China lanzó este lunes un misil balístico estratégico desde un submarino de propulsión nuclear hacia el océano Pacífico. Pekín calificó la maniobra como un ejercicio de entrenamiento rutinario, pero el hecho generó rechazo en varios países de la región y la “gran preocupación” de Washington por el rápido crecimiento del arsenal nuclear chino.
El Departamento de Estado de Estados Unidos expresó en un comunicado que “el rápido y opaco aumento del arsenal nuclear de Pekín es motivo de gran preocupación para la región y para el mundo” y pidió a China entablar “discusiones sustantivas sobre el control de armas”. La declaración se enmarca en una creciente tensión nuclear global: el tratado de control armamentista Nuevo START entre Washington y Moscú ya expiró, y en octubre de 2025 el presidente Donald Trump anunció que Estados Unidos se preparaba para reanudar pruebas nucleares por primera vez desde 1992.
Según la agencia estatal Xinhua, el misil fue lanzado a las 12:01 hora local (04:01 GMT) y llevaba una ojiva simulada de entrenamiento; el proyectil impactó con precisión en la zona marítima prevista, indicó el despacho reproducido por el Ministerio de Defensa chino. El comunicado oficial no detalló el modelo del misil, la clase del submarino ni la ubicación exacta del impacto.
El portal especializado Defense Mirror señaló que el arma probada es “probablemente” un JL-3, un misil balístico de tercera generación, de combustible sólido y alcance intercontinental superior a 10.000 kilómetros. El South China Morning Post informó que sería la primera prueba conocida de un misil lanzado desde un submarino chino desde 1982 y la primera desde un sumergible de propulsión nuclear.
Lyle Morris, investigador del Centro para el Análisis de China del Asia Society Policy Institute, señaló que se trata del primer ensayo públicamente reconocido con una ojiva simulada desde un submarino de misiles balísticos de propulsión nuclear de la Armada china que llega tan adentro del Pacífico. Morris agregó que el ensayo indica que “el disuasivo nuclear de China ya no se centra únicamente en misiles terrestres” y precisó que Japón, Nueva Zelanda y Australia recibieron notificaciones previas, pero no Estados Unidos.
Drew Thompson, investigador de la Escuela S. Rajaratnam de Estudios Internacionales de la Universidad Tecnológica de Nanyang en Singapur, atribuyó la inquietud regional a la falta de transparencia: “La modernización y construcción militar de China han ocurrido sin incrementos paralelos en apertura y transparencia”, lo que genera incertidumbre sobre las intenciones de Pekín.
Australia calificó la prueba de “desestabilizadora y preocupante”. La canciller australiana Penny Wong dijo en Fiyi que su país “ha sido claro con China en que consideramos esto desestabilizador para la región”, según informó The Associated Press. El lanzamiento se produjo el mismo día en que Australia y Fiyi firmaron un nuevo tratado de defensa mutua diseñado para contrarrestar la influencia china en el Pacífico.
El gobierno de Nueva Zelanda señaló que fue informado horas antes del disparo y advirtió que el misil fue lanzado hacia la Zona Libre de Armas Nucleares del Pacífico Sur, establecida por el Tratado de Rarotonga de 1986. China ratificó los protocolos de ese tratado en 1987, comprometiéndose a no realizar pruebas nucleares dentro de la zona. “Parece que, a pesar de nuestras preocupaciones de larga data sobre este tipo de actividad, China llevó a cabo el ensayo horas después de informarnos”, afirmó el canciller neozelandés Winston Peters.
El Ministerio de Defensa de Japón expresó su inquietud por la creciente actividad militar china y pidió a Pekín “reconsiderar” sus pruebas de misiles para evitar que proyectiles sobrevuelen territorio japonés. El secretario jefe del Gabinete, Minoru Kihara, calificó las actividades como “una grave preocupación para Japón y la comunidad internacional”, en referencia también a maniobras de buques chinos cerca de la isla de Yonaguni, a poco más de 150 kilómetros de Taipéi.
La Presidencia de Taiwán condenó el lanzamiento, calificándolo de intento de “intimidar a la comunidad internacional”. La portavoz presidencial Karen Kuo acusó a China de realizar maniobras militares continuadas, “acoso de zona gris” y “coerción marítima” contra países vecinos. El director de la Oficina de Seguridad Nacional de Taiwán, Tsai Ming-yen, advirtió sobre una “tendencia al alza” en los despliegues navales chinos y señaló que entre julio y septiembre se concentra la temporada de mayor intensidad de ejercicios militares del Ejército Popular de Liberación (EPL).
Taiwán identificó cuatro agrupaciones navales del EPL activas en el Pacífico occidental: una en el Pacífico Sur, dos al sur de la isla japonesa de Amami Oshima y otra al noreste de Filipinas. En su último informe al Congreso, publicado a finales de 2025, el Pentágono estimó que China contaba con alrededor de 600 ojivas nucleares en 2024 y que el EPL mantiene un ritmo que podría llevarlo a superar las 1.000 ojivas en 2030.
El ensayo balístico coincidió con el inicio de ejercicios navales conjuntos entre China y Rusia en aguas próximas a la ciudad china de Qingdao, que se extenderán por el mar Amarillo y el Pacífico hasta el 13 de julio. El Ministerio de Defensa ruso confirmó la llegada al puerto del crucero de la Guardia Variag, la corbeta Rezkiy, el submarino Ufa y el buque de rescate Igor Belousov. Entre las unidades chinas participantes figuran los destructores Anshan y Kaifeng, la fragata Wuhu y un submarino diésel-eléctrico de la clase Yuan.
Las maniobras incluirán operaciones de reconocimiento conjunto, defensa aérea y antimisiles, guerra antisubmarina y prácticas con uso real de armamento. La cooperación militar entre Pekín y Moscú se ha intensificado desde que los presidentes Xi Jinping y Vladímir Putin proclamaron en febrero de 2022 una relación bilateral “sin límites”, pocos días antes del inicio de la invasión rusa de Ucrania.

