Con la entrada en vigor del acuerdo, la miel se presenta como un producto de fuerte dinamismo exportador, cuyas ventas externas se concentran casi en su totalidad en la miel natural, que representa aproximadamente el 98% de las exportaciones del sector.
La Unión Europea absorbe el 28% de los envíos argentinos y, con el acuerdo, se introduce una mejora arancelaria importante: la miel natural pasaría de tributar un arancel base de 17,3% a ingresar con arancel cero dentro de un cupo de 45.000 toneladas destinado al Mercosur.
En mayo, el sector ya completó el cupo vigente. Mientras el Mercosur siga negociando cómo distribuir esa cuota entre los países miembros, el acceso continuará administrándose según el criterio FIFO (“primero en entrar, primero en salir”).
En este marco, y considerando que Argentina exportó unas 90.000 toneladas de miel en 2025, obtener una participación significativa dentro del cupo podría convertirse en una oportunidad concreta para el país.
El complejo foresto-industrial presenta una situación distinta: hoy tiene una presencia limitada en el mercado europeo, aunque con potencial de crecimiento relevante.
Si bien sus principales productos de exportación, como la pasta química de madera y la madera aserrada de pino, ya ingresaban sin arancel, el acuerdo extiende beneficios a otros bienes —como la madera contrachapada, los tableros de fibra, el papel y el cartón— que actualmente pagan aranceles y se incorporarán a un esquema de desgravación gradual.
La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) subrayó que el desafío no parece limitarse a la reducción arancelaria, sino a la capacidad del sector para diversificar su oferta exportable y consolidar una presencia efectiva en el mercado europeo.
El complejo vitivinícola combina ventajas y desafíos competitivos. Entre los aspectos favorables, el acuerdo mejora el acceso de los vinos argentinos a la UE mediante la reducción y eliminación progresiva de aranceles, facilita el reconocimiento de prácticas enológicas y normas de etiquetado, y fortalece la protección de las indicaciones geográficas argentinas, un activo clave para las regiones productoras.
No obstante, el acuerdo también permite el ingreso gradual de vinos europeos al mercado del Mercosur, lo que podría presionar los márgenes de la industria local en su mercado de exportación más relevante. Esto es relevante considerando que la presencia comercial de vinos europeos en el Mercosur ya viene creciendo.
El sector lácteo, por su parte, enfrenta una apertura más defensiva, con oportunidades más acotadas. Productos como la leche en polvo y distintos tipos de quesos obtienen acceso preferencial al mercado europeo, pero ese beneficio está sujeto a cupos arancelarios administrados a nivel regional, lo que limita su alcance en relación con el potencial exportador argentino.
A esto se suma una doble presión: por un lado, la alta competitividad de los lácteos europeos, que ingresarán con reducciones arancelarias graduales en segmentos donde la UE es líder; por otro, la protección de las indicaciones geográficas europeas, que podría exigir adaptaciones comerciales para ciertos productos y denominaciones.
El acuerdo contempla, sin embargo, excepciones y condiciones específicas para usuarios preexistentes en algunos casos, como ocurre con denominaciones vinculadas al Parmigiano Reggiano o al Gruyère.
En conjunto, estos ejemplos reflejan la lógica diferenciada del acuerdo para las economías regionales argentinas. Su aprovechamiento efectivo dependerá de las condiciones particulares de cada complejo y de su capacidad para adaptarse a las exigencias del nuevo escenario comercial, concluyó la BCR.

