuvo que, aunque existió un negocio fallido y un reclamo de dinero, “independientemente de todo ello, existieron actos de pederastia en perjuicio de los menores”, y que la invocación de la deuda habría sido una coartada ante el descubrimiento de los abusos.

El agravante por la guarda de los menores se basó en el rol de Allami como referente espiritual: el padre “confió a sus hijos en la creencia de que Allami era una persona apta por los conocimientos que dijo tener”, razonó el tribunal.

La madre de los chicos fue testigo clave. Declaró que su marido tenía una conexión espiritual con Allami, que éste le vendía objetos espirituales y que incluso lo acompañó a ver a su hija cuando estuvo internada en terapia intensiva. La mujer se opuso desde el comienzo al supuesto tratamiento de kinesiología, porque su hijo mayor ya acudía a un kinesiólogo real; pese a ello, el padre insistió en las sesiones con Allami.

La sesión de fotos y la acusación final

Las declaraciones de las víctimas describen un patrón de abuso que, según el tribunal, fue progresivo: desde tocamientos hasta penetraciones, incluyendo penetración con dedos y sexo oral, mediante engaños, masajes con aceites y otras prácticas que el acusado habría presentado como tratamientos para eliminar “toxinas”.

El hermano mayor relató que en una ocasión, durante el recreo a las 17:30, Allami lo llevó desde el templo a la casa de su suegra. Allí, según su testimonio, el imputado se aseguró de que no hubiera vecinos presentes y lo condujo a una habitación con un colchón protegido por plástico. Le pidió que se sacara la ropa, le mostró imágenes en su celular de otros chicos desnudos y luego le tomó fotografías argumentando que quería evaluar la evolución de su espalda.

La víctima señaló que el teléfono era un BlackBerry, dispositivo que Allami reconoció haber tenido. En el allanamiento se secuestraron dos teléfonos, aunque el antiguo teléfono de 2013 —que según la acusación contendría fotos de otros menores desnudos— no apareció.

En uno de los aparatos incautados se encontró además un mensaje de Allami a un miembro de la comunidad, un monólogo fechado en julio de 2024 que el juez y el fiscal consideraron comprometedor. En ese audio, Allami admitía debilidades y expresaba la urgencia de salir adelante: “Todos tenemos o tuvimos en algún momento una debilidad. Tenemos que salir adelante, nadie está exento de nada, yo tengo 12 hijos, tengo que casarlos, contenerlos”, dijo, según consta en la causa.

El tribunal concluyó que había indicios suficientes para imputar el abuso con acceso carnal, incluida la figura del sexo oral forzado, incorporación que la reforma del artículo 119 del Código Penal realizó en 2017, cuatro años antes de los hechos denunciados.

La defensa de Allami declinó hacer comentarios para esta nota y señaló que se encuentra en curso una apelación en la instancia de Casación.

Artículo anterior

Fran Riquelme condenado a prisión perpetua en Rosario

Artículo siguiente

Seniors que compran y estudian online impulsan la economía europea

Continuar leyendo

Últimas noticias

Comienza el Mundial en: