5 de junio de 2026
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Baja natalidad en Argentina: cuatro datos que preocupan a especialistas

En 2024 Argentina registró 413.135 nacimientos vivos, según el informe de Estadísticas Vitales del Ministerio de Salud de la Nación, en el marco de una tendencia que no es aislada.

El informe anterior indicó que en 2023 se registraron 460.902 nacidos vivos, cifra que representó una caída del 6,9% respecto de 2022. En una perspectiva de diez años, en 2014 se contabilizaron 777.012 nacimientos y en 2024 la reducción interanual acumulada fue del 6,8%, según el Ministerio de Salud.

La distribución por edad muestra un desplazamiento de la maternidad hacia edades más altas: las mujeres de 25 a 29 años concentraron el 25% de los partos en el último registro, seguidas por las de 30 a 34 años con 23% y las de 20 a 24 años con 22%.

Especialistas y documentos citados por Infobae destacan al menos cuatro aspectos centrales: la postergación de la maternidad, el aumento de riesgos sanitarios asociados al embarazo en edades mayores, la necesidad de reorganizar maternidades y servicios neonatales, y un cambio en el perfil de las consultas de fertilidad, cada vez más orientadas a lograr el primer embarazo.

Esta tendencia se inscribe en un fenómeno regional y global. El doctor Leonardo Mezzabotta, presidente de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Buenos Aires y director de la maternidad del Sanatorio Los Arcos, afirmó a Infobae que la baja de la natalidad “es un fenómeno no solamente local, sino también regional y mundial”.

La edad media materna estimada se sitúa ahora entre los 27 y 29 años. Ese dato refleja una postergación respecto de décadas previas, vinculada a cambios en las prioridades de vida y, en contextos más adversos, a mayores dificultades para el desarrollo familiar.

En 2024 hubo notables diferencias territoriales: Misiones presentó la tasa más alta con 12,3 nacidos vivos por cada mil habitantes, seguida por Chaco con 11,9, Santiago del Estero con 10,8 y Formosa con 10,7, según el Ministerio de Salud.

En el extremo inferior se ubicaron la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Tierra del Fuego, ambas con 6,9 nacidos vivos por cada mil habitantes. Les siguieron Jujuy con 8,0, La Pampa y Río Negro con 8,1 y la provincia de Buenos Aires con 8,4.

Mezzabotta señaló que la disminución de nacimientos atraviesa “todos los sectores sociales y todos los subsectores de salud, tanto el público como el privado y las obras sociales”, y la vinculó con la disponibilidad de herramientas que permiten decidir cuántos hijos tener y en qué momento.

Comentó que, por distintos motivos socioculturales, hoy las personas optan por tener hijos en el momento que ellas determinan.

El médico consideró que esa capacidad de elegir debe valorarse positivamente, aunque reconoció su efecto directo: una menor cantidad de nacimientos.

Consultas y búsqueda del segundo hijo

Mezzabotta indicó que la edad promedio para iniciar la búsqueda del primer hijo se sitúa alrededor de los 34 años. Ese corrimiento aumenta la prevalencia de comorbilidades asociadas al embarazo, como hipertensión y diabetes, sobre todo a partir de los 40 años.

También advirtió que los riesgos de trastornos genéticos se elevan con la edad materna. Aclaró que esa información no pretende desalentar el embarazo, sino orientar sobre las opciones disponibles, que incluyen técnicas de reproducción asistida, ovodonación y la congelación de óvulos para su uso posterior.

Recomendó el asesoramiento preconcepcional con un ginecólogo, médico general o de familia, para informar sobre riesgos, detectar enfermedades infecciosas o metabólicas y la hipertensión, y para indicar la suplementación con ácido fólico antes de la concepción y durante los primeros tres meses de embarazo.

La caída en la cantidad de nacimientos también impacta en la organización de los servicios de salud. En la Ciudad de Buenos Aires se observó el cierre de algunas maternidades, tanto de establecimientos exclusivamente maternales como de unidades maternales en sanatorios privados o que atienden obras sociales.

Mezzabotta atribuyó esta situación a la rentabilidad de la atención del embarazo, el parto y el nacimiento, en particular por la infraestructura neonatal necesaria para atender complicaciones relacionadas con la prematurez y los cuidados intensivos neonatales.

Planteó la necesidad de reorganizar los servicios: una atención integral en 2026 debe incluir no solo prestaciones asistenciales, ecografías, laboratorio y genética, sino también información sobre derechos reproductivos y sobre el parto. Resume este cambio con la idea de que, aunque bajen los nacimientos, aumenta la demanda de consultas.

Definió la maternidad actual como un servicio de obstetricia que combina nacimientos y prácticas vinculadas a la salud reproductiva. Entre las soluciones propuestas mencionó la integración de servicios, la fusión de áreas y la regionalización, para concentrar partos de baja complejidad en determinadas maternidades y derivar los de alta complejidad a centros con mayores recursos.

En términos generales, sostuvo que las maternidades deberían registrar alrededor de 1.000 nacimientos o más para garantizar una adecuada dotación de recursos, servicios de neonatología, formación y experiencia profesional, aunque admitió que esa cifra es orientativa.

La baja de la natalidad es uno de los temas presentes en el programa científico del 43o Congreso Internacional de Obstetricia y Ginecología, en el que participa Mezzabotta junto a otros especialistas.

La fertilidad en Argentina

El cambio en la natalidad también se refleja en los centros de fertilidad: la cantidad de personas que consultan para intentar un segundo embarazo cayó más del 50% en la última década, según la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR) y la asociación civil Concebir.

Estas organizaciones señalan que quienes acceden a tratamientos de fertilidad hoy se enfocan mayormente en lograr el primer embarazo y dejan de planificar familias más numerosas. Entre las razones figuran la caída general de la natalidad, la postergación de la maternidad por motivos personales o profesionales y las restricciones económicas.

Agustín Pasqualini, especialista en medicina reproductiva y presidente de SAMeR, afirmó que hasta hace poco era habitual recibir consultas de personas que pensaban en tener dos o más hijos, mientras que ahora observan a quienes llegan centrados en lograr un único embarazo.

Pasqualini explicó que la mujer nace con una reserva ovárica finita que disminuye en cantidad y calidad con el tiempo. Muchas mujeres se sorprenden al conocer cómo funciona el envejecimiento ovárico, lo que genera frustración y la pregunta frecuente de por qué esa información no se les había brindado antes.

Fabián Lorenzo, especialista en medicina reproductiva y vicepresidente de SAMeR, señaló que la búsqueda del primer embarazo se realiza a edades mayores —aproximadamente 38 años en promedio—, lo que reduce las probabilidades de éxito reproductivo espontáneo.

Cuando el primer embarazo se logra de forma natural, la búsqueda del segundo suele comenzar cerca de los 41 o 42 años, una etapa que aumenta la dificultad y la ansiedad asociada.

Lorenzo remarcó que no solo disminuye la cantidad de óvulos disponibles con la edad, sino que la calidad cae de manera drástica, lo que reduce significativamente las tasas de embarazo.

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