Pasar gran parte del día conectado puede tener efectos negativos. Una revisión publicada en PubMed Central sobre intervenciones para el uso problemático de redes sociales encontró que los programas que enseñan estrategias concretas para un uso más saludable suelen mejorar el bienestar más que las restricciones totales o las advertencias generales.
La American Psychological Association (APA) señala que el impacto de las redes sociales no es igual para todos: depende del contexto, del tipo de contenido y de las características de cada persona. Por ello, las medidas más eficaces combinan límites con acompañamiento y técnicas de autorregulación, en lugar de confiar únicamente en la fuerza de voluntad. Guías clínicas y educativas recomiendan además ajustar la privacidad, revisar permisos y usar funciones como silenciar, restringir o filtrar para reducir la exposición a contenidos o interacciones que generan estrés.
En la práctica, estas recomendaciones se traducen en acciones concretas: disminuir estímulos (menos notificaciones), mejorar la “dieta” de contenido (un feed más curado), reducir la exposición a conflictos (silenciar o restringir) y recuperar el control de la atención (limitar el tiempo ante contenidos virales y fomentar una vida más desconectada fuera de las redes).


