16 de julio de 2026
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Futbolistas del Sur que combatieron en Malvinas

Cada enfrentamiento entre Argentina e Inglaterra en una cancha trasciende lo deportivo, ya que remite inevitablemente a la Guerra de Malvinas de 1982 y a una herida que sigue presente en la memoria colectiva argentina.

La semifinal del Mundial vuelve a poner frente a frente a ambas selecciones y trae a la superficie recuerdos que exceden los 90 minutos. En el sur del conurbano bonaerense también existen relatos que vinculan el fútbol con aquel conflicto: futbolistas que tuvieron que interrumpir sus carreras para ir a combatir en las islas.

El fútbol como un campo de batalla simbólica

Más de 12.000 jóvenes argentinos, en su mayoría entre los 18 y 20 años, fueron enviados al conflicto. Entre ellos había jugadores que soñaban con triunfar en el fútbol y que, de un día para otro, dejaron los entrenamientos para ponerse el uniforme militar.

Uno de esos casos fue Luis Escobedo, integrante del plantel de Los Andes, a quien le ordenaron reincorporarse al Ejército. Aunque había terminado el servicio militar obligatorio a comienzos de 1982, días antes del desembarco del 2 de abril recibió la notificación que lo trasladaría a las Islas Malvinas.

También estuvo Sergio Pantano, entonces en las inferiores de Talleres de Remedios de Escalada. Durante el servicio militar fue primero destinado a Tierra del Fuego y luego al teatro del conflicto. En el documental Clase 62 recordó el desconcierto de esos días: le dieron ropa de invierno cuando aún hacía calor y fue tomando conciencia de que su destino sería el extremo sur antes de llegar a las islas.

Ambos combatieron durante los 74 días que duró la guerra y lograron sobrevivir para volver a sus clubes y reconstruir sus carreras deportivas.

El regreso a las canchas tras la guerra de Malvinas

Tras el conflicto, Escobedo retornó a Los Andes y fue una pieza clave del equipo que en 1983 estuvo cerca de ascender a Primera División. Más adelante tuvo una extensa trayectoria en clubes como Belgrano, Colón, Vélez, Temperley, Dock Sud y el Santiago Wanderers de Chile.

Pantano, por su parte, fue protagonista del ascenso de Talleres de Remedios de Escalada a la Primera B en 1983: anotó uno de los goles decisivos en la final del Reducido frente a Excursionistas y luego siguió su carrera en varios equipos del Ascenso, entre ellos El Porvenir, Berazategui y San Telmo.

Mucho más que un partido

La rivalidad entre Argentina e Inglaterra quedó marcada aún más por el Mundial de México 1986, cuando Diego Maradona anotó la recordada “Mano de Dios” y el llamado “Gol del Siglo”. El capitán argentino reconoció años después que aquel encuentro tuvo un significado particular por la cercanía temporal con la Guerra de Malvinas.

En la antesala del nuevo enfrentamiento mundialista, distintas organizaciones de veteranos de guerra pidieron separar el deporte del conflicto. En un comunicado destacaron que el partido “debe entenderse como un evento deportivo y no como una revancha histórica”, y recordaron que la defensa de la soberanía sobre las Islas Malvinas se mantiene por la vía diplomática y a través del trabajo constante de la memoria.

En ese marco, las historias de Luis Escobedo y Sergio Pantano adquieren un significado especial: son nombres que recuerdan que, antes de volver a calzarse los botines, fueron jóvenes que interrumpieron sus sueños para atender el llamado de la patria y que hoy forman parte de la memoria deportiva e histórica del sur del conurbano.

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